De aprender a leer a leer para aprender

Emiliana Vegas

Un niño o niña expuesto a las emociones de los libros tiene el potencial de convertirse en un adulto más empático

Tal vez el protagonista de la historia sea un curioso animal o un joven aventurero. Tal vez las páginas del libro están llenas de coloridas ilustraciones o hasta incluyan sonidos y texturas.  Se podrían leer a la hora de dormir o un domingo en la mañana después de desayunar. Sin importar los detalles, si eres padre o madre seguro sabes que no hay nada más especial que sentarse en un cómodo sillón a leer con nuestros pequeños. A mi hijo mayor le encantaba Buenas Noches, Luna por Margaret Wise Brown y a mi hijo menor un librito de autobuses escolares amarillos por Donald Crews. ¡Los momentos que compartimos cuando eran chiquitos, leyendo juntos, los recordamos para siempre!

Hoy se celebra el Día Mundial del Libro Infantil, una fecha que conmemora el nacimiento del escritor y poeta danés Hans Christian Andersen – famoso por sus cuentos clásicos como El patito feo y La sirenita --  y que celebra la importancia de los libros dedicados a los más pequeños. Y cómo no celebrarlos si cada vez es más evidente que estimular la lectura a edades tempranas es fundamental para la formación integral y el desempeño escolar de nuestros niños.

Aunque tal vez pensemos que un niño de 2 ó 3 años es muy joven para adentrarse en el mundo de los libros, la lectura temprana puede tener un impacto positivo en sus capacidades cognitivas, lingüísticas y socioemocionales.

Interactuar con libros y escuchar a los padres leyendo historias contadas e ilustradas a una edad temprana es clave para que los niños desarrollen las habilidades cognitivas que los preparan para la escuela. Competencias básicas para el desarrollo del lenguaje y el buen desempeño en el aprendizaje escolar pueden ser cultivadas a través de la lectura. Esta preparación es clave, pues permite que los niños aprendan más rápido, reduciendo las frustraciones relacionadas a las dificultades con algunos procesos de aprendizaje y aumentando las probabilidades de que completen su educación.

Durante los años de educación inicial, los niños amplían su vocabulario de forma acelerada. No es sorpresa que en este período la lectura sea, por excelencia, una experiencia que aumenta su exposición a nuevas palabras y nuevos significados, potenciando su capacidad de asimilar más vocablos y sonidos para así construir oraciones y explicaciones más complejas. Este aprendizaje no es pasivo y requiere de la curiosidad y motivación de los niños. Los libros infantiles representan una fuente valiosa de palabras y conceptos que, con el apoyo de las explicaciones de los adultos, aumentan la capacidad de los niños para usar el lenguaje como una forma de expresarse e interpretar al mundo.

De la misma manera, un niño o niña expuesto a las diferentes emociones de los personajes de los libros tiene el potencial de convertirse en un joven y un adulto más empático, capaz de reconocer sus sentimientos y los de las personas a su alrededor. Las historias que leen y que escuchan los invitan a conocer e imaginar mundos y realidades diferentes, personajes con los que pueden identificarse y situaciones que los transportan más allá de sus entornos. Estas experiencias, y los diálogos con sus padres, hermanos y otros adultos, los hacen más propensos a desarrollar habilidades socioemocionales fundamentales para su crecimiento y relaciones  con los demás.

Desarrollar estas habilidades cognitivas, lingüísticas y socioemocionales es una condición esencial para lograr un aprendizaje efectivo en el hogar y en la escuela. Las deficiencias lectoras y de comprensión en los primeros grados no terminan allí y suelen traer desventajas en grados superiores, precisamente cuando se espera que reciban y procesen información más compleja. Después de todo, ¿cómo podemos esperar que un estudiante exhiba un buen desempeño en historia o ciencias si tiene dificultades para comprender los conceptos más básicos? En pocas palabras, sólo si creamos las condiciones para que los niños aprendan a leer de forma efectiva serán ellos capaces de leer para aprender a medida que crecen y progresan en el sistema educativo.

Que los niños puedan recibir los beneficios de la lectura depende en gran medida del ambiente en el hogar y de la calidad de las relaciones entre los niños y sus cuidadores. Existe un consenso entre expertos acerca del impacto positivo directo que la presencia y uso de recursos que estimulan el aprendizaje en el hogar, tales como los libros, tiene en el desarrollo infantil. Sin embargo, el panorama en la región no es alentador. El Proyecto Regional de Indicadores de Desarrollo Infantil (PRIDI) del BID encontró que de los 8.000 niños encuestados en Costa Rica, Nicaragua, Paraguay y Perú, sólo un 40% vive en hogares con libros. Y en México, por ejemplo, poco más del 56% de adultos reportó haber crecido en un hogar con libros. Ambientes como bibliotecas públicas, museos y bancos del libro pueden ser de gran ayuda para hogares en condiciones vulnerables en los que el acceso a recursos de lectura se convierte en una carga económica. 

En América Latina y el Caribe, nuestro principal desafío es asegurar que todos los niños y niñas adquieran las competencias necesarias para ser productivos y contribuir a la sociedad. Este desafío se agranda cuando consideramos las brechas de desempeño creadas por la desigualdad de ingresos, de género y de acceso a servicios básicos. En este contexto, la lectura puede convertirse en una estrategia efectiva para que combatamos problemas como el bajo desempeño y las altas tasas de abandono escolar de los estudiantes en la región. Un reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), concluyó que los jóvenes de 15 años que venían de estratos socioeconómicos bajos pero que leían frecuentemente lograron puntuaciones en promedio más altas en las pruebas PISA de lectura que alumnos de estratos más altos que reportaban leer con menos frecuencia.

Conscientes del rol fundamental de la lectura y del reto que representa encontrar literatura infantil de calidad, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en alianza con  la Fundación ALAS, reconoce a autores latinoamericanos que, a través de cuentos y fábulas infantiles, abordan de manera creativa situaciones a las que se enfrentan los más pequeños en su vida diaria. A través de los Premios ALAS-BID, galardones que reconocen iniciativas de desarrollo infantil temprano, no solo se premia al Mejor Docente o a la Mejor Escuela de la región, sino también al Mejor Cuento Infantil.

Por ejemplo, el libro ganador de 2015 fue El Libro Negro de los Colores escrito por Menena Cottin e ilustrado por Rosana Faría, el cual proporciona a los niños de muchas partes del mundo la descripción de cómo saben y se sienten los colores. Este libro, escrito en braille y texto, es una pintura hermosa de la forma en que vemos los colores. Las texturas de las ilustraciones recuerdan a los lectores la belleza que percibimos cuando cerramos los ojos y sentimos.

Mientras más temprano les tendamos la mano a nuestros hijos y emprendamos con ellos el camino de la lectura, más temprano los exponemos a una actividad que es divertida, estimulante y que les traerá beneficios para el resto de sus vidas. En el Día Internacional del Libro Infantil, te invitamos a nominar tu libro infantil favorito ingresando a www.iadb.org/alasbid y también a decidir: ¿qué libro leerás con tu niño?

Jefa de la División de Educación del BID

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