
Para Kim Ki-duk, el laureado director de Piedad y Samaritan girl, ganadoras en los festivales de Venecia y Berlín, golpear a su elenco era parte del aprendizaje que éste debía soportar.
En 2018, el sudcoreano que falleció el viernes por Covid-19, fue mediático al darse a conocer agresiones físicas y sexuales, que escandalizaron a su país y cuyas repercusiones llegaron al certamen de la capital alemana, donde presentaría su nuevo filme.
Fue multado con 4 mil 600 dólares (92 mil pesos) tras reconocer bofetones a una actriz, argumentando que eran proceso de aprendizaje, pero se desestimaron las acusaciones de abuso sexual interpuesta por otra chica.
Las acusaciones contra Kim Ki-Duk lo rodearon los últimos años de su vida. En su momento, las negó.
En términos artísticos el cineasta de 59 años, fallecido en Letonia, fue considerado un enfant terrible del cine coreano.
Dejó en el tintero el rodaje de una cinta que fue rechazada, para la que esperaba en 2021 conseguir recursos.
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