Con Malacría (Editorial Sexto Piso, 2025), la escritora Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986) aborda aquellos vínculos oscuros entre las mujeres, aquellos que son heredados y que pasan de generación en generación.

En palabras de la escritora, Malacría es una exploración de las heridas que se heredan, específicamente de madre a hija. “Además de la fascinación por explorar el daño que se hereda, también quise hablar del horror ante la posibilidad de que aquello que nos duele pueda pasarse a las personas que amamos”, refiere la autora en entrevista con EL UNIVERSAL.

Díaz Castelo, quien en su obra literaria ha explorado sobretodo la poesía y el cuento, en este trabajo (su primera novela) se aventura a poner sobre la mesa la relación entre madres e hijas, contrario al gran tema de la literatura sobre el padre ausente. “Se ha escrito mucho sobre la relación con el padre ausente, es uno de los grandes temas de los escritores, pero a mí me interesaba más preguntarme por la madre presente, pero que, de alguna manera, una parte de ella está ausente para la hija”, abunda.

Malacría cuenta la historia de tres generaciones de mujeres, abuela, madre e hija, así como el hilo de violencia que las atraviesa. Desde una desaparición, pasando por la ausencia masculina (un tema que retrata a las familias mexicanas), hasta llegar a temas más profundos como la violación y el incesto, la novela es un retrato de la mujer y las violencias heredadas.

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“Creo que el vínculo entre las madres y sus hijas es sumamente complejo, quizás es más difícil que el que los hijos pueden establecer con sus madres, no lo sé, nunca lo tendré, pero sí considero que tiene una gran complejidad y por eso nació el deseo de la exploración de estos vínculos”, detalla la autora.

A la pregunta de si la poesía no fue suficiente para abordar estos vínculos con sus complejidades, la escritora señala que fue al revés, que la obra nació como novela, pero en la construcción se filtraron los destellos poéticos que caracterizan su obra previa.

“Lo que decidí hacer en este ejercicio fue respetar esa filtración, respetar esa contaminación del otro tono, del tono poético en fragmentos. Lo que sentí en ciertos momentos es que la prosa narrativa tradicional no era suficiente, y tuve que tomar prestado o tomar prestados recursos de la poesía para poder hablar de forma oblicua de lo que quería hablar”, cuenta.

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“El dolor es una de las cosas más difíciles de describir, y es que la experiencia del dolor es una que nos deja completamente solos, no podemos compartirla, pero en la literatura podemos crear esa conexión, por eso en la novela se explora el dolor psíquico de una de las protagonistas. A veces se aborda con ironía, tal vez por la cercana relación que se puede tener con ese dolor”, abunda.

Elisa Díaz Castelo vuelve a la idea de entender cómo las relaciones entre madres e hijas pueden volverse complejas y permanecer atravesadas muchas veces por el dolor, la incertidumbre y, particularmente, la ausencia, a pesar de que, en el imaginario colectivo, el papel de la madre tiene una presencia permanente e incondicional.

“El vínculo entre madre e hija se lastima, la forma en la que se experimenta la ausencia (de la madre) es otra, es otro gran animal esa ausencia de quien está presente, esa ausencia es uno de los grandes temas que me interesan, y que podemos ver que se manifiesta de otros modo”, apunta la escritora.

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Agrega que los personajes de Malacría son partidos también por los secretos familiares, pero hay una búsqueda por detener los ciclos de dolor. “No creo que la novela sea una rendición de lo inevitable, más bien es aceptar los daños que existen, para las protagonistas, reconocer que el daño existe es un primer paso, una de ellas busca que se cierre ese ciclo de heridas, esa es la búsqueda de la novela, que una vez que el daño sale a la luz, las heridas puedan cerrarse y cicatrizar”, agrega.

Acerca del panorama literario encabezado por mujeres, Díaz Castelo señala que en la actualidad se vive una diversidad de voces jóvenes que abordan diferentes temas.

“Se está gestando una diversidad de voces interesantes, la situación es muy diversa, hay voces muy distintas entre sí, por ejemplo, Paula Abramo, Marisela Guerrero, Sara Uribe, Clyo Mendoza, Laura Sofía Rivero y Aura García-Junco, es muy vasto el panorama y eso me gusta”, dice.

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La escritora adelanta que ya está trabajando en un nuevo libro de poesía, y espera que su próxima novela juegue aún más con la influencia poética. “Me gustaría que las fronteras entre estos géneros no fueran claras en lo absoluto, volveré a la novela, pero no tengo prisa”.

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