23 | MAR | 2019
Claire debe mostrar si es tan cruel como su marido. FOTO: NETFLIX

El poder tiene rostro de mujer

29/10/2018
00:00
Mario P. Székely
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Sin Kevin Spacey, House of cards estrena su última temporada, en la que el personaje de Robin Wright llega a la Casa Blanca y enfrenta el lado oscuro de la política

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Los Ángeles.— Sale Francis (Kevin Spacey), bienvenida Claire Underwood (Robin Wright). Ha pasado año y medio desde que la temporada cinco de House of cards tuvo a la primer presidenta mujer de Estados Unidos diciendo a la cámara: “¡Es mi turno!” y 12 meses desde que la cadena Netflix anunciara que el actor Kevin Spacey no regresaría a participar en la última temporada de la serie, debido a las denuncias de acoso sexual publicadas en distintos medios de comunicación.

“La historia que queríamos contar siempre fue esa. El argumento de la temporada seis siempre fue el que seguiríamos a Claire en la Casa Blanca y sus vicisitudes como presidenta”, declara Wright a EL UNIVERSAL, quien desde el estreno de House of cards’ en 2013, su personaje fue aliado y mancuerna con su marido despiadado Francis, emblema de la corrupción en la política y que escalara a un nivel icónico de sinónimo de manipulador, dentro de una serie que le dio a Kevin premios Emmy y Globos de Oro para él y Robin.

Y aunque los vientos huracanados de reportes de comportamiento inapropiado han azotado a Washington desde finales de 2017, es el tema del empoderamiento femenino el que pernea las narrativas en televisión y cine, siendo Robin Wright partícipe de la revolucionaria Wonder woman (2017) —como la tía guerrera de Diana (Gal Gadot)— y ahora enfundada en traje sastre azul, que nos remite en parte a la ofensiva demócrata para las elecciones de esta semana en Estados Unidos y, por otro lado, al legado de Hillary Clinton, House of cards se vuelve a tornar relevante.

Wright nos presenta una Celine que, desde el minuto uno nos advierte que “todo lo que nos dijo” Francis fue una mentira y que ella está dispuesta actuar bien a manera de contrarrestar las acciones negativas de su esposo difunto. No obstante, la serie apunta más hacia ese rincón oscuro en la alcoba de la Casa Blanca, donde el personaje de Kevin Spacey dejó una tormenta de acciones y en donde la nueva presidenta debe decidir entre romper con su manera de accionar o tener más compasión, sabiendo que hasta el vicepresidente (Campbell Scott) duda de ella.

“No queríamos que el punto final se diera con la salida de Kevin (Spacey) de la serie. Teníamos un compromiso con el público de terminar de contar esta historia llamada House of cards y también nos sentíamos muy comprometidos con la comunidad de Harford County, Maryland, donde se iban a perder cientos de trabajos de un día al otro”, enfatiza Wright, con una sonrisa plácida que usualmente no comparte Claire.

El final de Francis. A diferencia de los 13 episodios, la sexta entrega, que llega este viernes 2 de noviembre a Netflix, consiste en ocho que inician al cumplirse los 100 primeros días de la presidencia de Claire Underwood.

A través de ella, nos enteramos de inmediato que Francis murió en su habitación, cuando la visitaba de su destierro de la Casa Blanca. Un episodio después, las sospechas de que fue un asesinato rondarán el hogar que fue una vez de Lincoln y John F. Kennedy.

“Ahora Claire se ve en fuego cruzado entre la política de Washington y la presencia de un par de hermanos que tienen el poder de dinero y de influencias para cuestionar su presidencia. La serie aborda el lado oscuro de las familias adineradas y cómo pueden influir en decisiones importantes que trascienden en el país”, confiesa Diane Lane, nominada al Oscar por Infidelidad (2002), y quien en la serie es Annete Shepard, amiga y rival de Claire desde sus tiempos de escuela, donde compartían el gusto por la danza.

Un poco de Shakespeare. Caminando una cuerda floja para bailar sobre ella al son del capitalismo menos sensible, Annette y su hermano Bill Shepard (Greg Kinnear) serán más que la piedra en el zapato de Claire, dos personajes que intentan, desde su ostentoso hogar en el estado de Virginia, mover las cuerdas de la presidenta, empujándola a firmar tratados y a nominar nuevos miembros a la Cámara del Congreso.

“Esta serie sigue evocando a Shakespeare, al punto donde se cuestiona si Claire es Macbeth o Lady Macbeth (apelando a la obra del inglés que habla sobre la corrupción de un rey y su esposa), pero a la vez sabemos que ella después será señalada por los hermanos Shepard como incompetente y deberá reaccionar al respeto muy a su estilo”, declara Kinnear, cuyo personaje se aleja mucho a los sonrientes ciudadanos y galanes de Sabrina (1995) y Mejor… imposible (1997) y Pequeña Miss Sunshine (2006).

Para los productores Joshua Donen y Dana Brunetti, la idea de colocar en la misma escena a Wright y Lane, vino al momento de querer desplegar fuerzas similares en pantalla, en este caso proveniente de dos mujeres con convicciones y sus ganas de no ser desplazadas, mucho menos borradas del mapa.

“La presencia del personaje de Francis se sigue sintiendo en esta temporada final. Cuando alguien tan influyente como él desaparece, se vuelve una figura con peso para que los demás reaccionen y definan si le temían, lo alababan o incluso querían”, cuenta Brunetti, con la convicción de un ejecutivo en Hollywood que cada día más abraza a las mujeres como motor de sus historias.

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