Feroz y satírica, la mirada que el escritor echa en Fango (Random House), su nueva , sobre el fracaso, el poder político, la criminalidad, la impostura intelectual, el amor, la amistad y la derrota como forma de vida, a través de su protagonista, Benito Torrentera, es más que la continuación de Lodo —aquella mítica novela publicada en 2002 que tuvo gran recepción de la crítica y los lectores—, es el reconocimiento de que ese profesor de filosofía, alcohólico y en decadencia, se convierte en un “héroe minúsculo”, un mexicano que, aunque desencantado de la política, aun cree en luchar y hacer justicia.

“Yo como Benito creo que los héroes son minúsculos y forman parte de la población. No son quienes se arrogan el poder del Führer o el poder del gran dictador, sino personas comunes y corrientes que llevan a cabo todos los días acciones heroicas, sea con su trabajo, con su propia vida, con el trato a los vecinos y al resto de las personas. Benito termina siendo un héroe en minúsculo, pero, al final de cuentas, creo que es lo único que hoy en día tiene sentido. Porque los grandes héroes parece ser que nos hunden más”, afirma el narrador y columnista de EL UNIVERSAL, quien habla de Fango, la novela que se presentará el viernes 23 de enero, a las 19 horas, en el Cine Lido de la Librería Rosario Castellanos del FCE, en una charla con Andrea Magaña, Héctor Iván González y Andrea Sánchez.

¿Benito Torrentera vuelve a Michoacán, donde estuvo encarcelado, ahora en busca del político Santos Degollado?

Él hace una autocrítica feroz constantemente de sí mismo. Vuelve a la libertad en un país que se ha tornado más tecnológico, pero también más brutal, socialmente. La criminalidad que nos lastima tanto está presente hoy en día y de alguna manera Torrentera la sospecha y tiene razón: tecnología y barbarie. No es posible solo asentarnos en la tecnología, en la Inteligencia Artificial, en los grandes progresos científicos; se requiere reflexionar, pensar por uno mismo, leer, vivir para poderse convertir en una persona que pueda decidir sobre gobiernos, su propia vida, de cómo va a llevar a cabo la vecindad con sus contemporáneos.

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Es un México que no merecemos, donde se desprecia al arte y a la cultura de una forma inmisericorde y brutal. Sin arte y cultura no se crean fundamentos importantes para el progreso moral de una sociedad. Sin arte y cultura la misma educación solamente se torna en amansamiento... Por eso Torrentera está decepcionado y alicaído, porque se encuentra ante una sociedad elemental, atrapada en las redes de la tecnología, asolada por el crimen y gobernada por ineptos como su hermano. Esa es una de las cuestiones esenciales tratadas en la novela.

¿Querías ironizar sobre el uso en los tiempos presentes del pasado, el uso de figuras y momentos históricos?

Repito la frase de un filósofo que admiro mucho que decía “el ser humano no es un animal racional, es un animal simbólico”. Y en México podemos certificar que los símbolos son tradiciones momificadas, pero sobre todo reutilizadas para obtener provecho. Mitologías utilizadas para el bien de unos pocos. En eso no hemos cambiado.

Creo que Benito lo dice puntualmente, que seguimos viviendo una especie de guerra florida, como aquellas guerras que llevaban a cabo los aztecas solo para alimentar la sed sangrienta de sus dioses. Hay una relación también entre el pasado prehispánico porque tuvimos un imperio que conquistó a todos los pueblos de Mesoamérica. Leamos la historia e intentemos obtener de ella lo que más nos convenga. No la utilicemos como un mito. Los liberales contra los conservadores. Ya las guerras de Reforma pasaron. Hoy vivimos una sociedad compleja, tecnológica, comunicativa, y absolutamente inequitativa en las cuestiones económicas, entregada a los bancos depredadores, a financieros sin escrúpulos. Entonces, para construir la sociedad que se requiere falta cultura y servidores públicos eficaces y honrados.

Guillermo Fadanelli. Foto: Fernanda Rojas / EL UNIVERSAL
Guillermo Fadanelli. Foto: Fernanda Rojas / EL UNIVERSAL

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¿Es un desencanto de esta ciudad y este México?

Ser rico en un país pobre es una de las acciones más nefastas que acosan a la sociedad humana. Los ricos tendrían que ser de izquierda o ser socialistas. Toda persona que trabaja, que es honrada, que no es criminal, que tiene una buena relación con sus vecinos, debe tener una recompensa por parte de su sociedad. Cuando eso no llega, se esparce un clima de amargura, desencanto, fracaso, angustia cotidiana como la que vivimos en gran parte de nuestro país.

