Los niños que vienen al infierno

Héctor De Mauleón

El gobierno ha invertido para aumentar el control migratorio y la cantidad de deportaciones, pero no ha destinado recursos adicionales a la agencia de refugiados en México

En los primeros diez meses de 2015, 27 mil niños y adolescentes que viajaban completamente solos llegaron a México por la frontera sur, huyendo de la violencia endémica de sus países de origen. Tenían entre 12 y 17 años. Las autoridades detectaron, sin embargo, que niños más pequeños intentaban también la difícil travesía hacia el norte.

Estos niños y adolescentes venían sobre todo de Honduras (90 muertos por cada 100 mil habitantes), El Salvador y Guatemala (ambas, con 40 muertos por cada 100 mil habitantes).

Según el nuevo informe de Human Rights Watch, HRW, huían de la mara, la violencia doméstica, la trata, el abuso sexual, la extorsión y el secuestro. Huían sobre todo de la falta de protección de sus propios gobiernos.

Eran parte de una oleada incontenible: una triste marejada que viene atravesando el infierno desde hace al menos ocho años. En todos los países por los que cruza, esa marejada suele convertirse en blanco de pandillas, criminales y polleros.

“Pasan días caminando, escondiéndose, rodeando los puestos de control migratorio”, se lee en el informe.

Los casos estremecen. Un niño hondureño realizaba en grupo la travesía hacia el norte. En Coatzacoalcos, el guía los traicionó y los entregó a Los Zetas.

Los Zetas mantuvieron a los niños en cautiverio durante 15 días. “Me quemaron con un cable eléctrico para que llamara a mi familia”, relató el menor. No los pusieron en libertad hasta que sus familiares les hicieron un envío de dinero: dos mil dólares por cada uno.

La migración en la frontera sur repuntó en el trágico 2008, año en que la violencia se recrudeció, no sólo en el Triángulo Norte (Honduras, El Salvador y Guatemala), sino a lo largo de la región. En 2013 las autoridades detectaron en el país a 9 mil 600 niños no acompañados; en 2014 la cifra se había elevado a 23 mil. Y como ya se ha dicho, en sólo diez meses del año siguiente el número escaló a 27 mil.

El informe revela que el robo, la extorsión y la violación sexual son realidades “preocupantes” y en “aumento” para los niños no acompañados.

El grupo de trabajo de la ONU ha documentado, también, “el arresto por agentes del Estado o con el apoyo o aquiescencia del Estado”: significa que también los niños son víctimas de desapariciones forzadas.

De acuerdo con Human Rights Watch, los niños de las estadísticas que he citado son refugiados y deberían recibir protección internacional: México ha suscrito todos los mecanismos internacionales de protección a los niños migrantes; en 2015, sin embargo, sólo proporcionó protección a 52; en 2014, únicamente se la brindó a 21.

Sólo uno de 61 niños entrevistados por HRW durante la elaboración del informe había sido informado por los funcionarios del Instituto Nacional de Migración de su derecho a solicitar la condición de refugiado, a pesar de que los oficiales tienen la obligación “de evaluar proactivamente a los niños para determinar sus necesidades de protección”.

Según la denuncia de HRW, en las estaciones migratorias, el procedimiento de rutina consiste en deportar en caliente a los detenidos. Esto se debe a que las personas que presentan la solicitud de reconocimiento como refugiado deben permanecer en la estación migratoria durante el tiempo que dure el procedimiento.

Los agentes disuaden a los potenciales solicitantes diciéndoles “que sus casos no saldrán adelante” o que extender la solicitud sólo prolongará el tiempo que pasen detenidos.

“No lo dejan a uno decir nada. No nos preguntaron por qué nos fuimos de Honduras”, explicó un adolescente que había huido de la Mara 18.

El documento informa que el gobierno mexicano ha invertido para aumentar el control migratorio y la cantidad de deportaciones y no ha destinado recursos adicionales a la agencia de refugiados en México.

Olvidaba decirlo: el informe se titula Puertas cerradas: El fracaso de México en la protección de niños refugiados y migrantes de América Central. El título es bueno, porque eso es precisamente lo que uno encuentra al hojear sus páginas.

@hdemauleon

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