¿Diplomáticos de carrera o a la carrera?

Alfonso Zárate

El nombramiento de Fidel Herrera como cónsul de México en Barcelona es otra evidencia del uso retorcido de la diplomacia

En México, la formación del personal del servicio exterior corresponde al Instituto Matías Romero de Estudios Diplomáticos (IMRED). El proceso de selección es muy estricto, el cuerpo docente de alta calidad y, una vez que egresan, los jóvenes inician su carrera diplomática desde las posiciones más modestas que puede llevarlos, luego de muchos años de trabajo responsable y eficaz, a la posición de embajadores o cónsules generales.

La honrosa condición de representar a México ante gobiernos extranjeros u organismos internacionales se pervierte cuando se asigna el cargo de embajador o cónsul a un personaje carente de méritos o, peor aún, con una trayectoria oscura, censurable. Este es el caso del nombramiento de Fidel Herrera Beltrán como cónsul de México en Barcelona.

Su designación ha generado reacciones adversas, tanto en México como en España. La prensa española ha sido particularmente crítica. El País, por ejemplo, resalta los malos resultados de Herrera como gobernador de Veracruz: crecimiento de la deuda pública y de la inseguridad asociada al crimen organizado. En efecto, Fidel Herrera entregó muy malas cuentas en su estado.

Pero, además, es un exponente de la marrullería electoral y la picaresca política. Su larga trayectoria —antes de ocupar la gubernatura fue diputado local, diputado federal en tres ocasiones y senador— incluye episodios tan lamentables como, por un ejemplo, su cercanía a Kamel Nacif, El rey de la mezclilla. La difusión de un diálogo vulgar, en septiembre de 2006, puso en evidencia la subordinación de dos senadores de la República al interés de un mercader disfrazado de empresario.

A pesar de éste y otros capítulos bochornosos —como la filtración de un audio en el que presumía que se encontraba en la plenitud del “pinche poder”, cuando estaba ya en curso la sucesión veracruzana hace cinco años—, la suerte sigue marcando la vida de Herrera Beltrán. Porque no sólo se ha sacado la lotería dos veces, sino que su particular modo de entender la política le sigue redituando. De ninguna otra forma se explica que el gobierno federal haya tenido que modificar la condición del consulado en Barcelona —ya no será “general”—, con el fin de que la nominación del veracruzano no tuviera que pasar por el Senado (Artículo 76 Constitucional, fracción II).

Su nombramiento en una de las sedes consulares más importantes de México es sólo otra evidencia del uso retorcido de la diplomacia. Antes, el gobierno del presidente Peña Nieto designó a Marisela Morales, la cuestionada ex procuradora general de la República, como cónsul de México en Milán (mayo de 2013), y a Juan Sabines Guerrero, otro ex gobernador reprobado, cónsul en Orlando, Florida (julio de 2015).

Pero no es todo. En estos días se habla de que Jesús Murillo Karam, ex titular de la PGR y de la Sedatu, podría ocupar la embajada de México en Portugal, y Juan José Guerra Abud, ex secretario de Medio Ambiente, la representación en Italia.

El servicio exterior convertido en un espacio para premiar o, peor aún, “blindar” a políticos en desgracia o funcionarios que, con excepciones, deberían estar enfrentando cargos en el país. Desafortunadamente, ya nada sorprende después del pago de cuotas a los aliados (Escobar, Pacchiano) y el reciente fichaje de Salvador Jara como subsecretario de Educación Superior en la SEP, gobernador sustituto de Michoacán quien unas horas antes de abandonar el cargo repartió 21 notarías entre sus amigos (entre ellos, por supuesto, su secretario particular).

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario

@alfonsozarate

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