El Banco de México aclaró su objetivo de aumentar su tasa de interés cuando lo haga la Reserva Federal (Fed). La inflación, su único mandato, está bajo control, pero al Banco también le gustaría que la política macroeconómica se fortaleciera frente a mayor volatilidad financiera.

Esto es un cambio significativo, pues en 2013 y 2014 hizo tres reducciones de su tasa de 4.0% a 3.0%, aun cuando la inflación estuvo aumentando hasta febrero de 2014. Para esas reducciones el Banco se refirió a la debilidad del crecimiento de la economía.

Hoy el crecimiento sigue débil. Por lo tanto, la propuesta de una política monetaria más apretada indica que algo cambió.

Si la política fiscal estuviera laxa, la propuesta sería entendible. Pero la política fiscal se apretó mucho desde el aumento de impuestos en 2014. Con el incremento de ingresos tributarios ese año de 246 mil millones de pesos, al ajuste fiscal de 1.4% del PIB fue alto. Y sigue en aumento, pues hasta mayo, dichos ingresos aumentaron en 255 mil millones de pesos sobre el mismo periodo de 2013.

Un argumento es que el aumento de impuestos era necesario para compensar la baja del ingreso petrolero. Sin embargo, la caída de derechos de hidrocarburos sólo fue de 81 mil millones (-0.5% del PIB) en 2014, sin incluir la compensación por las coberturas. Hasta mayo de 2015 dichos derechos y pagos al Fondo Mexicano del Petróleo siguieron bajando. Pero, aun así, su caída fue menor en 86 mil millones al aumento de ingreso tributario.

Así, la política fiscal está lejos de ser laxa. Su efecto restrictivo al crecimiento se magnifica porque la caída de precios del petróleo deterioró los términos de intercambio de toda la economía. Si, además, para compensar el flujo de ingreso fiscal que se perdió, se aumentan los impuestos, la política fiscal se torna súper-restrictiva.

Esto no cambia el hecho de que mucho gasto se puede y debe recortar por estar mal utilizado, pero eso es otra discusión. En los agregados macroeconómicos endurecer al mismo tiempo la política fiscal y la política monetaria es contra el crecimiento.

El Banco no comenta como tal el cambio de política fiscal cuando insiste en sus minutas que ésta debe fortalecerse. Tampoco parece tomar en cuenta que el gobierno ya anunció una reducción de gasto de 0.7% del PIB en 2015 y otra de 0.9% en 2016.

Es cierto que la deuda pública aumentó en alrededor de 5 puntos porcentuales en dos años a 40% del PIB y que el déficit la sigue aumentando. Sin embargo, una lección del periodo posterior a la gran recesión de 2008-09 es que aun con endeudamientos públicos cercanos o mayores a 100% del PIB (Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Austria y otros), los bancos centrales han mantenido su política monetaria laxa cuando la política fiscal se ha endurecido. Nadie dice que es sin riesgo, pero algo tienen que hacer.

El Banco está en lo correcto al preocuparse por el aumento de la deuda cuando habrá aumento de tasas de interés y en sus minutas se plantea la necesidad de estabilizar la relación deuda a PIB en niveles sostenibles en el largo plazo. Pero no indica cuál es este nivel.

Y para reafirmar su postura de aumentar el interés cuando lo haga la Fed, cambió las fechas de reuniones de su junta, para alinearlas con las fechas de la Fed. Quizás esto sea innecesario, pero si se trata de forjar en hierro la promesa de aumentar el interés, el punto quedó suficientemente claro.

Si se piensa que esto ayudaría a fortalecer el tipo de cambio, el resultado puede ser contraproducente, si el crecimiento no mejora y se inhibe el apetito de invertir en México.

Analista económico.

rograo@gmail.com

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