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Brian Panowich, maestro del Country Noir

Élmer Mendoza

Bull Mountain, la primera novela de Brian Panowich, traducida del inglés por Rubén Martín Giráldez y publicada por Siruela en 2017, en Madrid, España, es la revelación de un sólida vocación para trabajar el universo del delito. Los personajes delincuentes demandan tratamientos específicos que este autor trata perfectamente, lo mismo que la realidad plena de claroscuros en que se desenvuelven. Evidentemente se requieren ojos y oídos atentos para lograrlo. La conducta de estos seres que tienen unos cuantos deseos y ningún escrúpulo, además de una relación despiadada con todo lo que identifican como enemigo, es patrón de vidas particulares que Panowich nos entrega como si quisiera que nos quedara bien claro de qué va el asunto. Quiero decirlo de una vez, el señor tiene el reconocimiento de James Ellroy y John Connolly, nada menos; y si el tema es parte de la realidad norteamericana, créanme que no es nada envidiable. Claro, en algunas montañas del mundo la civilización es poco veloz.

Brian Panowich nació en Fort Dix, Nueva Jersey en 1972 y es bombero. En su novela hay pasión por contar y desde luego tiene una historia sin muchos contrastes porque todo parece estar infestado por la violencia. La familia Burroughs ha controlado gran parte de una zona montañosa de Georgia, donde ha producido whiskey artesanal por 100 años. Esta historia empieza con dos hermanos y están en 1949. Riley, el mayor, ha cerrado un trato con un banco para vender el lugar sin el consentimiento de Cooper, a quien no pudo convencer. Un día van de cacería, Cooper lleva a su hijo Gareth, de nueve años, para que cobre su primera presa. En el momento en que el niño dispara al alce, su padre lo hace a su hermano y lo mata. A Gareth, aunque sumamente impactado, le toca abrir el hoyo para enterrar a su tío, mientras su padre se echa unos tragos de la cosecha de la familia. A partir de ahí, la novela avanzará vertiginosa con el clan como personaje, donde Clayton Burroughs trabaja de sheriff del pueblo, un poco para alejarse de su gente y otro por solicitud de Kate, su esposa. Todo marcha de manera soportable hasta 2015, cuando llega el agente federal Simon Holly con una oferta difícil de rechazar.

Gareth procreó tres hijos, de los cuales el del medio murió acribillado. Quedan Halford, el mayor y jefe de la banda y el sheriff Clayton. Los hermanos no se frecuentan. Holly le propone a Clayton que convenza a su hermano de que se entregue con varias promesas tentadoras. El sheriff visita a Halford y no consigue avanzar en su propósito. En ese momento queda claro para ambos de qué lado están y hasta qué punto harán que la cuerda se estire. Imaginen una montaña llena de pinos, clima fresco o frío, caminos vecinales y casas dispersas. Imaginen una banda a la que todos quieren pertenecer. Hombres de largas barbas armados con AK-47. Gareth los deja provistos de relaciones en cuanto a varios aspectos necesarios para ser un grupo exitoso. Con una banda de Florida, por ejemplo. No les faltan armas ni clientes. Por supuesto que evolucionan del whiskey a la marihuana y las metanfetaminas. Son una horda de hombres solos y no se sabe que tengan novias o mujeres. Desde luego, en ese ámbito la vida no vale nada y las relaciones familiares no salvan a nadie. Holly no se da por vencido, tiene una historia personal que lo obliga a no darse por vencido. Un plan maestro lo pondrá en el camino correcto hacia su presa, y soportará el rechazo de Kate, quien lo acusa de venir a perturbar la paz de su marido.

Panowich consigue atmósferas de alta y cruel intensidad. Las voces, los rostros, la indumentaria, las costumbres elementales nos indican que los personajes son completamente antisociales. Enemigos declarados de las fuerzas del orden. Con Bull Mountain resulta evidente el crecimiento del Country Noir, el género policiaco donde los detectives se mueven en camionetas de doble tracción, usan camisas cuadradas, chamarras de cuero, botas, comen grandes trozos de carne, beben cerveza y whiskey directo de la botella, tienen una historia sucia y disparan a matar. Eso es el sheriff Clayton, quien además está casado con una mujer que desea embarazarse. El agente federal Holly dividirá su corazón en dos y quizá sólo uno les duela. Sé que a los lectores de novelas policiacas les encantará y espero que a los que se preguntan por qué el género negro es tan importante, los motive a nuevas reflexiones. Ya me enteraré.

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