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Una de las particularidades del cine es que en la mayoría de las ocasiones resulta ser un fiel testigo de la época por la que atraviesa la sociedad en el momento en el que se filma una película, e incluso en otras tantas, la propia época es la protagonista.

Tal es el caso de Fiebre de sábado por la noche, cinta que este sábado cumple 40 años de haberse estrenado y que tuvo como eje central el movimiento disco que dominó las calles, las estaciones de radio, la televisión, el cine y también la moda de aquellos años.

Sin esta cinta, la carrera de John Travolta —su protagonista— no hubiera despegado de la forma en que lo hizo o la popularidad de artistas como los Bee Gees, Barry White o Gloria Gaynor hubiera perdurado hasta hoy.

Travolta, quien apenas tenía 23 años cuando filmó esta película dirigida por John Badham, apenas iniciaba su carrera, este era su cuarto trabajo, el más importante tras aparecer un año antes en Carrie, de Brian de Palma.

El éxito de este filme hizo que la música disco alcanzara sus mejores años y perdurara hasta mediados de los 80 e incluso, tuvo una secuela seis años después titulada Staying alive en 1983, aunque esta no contó con el mismo reconocimiento, un parámetro de lo que en los próximos años le esperaba a la música disco: su declive.

Para John Badham, el éxito de la película musical no sólo tuvo que ver con la música y el movimiento que presentaba, era, en sus palabras, porque “habla de una historia real, con personajes verdaderos y comunes en un contexto social con el que todos en ese momento se identificaban”.

El guión de Fiebre del sábado por la noche se basó en un artículo que Nik Cohn había publicado unos años antes y que llevaba por título “Ritos tribales”, en el que se hablaba sobre el culto hacia la música disco y el cómo esta era una forma de escape para los jóvenes estadounidenses de esa época que en las calles estaban viviendo el final de la guerra de Vietman y sus estragos.

Aunque la cinta pareciera ser un sencillo musical, el trasfondo de la historia es crudo y sombrío, al tocar temas como el abuso del alcohol, drogas y sexo, así como la desintegración familiar, temáticas fuertes para la época que vivía bajo el American way of life.

En Tony Manero (Travolta) podemos apreciar un vacío espiritual, el cual sólo puede llenarse con la música y el baile. Lo único que necesita es una pista de baile y luces de neón para dejar salir sus mejores pasos y mostrarnos por qué es el rey de la pista.

Por esta cinta, Travolta recibió su primera nominación al premio Oscar en la categoría de Mejor actor y aunque no lo ganó, hizo que su carrera inmediatamente despuntara y más tarde pudiera trabajar en otros éxitos como Vaselina o Pulp Fiction.

En octubre de 2006, la revista Vanity Fair nombró al soundtrack de la cinta como uno de las 50 mejores de todos los tiempos.

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