Teñirse el cabello es mucho más que un cambio estético: es una forma de renovar la imagen, de marcar una nueva etapa e incluso de dejar salir aspectos de la personalidad a través del color. Pero detrás de ese efecto inmediato hay un proceso químico que modifica la estructura de la fibra capilar, lo cual implica cambios en la rutina de cuidado diario.
Para evitar que ese deseado cambio de look se convierta en un dolor de cabeza, consultamos con Óscar Medel, gerente de Academy of Hair de Henkel —casa que agrupa marcas de cuidado capilar como Authentic Beauty Concept, Schwarzkopf y Tec Italy—, para quien el principal problema radica en que muchas personas desconocen el cambio tan profundo que experimenta su pelo tras una coloración.
“La estructura que tiene normalmente el cabello natural se debilita un poco con los procesos químicos. Entonces, no podemos seguir tratando el cabello de la misma forma”, explica el estilista. Por ejemplo, en los “colores hacia rubios o cuando son mechas o implican alguna alta aclaración o decoloración, debemos de pensar que nuestra estructura del cabello cambia”.

Estos son los errores más comunes que se cometen tras un cambio de color.
Uno de los fallos más frecuentes tras teñirse el cabello es seguir utilizando exactamente los mismos productos de siempre. “Debemos tener esa conciencia de tener en casa un shampoo para cuidar el color”, señala el experto de Academy of Hair (IG: @academyofhair.mx), porque no se trata solo de limpiar, sino de ayudar a mantener la hidratación, el brillo y la duración del tono.
A partir de ese momento, el acondicionador deja de ser opcional y se vuelve parte esencial de la rutina, mientras que el tratamiento profundo debe aplicarse “una o dos veces por semana”, principalmente cuando el cabello ha pasado por procesos más agresivos.
Además, añade: “Cuando el cabello se siente seco, necesita más cuidado”, algo que debe atacarse antes de que el daño se vuelva más difícil de revertir.
Puede parecer un detalle menor, pero la temperatura del agua tiene un impacto directo en la duración del color. “El agua caliente en exceso dilata la hebra capilar”, comenta el experto en color, lo cual causa que el pigmento encuentre una vía de escape más fácil y pérdida de la intensidad del tono.
Por eso, “el agua tibia es lo más recomendado para lavarlo, sobre todo cuando es rojo, cobrizo, colores de muy fácil fuga”, recomienda.
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El deseo de aclarar un tono con otro tinte sin acudir al salón suele parecer inofensivo, pero técnicamente no funciona así. “Un tinte no aclara otro tinte”, advierte Medel, pues cuando el cabello ya está teñido oscuro y se busca aclararlo, el proceso real implica decoloración, y eso requiere conocimiento, vigilancia y experiencia profesional.
Intentarlo en casa puede derivar en un cabello severamente sensibilizado, ya que la fibra pierde capas de protección, se deshidrata, pierde firmeza y puede romperse con facilidad. Y cuando se llega a ese punto, la solución ya no está en un tratamiento milagroso, sino en algo mucho más simple (y temido): cortar.
Plancha, tenaza y secador forman parte de la rutina de muchas, pero el pelo teñido ya no reacciona igual que antes y, por lo tanto, el uso de protector térmico deja de ser un lujo y se convierte en una medida preventiva básica si se quiere evitar que el color pierda brillo y que la hebra se debilite aún más.
Hoy existen acondicionadores sin enjuague que incluyen protección térmica y facilitan esta tarea, ya que ayudan a reducir el impacto del calor durante el secado o el estilizado.
Aquí entran en juego pequeños ajustes que marcan diferencia. En el caso de los tonos rojos, cobrizos y colores de fantasía, que tienden a perder intensidad con rapidez, los shampoos y acondicionadores con pigmentos pueden ayudar a refrescar el tono entre retoques y evitar que se apague prematuramente.
Por su parte, cuando se trata de rubios, el desafío es otro: neutralizar los reflejos amarillos o anaranjados que aparecen con el paso de las semanas. “Si se me hace amarillo, yo debo aplicar un pigmento violeta para que esto me neutralice”, recomienda el especialista, recordando la lógica básica de la colorimetría.
Respecto al retoque, el tiempo promedio recomendado es de cuatro a cinco semanas, aunque dependerá del contraste con el color natural y del ritmo de crecimiento. “Un cabello normalmente no crece más allá de 12 milímetros por mes”, afirma, un dato que ayuda a dimensionar por qué, más que insistir en teñir antes de tiempo, conviene apostar por una rutina de cuidado que prolongue el resultado.
Al final, el mensaje parece ser claro: el tinte no es el enemigo. El verdadero riesgo está en no modificar los hábitos después del proceso químico.
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