La película que cambió sus vidas

Mañana se estrena "Cuernavaca", ópera prima de Alejandro Andrade, con Moisés Arizmendi y Carmen Maura

La película que cambió sus vidas
Andrade (camisa gris) se inspiró en lugares de su infancia para el filme. (EFE)
Espectáculos 06/09/2018 00:02 César Huerta Ortiz Actualizada 00:02

[email protected]

El primer elemento que tuvo Alejandro Andrade cuando pensó en hacer su ópera prima fue ubicarlo en Cuernavaca, Morelos, donde estaba la casa de su abuela y recordaba las hormigas del lugar.

Sabía que no sería sobre su vida porque tuvo una infancia aburrida, pero que debía tener un personaje central, en este caso un niño, que arrancaba siendo de una manera y terminaba convertido en algo completamente distinto.

Así nació Cuernavaca, filme que estrena mañana y sigue a Andy, un chico al que le cambia la vida cuando su madre sufre un accidente.

Mientras su mamá se debate entre la vida y la muerte, se enfrentará al rechazo de su abuela, al mundo seductor y peligroso del hijo del jardinero y a la búsqueda de su padre.

“Nadie le hace caso bien, en realidad es una historia muy triste y difícil de llevar... como muy personal”, reflexiona Emilio Puentes, sobre quien recayó el guión del filme.

“No me gustaría hacer cine completamente escapista, de voltear la cara a la realidad, creo que es una responsabilidad tener el dinero para hacer el filme y lograr la atención de la gente y hablar de cosas importantes”, reflexionó el director Andrade.

“La inseguridad es algo que vivimos todos los días, pero me interesaba hacerla de una manera sutil, los personajes la viven, similar a lo que nos pasa a todos: a veces pasamos por donde está un muerto, nos enteramos de la violencia y tratamos de protegernos y aislarnos”, dijo.

A Puente se sumaron Moisés Arizmendi, como el padre irresponsable, la española Carmen Maura (chica Almodóvar en Mujeres al borde de un ataque de nervios), como la abuela y Dulce Domínguez, no actriz, con síndrome de Down.

A esta última la encontraron cuando salía de un centro comercial.

“Una tía era así y recuerdo la relación con su madre que no la dejaba crecer y la vestía como muñeca; me había tocado hacer documentales de gente con discapacidad y era difícil trabajar con ellos, pero con síndrome de Down tienen buena memoria y una parte social importante para trabajar con ellos”, detalló.

“No se quejó de nada y superó sus propios miedos porque le tenía temor a los gatos y siempre estuvo rodeada de ellos”, recordó Andrade.

Comentarios