Discurso íntegro de Edith González en desayuno de 103 Mujeres Líderes de EL UNIVERSAL
18 | ENE | 2020
La actriz Edith González falleció este miércoles tras luchar contra el cáncer Foto: Archivo/EL UNIVERSAL

Discurso íntegro de Edith González en desayuno de 103 Mujeres Líderes de EL UNIVERSAL

13/06/2019
16:08
Redacción
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La actriz de 54 años falleció este miércoles tras perder la lucha contra el cáncer

Buenos días a todas. Me siento muy honrada al recibir la invitación a conmemorar con todas ustedes una fecha que merece toda nuestra atención: El Día Internacional de la Mujer. Hoy quiero compartir con ustedes lo que yo siempre he pensado y vivido de la tarea informativa.

Nunca, como ahora, el valor del periodismo es relevante para nuestro país. El trabajo de los reportajes de investigación, la formación de opinión y la tarea editorial, así como la información de los hechos de nuestro tiempo, son los elementos que amplían nuestro conocimientos, definen nuestras condiciones y posibilidades.

Lo que hoy es noticia, mañana será historia. Y es por ello que es muy importante que la fuente de referencia tenga un compromiso inquebrantable con la verdad; y para que la mujer tenga el lugar que le corresponde en la historia debemos partir de darle su lugar en el periodismo.

Quiero felicitar a todos y cada uno de los hombres y mujeres que diariamente llevan a cabo la tarea de llevar a los hogares y oficinas de nuestro país el contenido de este prestigioso diario.

Gracias, Juan Francisco. En estos días donde se debaten las supuestas características de la posverdad cuando la verdad es absoluta, no se modifica al antojo. No podemos creer que exista un concepto de posverdad como redefinición de la realidad a conveniencia, pues tendríamos que partir de la creencia que hay una preverdad que tiene que ser verificada.

Para mí, la verdad es única, indisoluble, e incorruptible, por ello el valor de la verdad es el referente fundamental de la libertad. Hablar de periodismo es hablar de libertad. Es la libertad de expresión la fuente originaria de todas las libertades. Para mí, la libertad de expresión es la libertad de compartir ideas, y construir ideales, porque hoy más que nunca, México, debe estar abierto a las ideas y a nuestro futuro; y nuestro futuro debe de estar comprometido con los ideales.

Y ser poseedor de la libertad significa ser responsable de su uso; y en este criterio de libertad, con mayúsculas, cito a Thomas Jefferson, que dijo que si la prensa no es libre, nada ni nadie lo será.

El periodismo es mensajero, emisario, mercurio, juglar, correo de hechos, testimonio de nuestro tiempo pero también es la voz siempre insatisfecha de la crítica, de la reflexión y de la muestra de las alternativas que tenemos como personas y, como sociedad, y como sociedad civil.

Así, desde la imprenta manual, al linotipo, los formatos en línea Ágata, el estruendo rítmico de las rotativas con olor a tinta fresca, hasta el diseño silenciosos del formato digital; la misión es la misma, y la vocación es permanente.

Una revolución que nos hace más cercanos a la información y más conscientes de su importancia. Desde los primeros años de este, nuestro nuevo mundo, en México se instaló la nueva imprenta, herencia de Gutenberg.

En nuestra tierra la prensa tiene una paternidad en la mente de un intelectual luminoso. En 1693, retando los valores religiosos dominantes, Carlos de Sigüenza y Góngora publicó El Mercurio Volante con información de carácter histórico y científico.

En 1722, la mujer inicia su partición en la vida periodística de México. Lamentablemente, bajo seudónimos, fue posible que las plumas femeninas desde sus casas llegaran a las páginas de la gaceta de México.

En 1800 la pos de la independencia se proliferó en las páginas de El Despertador Americano fundado por Don Migue Hidalgo, seguido por la publicación de mensajes cifrados en El Ilustrador Americano, escritos por la primera mujer que se comprometió políticamente en la prensa por la independencia.

Una señora llamada Leona Vicario que tenía un lema de vida: "Me llamo Leona y quiero vivir como una fiera".

En ese peregrinar histórico, al inicio de siglo XX, se conforma la visión de El Imparcial con la edición crítica del Ahuizote de Vicente Rivapalacio y Regeneración de los hermanos Flores Magón, que le abrieron las puertas a la revolución.

Desde entonces hasta la fecha la tradición periodística de México es la más antigua del continente. Ni Obama, en tiempos de Obama, se tiene una historia como la mexicana.

Hoy vivimos el gran reto de la transición del papel a la pantalla. Celebremos esta revolución tecnológica que impulsa la evolución de la civilización que abre grandes horizontes y que reta a la inteligencia para superarnos en todos los órdenes de la sociedad así como en las ciencias y en las artes.

