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Contingencia: truena Mancera; Eruviel no se despeina

Salvador García Soto

La enorme presión que se cierne sobre la Ciudad de México, por los altos niveles de contaminación por ozono, que llevaron a declarar la primera contingencia ambiental en los últimos 14 años, hizo ayer crisis. El jefe de Gobierno, Miguel Angel Mancera, estalló al denunciar que mientras la capital tiene el Hoy No Circula —con todo y las críticas por recientes modificaciones—, el resto de las entidades que conforman la Megalópolis del Valle de México no hacen nada por disminuir sus emisiones por vehículos automotores.

El aumento de polución, atribuida a la falta de vientos y al incremento en la circulación de 1 millón 200 mil automóviles en los últimos meses, se le juntó a Mancera con una baja en sus niveles de aprobación de 30 a 24% en los últimos tres meses, según la encuesta de Buendía y Laredo para EL UNIVERSAL. Y aunque el gobernante capitalino respondió que “no trabaja para el aplauso”, sus declaraciones sobre la responsabilidad de otros estados en la contingencia ambiental dejan claro que no está dispuesto a cargar toda la culpa de un problema que es, efectivamente, metropolitano.

Mancera tronó contra entidades vecinas que no asumen su responsabilidad, ya que sólo la capital y algunos municipios del Estado de México aplican acciones para mejorar la calidad del aire, como el Hoy No Circula, mientras entidades como Hidalgo, Puebla y Tlaxcala no lo hacen. “No tenemos Hoy No Circula en todas las zonas de la Megalópolis, que es de donde provienen esos gases que llegan a la ciudad; es decir, la fase de contingencia no es sólo responsabilidad de la Ciudad de México, nosotros hemos reiterado y hacemos un llamado a la famosa Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) a que ya se aplique en toda la zona”, dijo el jefe de Gobierno.

Y no le falta razón. Mientras los capitalinos padecemos en la salud afectaciones por la contaminación e incremento del tráfico, otros gobernadores, como Eruviel Ávila, del Estado de México, no tienen en su agenda el tema ambiental y la emisión de contaminantes en el Valle de México, cuando los autos de 18 municipios mexiquenses circulan todos los días en la Megalópolis y en calles y avenidas de la Ciudad de México. Eruviel, cuya política es no “despeinarse” con temas complicados, no se ve preocupado por la calidad del aire que respiran también buena parte de sus gobernados.

Pero el mexiquense no es el único gobernador que evade su responsabilidad en el tema de la contaminación atmosférica en el Valle de México. Puebla, cuyo parque vehicular también impacta todos los días las emisiones en la capital, tampoco tiene programas que limiten su circulación, al igual que Hidalgo y Tlaxcala, que también forman parte de la conurbación y del problema de circulación vehicular, de industrias y contaminación que se concentra en la CDMX.

Es cierto que al gobierno capitalino se le pueden atribuir decisiones erróneas en el programa Hoy No Circula, como la que impulsó su secretaria del Medio Ambiente, Tanya Müller, para restringir la circulación a vehículos de más de 15 años de antigüedad, lo que motivó una oleada de amparos por “discriminación” de los propietarios de vehículos más antiguos que también eran los de más bajos recursos económicos. Fue un error de Mancera haberle hecho caso a su secretaria ambiental con una medida que estuvo bien sustentada legalmente, al grado que la Suprema Corte de Justicia de la Nación tuvo que conceder miles de amparos a todos los que consideraron inconstitucional la medida que castigaba a los más pobres.

Ayer la misma Tanya Müller intentó defender lo indefendible y acusó que el aumento de circulación de 1 millón 200 mil vehículos en la ciudad se debió a “los amparos promovidos por el PAN”. La realidad es que la funcionaria no analizó jurídicamente su propuesta y cuando esos amparos comenzaron a llegar a la Corte —con o sin apoyo del PAN que por supuesto aprovechó la coyuntura política— a los ministros no les quedó otra que proteger a los automovilistas de escasos recursos que se dijeron, con toda razón, discriminados.

Así que, en el reparto de culpas de la contaminación, el tráfico y el daño que todos padecemos, a cada quien le toca la suya. A los estados vecinos y sus gobernadores vanidosos, que les preocupa más su peinado y su popularidad que la calidad del aire que respiran sus gobernados; al jefe de Gobierno por hacer caso a una secretaria que le falló con sus propuestas, y a los habitantes de esta Megalópolis que abusan del uso del automóvil y fomentan la corrupción en verificaciones y no respetan las leyes de tránsito.

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