Pero se han destruido las instituciones autónomas.

Es totalmente absurdo restarle autonomía a determinadas instituciones que son instrumentos de la sociedad para defenderse de las dictaduras, de las autocracias, para poder mantener por buen camino la política de nuestra sociedad. No se pueden centralizar las instituciones para apuntalar una idea del bien. Tienen que existir entidades autónomas. Me da tristeza ver cómo se van derrumbando algunas instituciones que se habían construido con el tiempo.

¿Hay más poder centralizado?

No tolero a los políticos dictadores, detesto el fascismo. La política es esencialmente conversación, siempre estoy en pos de la conversación más que del insulto, de la de la discusión en vez de la guerra, de la posibilidad de ponerse de acuerdo y de llevar a cabo un contrato social que sirva, nos funcione y nos ayude a vivir mejor a todos.

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Por eso me apena mucho el desquebrajamiento de las instituciones. Me molesta la imposición de una sola idea del bien y es una lástima que le den tanta importancia a los partidos. Tendríamos que construir otras formas de participación ciudadana y pública que no fueran tan corruptas.

Persiste el desencanto, ¿no ves posibilidad de futuro?

Para Benito, y un tanto para mí, el futuro es oscuro. Se tiende mucho hacia la confrontación, más que a la conversación, creo que los jóvenes y los no tan jóvenes están dejando de pensar, están dejando de reflexionar respecto a los asuntos públicos, entonces veo un futuro nublado. Espero que escarpe un poco. Tampoco encuentro inclinación hacia la buena charla política. Carecemos de estadistas o políticos reflexivos y con amplia visión del pasado y del futuro. Convertimos el pasado en una herramienta mítica para saciar nuestros intereses, para obtener más votos.

¿El reto es complejo?

Definitivamente la palabra más importante para mí en estos tiempos es complejidad. Este es un país complejo, sus estados, sus regiones, su gastronomía, su cultura son parte de un universo extremadamente complejo y siempre gobernado por los peores, aquellos que están al acecho del puesto público, del cuidado de sus propios intereses, de la búsqueda del poder. El poder tendría que ser de la sociedad, quien a través de sus criados, que son los gobernantes, puede encontrar caminos de progreso moral. Que esto vaya a suceder pronto, no lo creo. Yo pienso que ya no viviré para verlo, por fortuna, pero quizás podría ser y depende mucho de qué capacidad tengan las nuevas generaciones de desprenderse de la lacra tecnológica que te convierte en zombie, que te absorbe de tu responsabilidad de pensar. En la medida en que estas generaciones lean, se interesen más por la cultura, por la educación de sí mismos, el conocimiento de uno mismo, como planteaba Sócrates hace tantos siglos... si eso sucede, es posible que en un futuro no muy lejano pueda existir un cambio. Pero no tengo indicios de ello. Incluso soy pesimista al respecto.

¿Benito es tu alter ego?

Todos los personajes van construyendo mi espejo, en el que yo comienzo a reflejarme. Torrentera ocupa, si no el lugar central, uno de los lugares más preponderantes. En Lodo termina en la cárcel llevado por una pasión y aquí en Fango, cuando asesina a uno de estos cobradores de piso de la colonia Roma, intenta llevar a cabo un acto minúsculo de justicia. Él no quiere cambiar todo el país, toda la sociedad, a sus contemporáneos, simplemente lo mueve su odio ante la injusticia. Termina siendo un héroe minúsculo. En mis columnas y en mis artículos regularmente no utilizo nombres propios; no refiero a alguien personalmente, sino más bien a conductas, actitudes políticas, crítica de las instituciones y de los organismos sociales. No tengo el menor interés de hablar de nombres propios en la política, eso sí me arrastraría a un verdadero pantano. Es uno de mis pocos privilegios, escaparme hacia la marginalidad y desde allí poder ejercer la crítica, de lo contrario formaría parte de esa misma red que teje un poder o un círculo vicioso del que no se puede salir. Eso también hace Benito Torrentera.

Fango (Random House) se presentará el 23 de enero en el Cine Lido de la Librería Rosario Castellanos. Participan Andrea Magaña, Héctor Iván González y Andrea Sánchez. Foto: Especial
Fango (Random House) se presentará el 23 de enero en el Cine Lido de la Librería Rosario Castellanos. Participan Andrea Magaña, Héctor Iván González y Andrea Sánchez. Foto: Especial
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