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Crisanta Gómez cumplió un año de estar encerrada en un probador, enfundada en un estrambótico vestido amarillo con aplicaciones rosas y hablando de lo terribles que son las bodas, ser dama de honor y enamorarse, pero sobre todo de probarse así misma que es una actriz todo terreno.

“Salí de Mentiras porque tuve una decepción en una audición, y dije: ‘no puede ser que para lo único que sea buena es para hacer esta obra; que la adoro, esa obra para mí es muy importante porque me ha puesto en un punto sobresaliente en el teatro pero necesitaba probarme”.

Durante sus 15 años de carrera, Crisanta ha formado parte de grandes montajes como Wicked, El beso de la mujer araña, El violinista en el tejado, por mencionar algunos, por eso cuando Saúl Campos le puso en sus manos el monólogo La avestruz, ella define ese momento como un salto al abismo, porque la comedia y el cabaret eran géneros que jamás había abordado, pero aceptó.

“Tuve la suerte de que César Enríquez me dirigiera y por eso también decidí tomar el proyecto, porque me sentí cobijada por este gran hombre que tiene toda la vida en la comedia y el cabaret; pero siento que si no te avientas así ‘como el Borras’ las cosas no tienen ese sabor increíble”.

Fue así que decidió darle vida a Regina, una mujer que no cree en muchas cosas, entre ellas en el matrimonio, pero aún así por amor a su amiga decide ser su dama de honor, situación que sirve para que este personaje exorcice sus demonios de una manera divertida y de paso Crisanta los suyos sobre el escenario de El Vicio.

“Fue descubrir que tengo una parte chistosa, que yo pensé que no tenía, y que funcionó para este género, pero también en aceptarme más. Con Regina coincido en muchas cosas, por ejemplo el amor en este momento no es para mí; fue encontrarme con esta persona que soy yo y descubrir en cada función algo nuevo en mí”.

Perder el miedo al ridículo y a mostrar los defectos de su cuerpo, también fue uno de los retos que le puso enfrente este montaje.

“Aprendí a perder el estilo y a pasarla bien teniendo una razón, dejar a un lado esta idea de ser perfecta, flaquísima sin una lonja o defecto, para decir: ‘los tengo y eso está bien, hay que ser feliz con eso’”.

Estar en un montaje pequeño que le permite estar cerca del público, es un respiro que ella agradeció después de estar en producciones enormes, así que no le fue complicado estar en un escenario pequeño.

“Fue como un proceso de aceptarme y de entender que tengo muchos elementos para dar y de buscar una luz como actriz”.

En junio y julio ella se integra al musical Jesucristo Superestrella, con María José, Beto Cuevas y Kalimba.

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