El racismo y la discriminación racial. Las mutaciones de los discursos de odio

Martha Alejandra Chávez Camarena

We are determined…to work and fight until justice runs down like water, and righteousness like a mighty stream.

Martin Luther King, Jr., 1955.

 

En 1948, en Sudáfrica, tomó forma jurídica el régimen del Apartheid. En 1953, mientras se establecían las primeras zonas segregadas. El 21 de marzo de 1960, en Sharpeville, en la actual provincia de Gauteng, se realizó una manifestación pacífica en contra de las leyes de pases que imponían numerosas restricciones a las libertades civiles de los nativos. La represión del régimen afrikáner a la protesta, tuvo como consecuencia la muerte de 69 personas nativas.

Este acontecimiento, representó el inicio del proceso de desmantelamiento del apartheid sudafricano y llevó a la comunidad internacional, a pronunciar su abierto rechazo a la discriminación racial en todas sus formas. En 1966, la ONU aprobó numerosas resoluciones en la materia, entre las cuales, la que estableció el 21 de marzo de cada año como el Día Internacional para la eliminación de la discriminación racial, con el fin de generar conciencia en todo el mundo sobre este fenómeno y, al mismo tiempo, fomentar acciones gubernamentales o de la sociedad civil para su erradicación.

En 1969 entró en vigor la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación racial, suscrita y ratificada por México en 1975, considerando el avance que supuso la Declaración de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial de 1963. En 1978, la UNESCO emitió la Declaración sobre la raza y los prejuicios raciales.

Instrumentos que esencialmente reafirman la innegable verdad de que todos los humanos pertenecen a la misma especie y tienen el mismo origen, nacen iguales en dignidad y derechos, forman parte integrante de la humanidad y tienen derecho a ser diferentes. Asimismo, señalan que la discriminación racial, expresada en normas jurídicas o en prácticas sociales, obstaculiza el desarrollo integral de las víctimas, pervierte a quienes lo ponen en práctica, divide a las naciones en su propio seno constituye un obstáculo para la cooperación internacional y crea tensiones políticas entre los pueblos, es contrario al orden universal de los derechos humanos y, por tanto, perturba gravemente la paz y la seguridad de la comunidad internacional.

El desarrollo de estos esfuerzos internacionales por contener y erradicar la discriminación racial, culminaron en 2001, con la celebración de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, de la cual derivó la Conferencia de examen en 2009, la cual, emitió la Declaración y el Programa de Acción de Durbani, el programa estratégico más amplio amparado por la ONU, para impulsar la voluntad política a nivel nacional, regional e internacional para la erradicación de esos grandes males que se encuentran en constante evolución, así como evaluar y determinar todas las dimensiones de esos males devastadores de la humanidad con vistas a lograr su eliminación total mediante herramientas teóricas, normativas y políticas públicas, como asunto prioritario.

El impulso de la comunidad internacional para erradicar todas las formas de discriminación, incluyendo, claro está, la discriminación racial, se estructuran en función de los tres grandes objetivos del milenio: el Reconocimiento (igualdad y no discriminación, educación, información, participación política e inclusión ciudadana), Justicia (acceso efectivo a la justicia y la adopción de medidas especiales de debido proceso y reparación del daño) y, Desarrollo (igualdad de oportunidades en desarrollo y lucha contra la pobreza, educación, empleo, salud y vivienda).

En la reunión de 2011, la Asamblea General de la ONU, conmemoró el décimo aniversario de la Declaración y el Programa de Acción. En 2013, proclamó el Decenio internacional de los afrodescendientesii con el objeto de impulsar una política internacional de sensibilización, reivindicación y promoción de la cooperación y apoyo a este grupo social históricamente oprimido en todos los aspectos de la vida.

En la conmemoración de este año, la ONU impulsa la campaña El sesgo racista y la incitación al odio, en particular, en el contexto de la migracióniii, en razón de que en muchas partes del mundo, la incitación al odio y las prácticas discriminatorias por razones de raza, étnica, religión, nacionalidad, y otras basadas en perfiles raciales, están muy extendidas.

En fechas recientes, como lo afirma el Relator Especial sobre las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia, sobre todo desde el desastre humanitario de la “primavera árabe” y la guerra en Siria, la lucha legítima contra el terrorismo ha dado lugar a la práctica infame de usar perfiles raciales y étnicos por parte de los agentes de las fuerzas del orden, de seguridad y de control fronterizo, para someter a personas a registros detallados, controles de identidad e investigaciones, acoso, exclusión y atropello de sus derechos más elementales, con el fin de determinar si realizan actividades delictivas, incitar al odio o criminalizando a las personas por sus cualidades biológico genéticas, especialmente por cuanto hace a los refugiados y los migrantes.iv

El modelo internacional de transversalidad de las medidas adoptadas en la lucha contra la discriminación racial obedece a que la definición y ocurrencia de esta plaga social, son mutables.