Ahora quiero compartir con ustedes unas ideas: soy mujer, nací mujer y volvería a nacer mujer; y cada mañana me enorgullece verme al espejo y renacer mujer. Por ello mi convicción es por la igualdad, por la equidad conquistada, no otorgada.

Una equidad lograda por capacidad. Se dice que para destruir a un pueblo basta con corromper a sus mujeres y yo sostengo que la convicción que para que nuestro pueblo progrese basta con los estereotipos que la condicionan y se gane el respeto, la equidad y las defienda siempre.

Ese es nuestro compromiso, con nosotras y con nuestro futuro, y eso es lo que voy a comentar ya que me encarreré en el tema. Quiero proponer estas ideas, partamos desde resdiseñar el papel de la mujer en el texto periodístico y noticiosos. Quiero proponer una fuga de la mujer las invito a que nos escapemos de las páginas de sociales, de modas, de dietas de consumo doméstico.

Para ser presencia trascendente en todos los espacios de la prensa escrita y electrónica. Propongo que tengamos un espacio regular de temas propios, que son intelectual, y culturalmente y científicamente validos.

Y más importante, que nos podamos escabullir de las páginas de contenido femenino para estar presentes y activas en todos los espacios con contenidos diversos que nos permitan rescatar los grandes valores y nobleza que aun prevalece en nosotros, los mexicanos.

Liberémonos de ser protagonistas de la página roja donde, lamentablemente, prevalecen, se ha comentado ya, los feminicidios. En cifras del Inegi, acumulan feminicidios que superan las 31 mil mujeres, entre ellas crece la proporción de menores de edad.

Una de nosotras cada 4 horas, 10 mujeres al día en las últimas cifras. Ya basta. Ni una más. Ni una más. Si aun quedara espacio para la indignación, las cifras registradas de mujeres sufren maltrato, agresión doméstica, trata, acoso sexual; representan nuestra grave realidad

También, han aumentado los abusos sexuales en menores de edad. Que es un delito reprobable, indignante y carente de una injusticia contundente. Son muestras de la profunda degradación de la autoestima, no sólo de las mujeres, de nuestra sociedad.

Por ello, es urgente rescatar, difundir y promover los valores éticos y para formar reiteradamente una moral ciudadana digna. Busquemos tener en todas nuestras expresiones de familia, de empleo, y grupo sociales una construcción diario de valores y respeto a la vida, a la dignidad, a la integridad física, espiritual y la protección de quienes hoy somos, vulnerables a tantas formas de impunidad.

Si queremos un país distinto, busquemos cambiar el espejo de la prensa que nos retrata diariamente, seamos noticia del progreso y no del delito. Propongamos una mayor participación por capacidad y no por cuota.

En los niveles de alta decisión corporativa y de consejos de administración, como bien dijo Juan Francisco. En los diversos puestos del escalafón público y privado, en las diferencias salariales por género y por capacidad profesional o intelectual. Y a pesar de los grandes avances, el papel de la mujer, en el papel impreso, sigue siendo limitado.

El principal contenido noticioso refleja hechos masculinos; los formatos, textos y enfoques reflejan criterios, mayoritariamente masculinos. A pesar del gran crecimiento de la participación de la mujer en los centros de información periodísticos y noticiosos, aun somos minorías.

Los techos de cristal siguen ahí, y quizá porque la necesidad de la mujer, que trabajamos con incertidumbre laboral, nos hace sentir que caminamos, también, en pisos de cristal.

Cuando la mujer es protagonista de una nota se señala que es mujer y peor aun, se nos da esta frase condescendiente: "a pesar de ser mujer", si que es que somos triunfadoras ¿no?

Yo no sé a quién le pese tanto que la mujer sea exitosa, pero les tengo noticias: lo vamos a seguir siendo. En suma para lograr que nos podamos escapar de las páginas de siempre quizá necesitamos un ombudsman o quizá una ombudswoman que vigilen que los formatos y contenidos, por una parte, no desmerezcan el papel de la mujer y por la otra, promueva la equidad de oportunidades.

Escribamos y leamos noticias editoriales, reportajes e investigaciones que se lean con los ojos de la razón y del corazón.

Pero que lleguen hasta el fondo del alma. Sólo así vamos a rescatar los valores permanentes que son rehenes de las necesidades temporales.

En nuestro modelos productivo-industrial y de consumo es evidente a una proclividad a tener, pero hoy más que nuca yo sostengo que la verdadera razón de la vida es ser, ser.

Muchas Gracias. Y quiero, no me aguanto, Querida Claudia Sheinbaum, yo quiero pedir por tu conducto que muchas mujeres podemos acceder al señor presidente de la República para poder exponer temas sobre las condiciones que estamos enfrentando sobre el cáncer y que no se nos están prestando oídos. Eso es todo.

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