Solares reescribe "Serafín", ahora con el drama de los niños migrantes

El escritor publica su novela "Serafín", en la que refleja el drama de los niños migrantes. Reconoce que es su obra más entrañable porque es producto de sus primeros años de lectura

"La literatura, la mejor fuga posible": Ignacio Solares
Ignacio Solares, escritor. Foto: BERENICE FREGOSO. EL UNIVERSAL
Cultura 28/04/2021 02:10 Yanet Aguilar Sosa Actualizada 05:18
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Toda la complejidad humana que Ignacio Solares ha sondeado obsesivo en cada personaje e historia que ha escrito, alcanzan en “Serafín” no sólo la perfecta brevedad sino la exploración de los abismos del mal y del miedo, de las esperanzas rotas y las almas perdidas. Ese niño que abandona el pueblo de Agüichapan e inicia un viaje al infierno –en forma de Ciudad de México— para buscar a su padre, refleja el peregrinar de los niños migrantes que viajan solos hacia los Estados Unidos.  

Aunque escrita en su primera versión en 1985, “Serafín” (Ediciones Era, 2021), es una nueva novela reescrita por el narrador, ensayista, dramaturgo, editor y periodista nacido en Ciudad Juárez, Chihuahua en 1945, quien en entrevista asegura que esta novela breve es su obra más entrañable e incluso personal, producto de sus primeras lecturas, de su descubrimiento de la literatura a través de Emilio Salgari, Julio Verne, Alejandro Dumas, Robinson Crusoe y Arthur Conan Doyle, entre otros.

El columnista de EL UNIVERSAL y autor de cinco libros de cuentos y 18 novelas, entre las que destacan varias históricas como “Madero, el otro”, “La noche de Ángeles” y “Un sueño de Bernardo Reyes”, reconoce que esta novela breve que explora en los temas que le obsesionan: el cristianismo --al que más se ha acercado más con la pandemia--, el espiritismo, lo onírico, lo paranormal, la otredad y el mal. La estancia de Serafín en la Ciudad de México es su visita al infierno del que parece que sale ayudado por las imágenes religiosas que su madre le puso en la bolsa de plástico que le sirve de maleta, y en la comunicación telepática que mantiene con ella.

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Serafín (Ediciones Era, 2021), es una novela que su autor define como su obra más personal.

“Serafín” tiene ya todos los temas que le obsesionan, ¿fueron descubrimientos tempranos?

Es una novela para mí en lo personal entrañable porque es producto de mis primeras lecturas. Realmente la vida me cambió cuando empecé a leer. Yo no fui nunca lector de cómics, desde muy niño tuve la suerte de que mi papá me regalará libros de Julio Verne, de Emilio Salgari, de Robinson Crusoe, de Alejandro Dumas, todas esas lecturas me entregaron un mundo muy particular que está en todo lo que he escrito después, pero sobre todo en una novela como “Serafín” que es producto de toda la riqueza que me dio todo ese mundo que descubrí de niño.

¿Sus héroes de juventud están depositados en Serafín, su pequeño héroe?

Es que también tengo muy en la memoria a Salgari con los Tigres de la Malasia, con Sandokán, con Los corsarios negros, todo eso está vivo en mi memoria, todo eso soy yo. Si me dijeran “¿de dónde viene Serafín?” no puedo separarlo de mis primeras lecturas porque si algún libro mío es producto de todo ese mundo es “Serafín”, en él está la desolación, el infierno en el que se mete en la búsqueda del padre, las comunicaciones telepáticas con la madre. Yo no puedo negar que para mí la literatura me enseñó la vida, me cambió la vida, pero no solo me cambió la vida sino que me dio toda una forma de vida.

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¿Era un niño retraído que en la literatura halló las aventuras?

Yo no tenía televisión, no escuchaba radionovelas entonces a partir de que empecé a leer absorbía los libros con una obsesión que a veces me mantenía en las noches despierto, que es una cosa que me pasa todavía, ¿con eso me entiendes qué es lo que significa para mí “Serafín”?, es producto de mis primeros años y de mi encuentro con la literatura, especialmente esta novela es producto de todo ese mundo que me dieron las primeras lecturas; además, como vivíamos en un departamento muy pequeño no tenía mucho margen para salir a jugar y verdaderamente mi mamá me tenía que agarrar del cuello para llevarme a tomar un plato de sopa porque no soltaba el libro.

“La vida me cambió cuando empecé a leer. Yo no fui nunca lector de cómics, desde niño tuve la suerte de que mi papá me regalará libros de Verne, Salgari, Crusoe”

¿De ahí vienen sus universos que ocurren entre lo onírico y lo real, sus obsesiones?

Por supuesto, yo me metí obsesivamente al mundo de la parapsicología, asistí a sesiones espiritistas, me marcaron muchísimos autores desde Allan Kardec y Conan Doyle, fui un lector obsesivo de todo lo que se sale de la realidad, en realidad yo siempre he sentido como única insoportable la realidad real por eso te digo que la literatura desde el principio fue para mí la mejor fuga posible. Después he buscado mundos alternos, he andado obsesionado por todo lo que es paranormal, la telepatía que en “Serafín” está muy clara, leí muchísimo de todo eso, me formé a mí mismo, surgió todo mi interés por la historia; también tuve la suerte de estudiar la secundaria y la preparatoria con jesuitas.

¿En “Serafín” puso todo ese mundo, pero quizás ahora lo ve con mayor claridad?