El racismo y la discriminación racial, son la ideología y la práctica de ésta, cuyo objetivo es la edificación de un orden social heterófobo, eugenésico, obsesivo de una seguridad que suprime todo lo que no se adecúa a su racionalidad o interfiere con su belleza, por tanto, su deseo de remodelar la condición humana se enmarca en el determinismo biológico de la jerarquía, en un modelo de ingeniería social determinado sobre los principios sociológicos de medicina, arquitectura y jardinería, es decir, extirpar del sistema social o contener por la fuerza a los miembros que se consideran “naturalmente” inútiles, nocivos, sucios, antihigiénicos, patológicos o repulsivos mediante toda clase de medidas, sean estas jurídicas, políticas, económicas, laborales, civiles, electorales, educativas, urbanismo excluyente, obstáculos al libre tránsito geopolíticos.

Un humano puede odiar a otro humano, lo que no es posible es que un grupo humano odie a otro, y cuando esto sucede es porque alguien azuza el desprecio y el odio, remarcando las diferencias y exhibiendo las diferencias, como defectos incurables.v

Ahora bien, cabe aclarar que la aversión a la diferencia o heterofobia, se caracteriza parte, a decir de Baumanvi, del racismo primario, universal y natural, es la reacción vaga de aversión natural hacia cualquier forma de vida humana ajena, extraña y eventualmente peligrosa. La segunda forma es la aversión racionalizada del otro, en ésta forma se cualifica al otro de acuerdo con su peligrosidad, es decir, se plantean motivos o causas, a partir de la historia, la tradición o la cultura, que aparentemente explican el peligro o la repulsión de su cercanía. Se manifiesta como xenofobia.

El tercer nivel de aversión al otro, presupone la existencia de los otros dos niveles y se funda en una doctrina, en dogmas ideológicos fundados en el binomio amigo-enemigo. Este extrañamiento, estimulado por los ideólogos de la exclusión, considera al otro como una amenaza que hace difusos la unidad social y la integridad del territorio, en consecuencia, en un mundo obsesionado con el control de cada aspecto de la vida, el otro es visto como un mal incorregible, inmune a cualquier esfuerzo de normalización, por tanto, es necesario destruirlo, mediante discursos de odio (antagonismo verbal), la exclusión (desplazamientos y concentración en reservas o guetos), negación de bienes y oportunidades, vandalismo y ataque a la propiedad, y finalmente, el genocidio. En un ejercicio interseccional de violencia cuya dimensión crece exponencialmente a partir de los grupos identitarios a los que pertenece el “agente extraño”.

Ahora bien, derivado de la condena y sanción que la comunidad internacional ha hecho del racismo y la discriminación racial desde hace más de cincuenta años, éstas se han presentado bajo formas más estilizadas y encubiertas, por lo que se vuelve necesaria su identificación con el fin de eliminar esa práctica nociva.

La Relatoría sobre las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia, señala que estás nuevas formas de opresión adquieren modalidades muy diversas como el racismo simbólico, institucional, ambivalente, aversivo, de infrahumanización, de ontologización y heteroetnizaciónvii, dirigidas ya no sólo a las características biológico genéticas de las personas, sino a sectores sociales y comunidades específicos considerados enemigos del Estado o del Estado profundo, señalados bajo categorías políticas, económicas o culturales como los indígenas, las mujeres, niños, migrantes, refugiados, desplazados, judíos, cristianos, musulmanes, homosexuales, árabes, asiáticos, africanos, latinoamericanos, pobres, obreros, campesinos, etc.

Estas nuevas representaciones de la discriminación racial, han provocado un efecto adverso proveniente de los mismos sectores oprimidos, los cuales, al verse apremiados por la violencia de que son objeto y, al mismo tiempo, por la natural necesidad de defender su integridad y su identidad cultural, sin medios para hacer frente a la situación adversa que les afecta, han generado una especie de discriminación racial inversa, denominada Apropiaciones culturales, que se encuentra entre las nuevas formas de discriminación, en la cual, se rechaza, se condena o se violenta a cualquier persona que no “pertenezca” a la comunidad, practique sus costumbres, aprenda o ejecute sus expresiones artísticas, su lengua o cualquier otro aspecto de su identidad cultural, bajo el argumento de que hacerlo constituye una burla o una falta de respeto.

