El libro Gestión cultural comunitaria, de José Antonio Mac Gregor, es una recopilación de textos que han visto la luz en libros y revistas especializadas. Mac Gregor, es consultor internacional de la UNESCO y de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, explica que la pandemia fue el momento perfecto para seleccionar y articular los ensayos que escribió a lo largo de 25 años.
Además, el editor de Helvética, Carlos Campos, revisó la bibliografía y seleccionó a varios de los maestros citados en los textos para solicitarles, a su vez, otros textos breves. Mac Gregor detalla que dividió la obra en tres apartados, los cuales integran 22 capítulos y atraviesan, en el caso del primer apartado, los conceptos de identidad y cultura, pilares —para él— de la gestión cultural. “Es una reflexión más teórica desde la antropología social y tiene un carácter conceptual. Pienso en mis alumnos, en colegas gestores culturales, y procuro un lenguaje muy accesible, procuro llegar con anécdotas, analogías y metáforas a conceptos que pueden ser muy complejos sin llegar a un simplismo”.
El segundo apartado se centra en la forma de hacer gestión cultural comunitaria: “Su principal propósito es, justamente, crear comunidad en un contexto donde el individualismo, la fragmentación social, el miedo, la desconfianza y la profunda desigualdad ameritan una nueva manera, desde mi punto de vista, de entender e instrumentar un tipo de gestión cultural”.
No hay un tipo de gestión cultural, hay varios tipos, señala. “Nosotros partimos de que todos los humanos, pueblos y sociedades crean cultura, crean sus mecanismos de identidad y construyen su memoria colectiva, diversifican los lenguajes para nombrar y entender el mundo; para de esa manera, a través del diálogo como eje fundamental de este tipo de gestión, promover procesos de transformación social. Esa es la propuesta medular”.
Explica que el tercer rubro aborda las políticas culturales y busca enmarcar la gestión cultural comunitaria dentro de políticas exitosas. Políticas que dejan huella en los territorios donde se han impulsado, así como un cuestionamiento a las políticas culturales que desconocen la importancia de la descentralización, la autonomía de los procesos culturales y el derecho cultural de la sociedad para decidir sobre su propia cultura.
Señala que en México el gobierno actual está revisando y corrigiendo ciertos excesos que, a su parecer, se cometieron en la administración pasada. Y ofrece ejemplos: excesos como un centralismo, que en realidad terminó por desconectar de los territorios y la desatención de fideicomisos y programas que fueron fundamentales para los estados.
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“Prácticamente todos los fondos de inversión que se llevaban a cabo desaparecieron. Se centralizó mucho la política cultural y se enfocó hacia un tipo de ‘cultura comunitaria’ —lo diré entre comillas—, donde más que activar territorios y ampliar las capacidades de la gente para desarrollar su propia cultura, se limitó a desarrollar espectáculos que, más que actos de política cultural para el desarrollo comunitario, eran eventos aislados, desconectados, que no generaban procesos. Sumamente onerosos, por cierto. Creo que la actual administración está revisando su relación con los estados. Entiendo que se ha modificado o se pretende mejorar este acercamiento con los estados y municipios”.
Menciona que la administración pasada desapareció el Programa de Desarrollo Cultural Municipal, que funcionaba con un fondo de recursos federales, estatales y municipales. Por otro lado, prevalece el Programa de Apoyos a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC), “un programa pionero, visionario en la Dirección General de Culturas Populares, que, a partir de una convocatoria anual, destinaba y canalizaba recursos directamente. Sin burocracias, sin procesos administrativos complicados, canalizaba directamente los recursos a los portadores comunitarios, portadores de culturas, tradiciones e incluso propuestas innovadoras”.
En particular, afirma, hay que revisar rubros estratégicos como los festivales que, por un lado, pueden ser fantásticos detonadores de procesos comunitarios —se refiere al Festival de la Huasteca— o pueden ser ocurrencias que generalmente son muy caras y de poco impacto.
Por último dice que uno de los mayores problemas del gobierno actual es el recorte sistemático de recursos: “Eso te obliga a una revisión y una visión más estratégica en la cual es necesaria una línea de ampliación de recursos y darle un sentido profundamente comunitario.
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