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Romero Deschamps le ganó la partida a Pemex

Samuel García

La efectividad de las reformas que emprendió el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se vio mermada por los intereses políticos del grupo que representa o por su propia incapacidad política para operarlas.

No hay que voltear a mirar a otro lado.

Es cierto que la reforma energética –la mayor de todas las reformas emprendidas por el Presidente, a pesar de que ahora se ensalce a la reforma educativa- ha dado escasos resultados en parte por el desplome en los precios petroleros. Pero no solo por eso.

También se trató de decisión política en el caso de Pemex, el objeto de la reforma energética. Ante los ojos de los inversionistas y analistas económicos y políticos quedó claro que Carlos Romero Deschamps y los líderes del sindicato petrolero finalmente se impusieron al gobierno de Peña Nieto en la mesa de negociaciones sobre los pasivos laborales, el régimen de pensiones y el contrato colectivo de trabajo.

Un asunto toral, no solo para el futuro financiero de la petrolera en un mercado altamente competido; sino también para la percepción sobre las intenciones del gobierno en su gestión de Pemex en esta nueva etapa.

El asunto del régimen de pensiones y de los pasivos laborales es crucial.

Le doy un dato: En menos de una década, la mitad de los trabajadores actuales en activo se habrán jubilado en Pemex. Es decir, alrededor de 61 mil trabajadores se unirán a los casi 100 mil jubilados que tiene actualmente la empresa petrolera estatal y a los más de 20 mil beneficiarios que también reciben una pensión.

Así que, descontando los fallecimientos calculados en ese periodo, hacia 2024-25 Pemex tendrá que pagar pensiones a unos 180 mil trabajadores, entre jubilados y beneficiarios, según los términos del actual contrato colectivo de trabajo.

Déjeme se lo pongo de esta forma para fines ilustrativos: Lo anterior significa una erogación anual de por lo menos unos 40 mil millones de pesos con cifras de 2015 tan solo en salarios, y sin contabilizar los beneficios que reciben los trabajadores inactivos en servicios médicos, canasta básica, gas y gasolinas; que son significativos.

En suma, tan solo en el rubro de pensiones y jubilaciones –sin tomar en cuenta a los más de 121 mil trabajadores en activo reportados a finales de 2015- tenemos a una empresa petrolera del Estado con fuertes problemas financieros en materia de sus obligaciones laborales.

Ya la Auditoría Superior de la Federación calculó que la suma de todas las obligaciones laborales presentes y futuras de Pemex (llamados ‘pasivos laborales’) ascendían a 1.5 billones de pesos a finales de 2014. Ahora, después de las negociaciones entre la empresa y el sindicato para modificar el régimen de pensiones, el pasivo laboral asciende a 1.3 billones de pesos según los reportes financieros de Pemex a junio de este año.

Es decir que la “ganancia” de la larguísima negociación con el sindicato petrolero que encabeza Romero Deschamps, fue pasar de 1.5 a 1.3 billones de pesos en los pasivos laborales. Un fracaso, para cualquier negociador avezado, y una mala señal para un gobierno que generó altas expectativas de arreglar el asunto a fondo, después de que Felipe Calderón fracasó en su intento.

Calderón quizo dejar ‘planchado’ un nuevo régimen pensionario en Pemex, así que en enero de 2011 nombró a José Antonio Meade –en reemplazo de Georgina Kessel- como secretario de Energía para cumplir precisamente con ese encargo. Pero Meade Kuribreña, Romero Deschamps y Juan José Suárez Coppel, entonces director general de Pemex, nunca llegaron a ningún acuerdo.

El colmillo del líder petrolero –que era más largo y retorcido que el del gobierno de Calderón- olfateó que le era mucho más conveniente negociar una salida al asunto con Enrique Peña Nieto, quien se perfilaba como el seguro candidato del PRI, y así granjearse su simpatía a la vez que se blindaba políticamente para los siguientes seis años.

Pero Romero Deschamps no solo ganó eso. A pesar de los escándalos mediáticos que le originó las excentricidades de su hija y que durante un tiempo le obligó a mantenerse en las sombras; acordó con Peña Nieto y ganó prácticamente todo en la apurada mesa de negociación (incluso se dio una prórroga de un mes para llegar al acuerdo) frente a un inexperto Emilio Lozoya, y ante la urgencia de Luis Videragay para sacar adelante un asunto clave para la implementación de la reforma.

Una revisión minuciosa del nuevo régimen de pensiones para Pemex que surgió de aquella negociación de agosto de 2015, hace ver que sigue siendo ventajoso frente a sus similares en otras áreas del sector público; a tal grado que el saldo de los pasivos laborales apenas si se redujo.

La debilidad de Pemex se profundizó con una negociación política con el sindicato, que el gobierno de Peña Nieto no quizo o no supo ganar.

Twitter:@SamuelGarcia

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