Esta práctica erosiona el sentido mismo de civilización, bajo el nombre de “corrección política”, se pretenden justificar conductas como prohibir, por ejemplo, a Twain, Platón o a Descartes, por “racistas, blancos y colonialistas”, o porque sus obras reflejan un “sesgo discriminatorio” si en ellas se encuentra un personaje indígena o africano como en Robinson Crusoe o las Minas del rey Salomón o, prohibir las traducciones por una excesiva suspicacia de traición al significado o, cambiar el título de obras pictóricas por considerarlas ofensivas, como ocurrió en Ámsterdam, con la pintura titulada “Esquimal”. Sin duda, todo un sinsentido.

Recientemente, hemos presenciado el asomo de la tiranía de la discriminación bajo la forma de democracia, como señalara Orwell. Trump ha implantado una ofensiva fascista en contra de los migrantes mexicanos. En un abuso de su soberanía, ha dictado una serie de órdenes ejecutivas con claro signo chovinista. El ejercicio narcisista, próximo a la paranoia, de calificar desmesuradamente de peligrosos, criminales y terroristas a grupos y comunidades ajenas a los WASP, las directrices sobre deportaciones, la suspensión definitiva del sistema asistencial de salud, la amenaza de restringir o anular fondos a ciudades solidarias con la migración irregular, la retórica tóxica del muro fronterizo que no es sino un eufemismo de la balcanización de nuestro país, la histeria en el control fronterizo, la permisión tácita de la opresión civil hacia “la gente mala”, las restricciones injustificadas a la libertad de expresión y el aumento masivo al presupuesto armamentista, son indicadores inequívocos de una forma de discriminación racial sistematizada por el mismo Estado que no se veía desde las Leyes Jim Crow o las órdenes ejecutivas de Roosevelt para recluir en campos de concentración a toda persona de origen japonés, durante la Segunda guerra mundial.viii

En violación flagrante del sistema constitucional estadounidense y convencional de derechos humanos, Trump no ha escatimado en discursos actitudes, creencias basadas en prejuicios y estigmas que sustentan ideologías supremacistas generando la adscripción de cualidades negativas o minusvalía hacia los migrantes basadas en el temor, miedo y/o rechazo exacerbado, que devienen necesariamente en una denegación de derechos y que, además, históricamente han tenido efectos devastadores para la población mundial, pues la misma exaltación excluyente provoca la eufórica sentencia “abracen la renovación del espíritu americano”, que “el sano sentimiento del pueblo alemán” del nacionalsocialismo.

Ante este escenario, es imperioso que, en cada aspecto de la vida democrática, el discurso social e institucional mexicano se oriente, y así lo impulse en el plano internacional, en el ejercicio permanente del reconocimiento de todos los humanos en el principio universal de Igualdad, en sus sentido más fuerte, es decir, como procedente directamente de la unidad de naturaleza del género humano e inseparable de la dignidad esencial de la persona, frente a la cual es incompatible toda situación que, por considerar superior a un determinado grupo, conduzca a tratarlo con privilegio; o que, a la inversa, por considerarlo inferior, lo trate con hostilidad o de cualquier forma lo discrimine del goce de derechos.

Finalmente, cabe subrayar, el sistema jurídico institucional antidiscriminatorio nacional y en la Ciudad de México es sólido e integral. Los principios y normas constitucionales, la legislación penal y administrativa, los criterios jurisprudenciales y las actividades impulsadas por el Grupo de Trabajo para atender las recomendaciones del Comité para la eliminación de la discriminación racial (CERD), dan cuenta del compromiso democrático con la igualdad formal y sustantiva de todos. Sin embargo, aún existen retos por superar. De acuerdo con el examen al informe de México de 2012, el CERD ha recomendado intensificar esfuerzos en cuanto a mayor información sobre el verdadero impacto y resultado de la lucha institucional contra la discriminación racial, armonizar la legislación en la materia respecto de la Convención, emprender con eficacia mayores medidas en favor de los indígenas en acceso a la justicia, debido proceso, sistema carcelario, sistema de salud, visibilizar la situación de los afrodescendientes, la subrepresentación de indígenas y mujeres en órganos de decisión, eliminación de la pobreza multidimensional y, auxilio institucional a trabajadores migrantes. Temas que, sin duda, requieren de atención y solución pronta, para consolidar el proyecto social igualitario en México.

 

iv Informe del Relator Especial sobre las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia, E/CN.4/2004/18, 21 de enero de 2004, párr. 9.

vi Bauman, Zigmunt. Modernidad y holocausto. Ediciones Sequitur, 2010.

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