Mi mundo es absolutamente literario; nunca saqué buenas calificaciones en matemáticas, pero sí en español, literatura, historia, geografía; estudié un año con Erich Fromm en Cuernavaca, la psicología me gusta mucho de ahí surgió “Cartas para una joven psicóloga”, me interesaban mucho temas paranormales como el delirium tremens, de ahí surgió toda mi investigación durante un año para “Delirium tremens”, entonces como que siempre me he alimentado del mundo que descubrí cuando empecé a leer y “Serafín” es uno de los puntales de todo ese mundo, por eso lo quiero tanto.

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En pos de su sueño conoce la maldad ¿ahí está su actualidad?

Su vida es un infierno a partir de que llega a la Ciudad de México, todo lo que ve aparecer es verdaderamente infernal, parece que sólo puede ser producto del mal, nada más imagínate lo que es dormir abajo de un árbol o de un portal, que te peten o como le dice el policía “indios mugrosos que sólo vienen a ensuciar la ciudad” ahí tiene mucha actualidad con lo que está pasando, en cómo mandan a los niños a Estados Unidos solos para que luego puedan ir los padres. Son puros Serafines.

¿Conoció el sufrimiento?

En la literatura sufrí con Jean Valjean, sufrí cuando la muerte de D’Artagnan, sufrí con Cossette, sufrí con El Conde de Montecristo, uno no se conforma con vivir una vida, quiere vivir mil vidas y sólo la literatura te lo puede dar. Pero ahora que en el mundo solo importa la imagen yo me siento un poco desconectado, te confieso, sigo siendo un lector obsesivo y este encierro por la pandemia me ha servido mucho para por ejemplo releerme a todo Dostoievski, que es mi autor predilecto. Es mi mundo aunque me estoy acabando los ojos; pero mientras me duren no puedo renunciar a mi vicio, porque además es un placer, la lectura no sólo te enseña y te abre la conciencia, es un enorme placer, yo no me imagino el mundo sin libros.

“Uno no se conforma con vivir una vida, quiere vivir mil vidas y sólo la literatura te lo puede dar. Este encierro me ha servido mucho para por ejemplo releerme a Dostoievski

¿Este niño lo mueve la esperanza?

Tengo una Minucia que dice: “La esperanza es más del cuerpo que de la mente”. La esperanza es algo que es biológicamente inherente a nuestra condición humana y cuando menos lo pensamos la esperanza se manifiesta y claro si no fuera por la esperanza quizás los seres humanos no hubiéramos salido de las cavernas, seguiríamos ahí encerrados, pero siempre la esperanza de mejorar, la esperanza de otra vida, la esperanza del amor, que es fundamental, la esperanza de la salud siempre está presente en nuestra condición humana y en Serafín se manifiesta muy claramente. Él nunca pierde la esperanza.

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¿Serafín es un pequeño héroe?

El puro título ya lo dice, es un pequeño héroe por eso te digo que me refiere mucho a mis primeras lecturas, todo mi trabajo de novelas históricas que ya es posterior una etapa muy posterior de mucha investigación forma parte de lo mismo. Mis personajes son mi familia, estoy más cerca de Madero y de Ángeles y de Bernardo Reyes que de mucha gente que me rodea.

En la novela está muy vivo Dios

Hay una escena donde Serafín abre los brazos, es una figurita crucificada. Pues sí también es algo que yo no puedo evitar tener presente siempre, cada vez más me acerco más a la figura de Cristo, es de alguna manera mi centro fundamental, y también me lo dio desde el principio estudiar con jesuitas, me lo dieron las lecturas, yo creo que no hay novela más cristiana que “Los Miserables”, es algo fundamental en mi vida ese libro que me abrió puertas insospechadas a la fe.

También está muy vivo el macho mexicano

“Serafín” está lleno de símbolos, el padre no deja de ser un macho mexicano arquetípico, la madre una víctima, Serafín también es un arquetipo y bueno el estilo fue fundamental para mí porque también por ahí andan todas mis lecturas que me han marcado de autores mexicanos, españoles y latinoamericanos, por ahí anda Juan Rulfo, sin duda.

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¿Anhelaba revivir esta novela?

Realmente nunca he escrito para vender ni tengo en mente a un posible lector, más bien es una necesidad, a veces hasta biológica, espiritual; ahora que me puse a reescribir “Serafín” me di cuenta que me refería tanto a mi propio mundo de infancia porque yo también viví una infancia muy dura, muy problemática en otro sentido, con muchas carencias económicas, pero yo he hecho de la literatura una forma de vida no concibo otra, por suerte la literatura me ha dado el Sistema de Creadores, el Premio Nacional que me ha permitido sobrevivir sin dedicarme a otra cosa; ya mi jubilé de la Universidad, así que todo este encierro ha sido para mí parte de un mundo que lo he traído dentro siempre.

¿La reescribió durante la pandemia?

Más o menos cuando empezó la pandemia fue cuando empecé a reescribirlo como parte de la soledad y del rescate de lo fundamental de un personaje que estaba allí y que realmente nunca salió de mí, nunca se había ido pero creo que le quise dar nueva vida nuevo aliento.

¿Y desde luego sigue escribiendo?

Como yo escribo a mano, yo lo que espero es que la muerte me agarre con un lápiz en la mano, con eso me conformo.

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Trayectoria

Ignacio Solares nació en Ciudad Juárez, Chihuahua en 1945.

* Es narrador, ensayista, dramaturgo, editor y periodista.

* Autor de cinco libros de cuentos y 18 novelas.

* Entre sus novelas históricas están: Madero, el otro, La noche de Ángeles y Un sueño de Bernardo Reyes.

* Ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de Lingüística y Literatura, del Premio Xavier Villaurrutia y del Premio Mazatlán.

* Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte; y en reconocimiento a su trayectoria fue creado el Premio Chihuahuense de Narrativa Histórica Ignacio Solares.
 

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