Bronconeumonía

Ricardo Rocha

Están poniendo candados absurdos a los potenciales candidatos independientes

Para Jacobo ZabludovskyIn memoriam

Para quienes han asegurado que el fenómeno de Jaime Rodríguez El Bronco en Nuevo León, fue sólo un brote regiomontano, han de reconocer que son ya cuatro los gobiernos que lo advierten como una amenazante enfermedad: la bronconeumonía.

Así que para prevenirse, se están vacunando ya en Chihuahua, Veracruz, Tamaulipas y Sinaloa donde, por orden de sus gobernadores, las legislaturas locales están poniendo candados tan absurdos a los potenciales candidatos independientes, que sólo les falta exigirles certificados de que en el kinder no les jalaban los pelos a sus compañeritos de clase.

Todo comenzó en Chihuahua donde el gobernador César Duarte está sumido en el escándalo de su participación accionaria en el banco local Unión Progreso, al que ha beneficiado con cuantiosas cuentas de su gobierno. Adicionalmente, ha advertido el crecimiento político del también priísta Mario Quezada, ex alcalde de Chihuahua, quien desde luego no es su delfín para la sucesión del próximo año. Así que, al más puro estilo del feudalismo, ordenó a su Congreso local aprobar requisitos para candidaturas independientes tan disparatados como no haber militado nunca antes en un partido político o no haber ocupado cargo público alguno tres años antes de la elección. En pocas palabras, ser extraterrestre.

Lo grave es que el pánico a la bronconeumonía ha sido una epidemia que se extiende ya a por lo menos otros tres estados de la República: Veracruz, Tamaulipas y Sinaloa. En todos ellos se anticipa calcado el fenómeno Bronco y la reacción anticipada y furibunda de los respectivos reyezuelos temporales que intentan impedir a toda costa que alguien fuera de su control los suceda en el gobierno ¿Alguna semejanza con lo que ocurrió hace apenas unas semanas en Nuevo León? Donde un azorado y despistado Rodrigo Medina junto con su candidata Ivonne Álvarez fueron arrollados por la broncomanía con más del doble de los votos. Para colmo, la amenaza de una auditoría que podría llevarlos a la cárcel a Medina y/o su padre, por un sinfín de denuncias de un ofensivo enriquecimiento ilícito.

Por eso el corredero en busca de vacunas. Por cierto, de una manera tan burda y ridícula, que en su prisa estos gobernadores priístas ignoran que sus mañosas disposiciones contradicen de pe a pa las conquistas de la Ley Federal Electoral aprobada en 2014 en materia de candidaturas independientes. Reforma que, a propósito, ha sido presumida dentro y fuera por el mismísimo presidente Peña Nieto.

Por supuesto que apenas comienza una batalla legal que luego de una obligada escala en el Tribunal Electoral, podría llegar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Pero es mucho más que eso. Se trata de un profundo diferendo ético y de moral pública. Si los partidos políticos en lugar de crecerse al castigo que los electores de Nuevo León les propinaron en las urnas deciden empequeñecerse con marrullerías, no harían sino reafirmar lo que millones de mexicanos perciben ya como una ominosa realidad: se trata de centros de poder y dinero, sin ideología alguna, que lo único que saben es repartirse cuotas y cargos. Y ahora además impiden a los ciudadanos comunes acceder a los gobiernos.

Cuidado, juegan con el fuego de una sociedad enfurecida y harta ya de la partidocracia.

Periodista.

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