Las en México viven una crisis económica que se acentuó con la pandemia, y en particular con la explosión de plataformas de comercio electrónico de libros, que representan su gran competencia pues dan mejores precios y entregas; sin embargo, lo que ha agudizado la situación que enfrenta el sector librero en los últimos años, es la ausencia de una política pública integral del libro en México que ha cancelado no sólo los programas de apoyo, sino que además no existe un programa estructurado de .

Pese a que en “100 pasos para la transformación” —plan de campaña de la presidenta Claudia Sheinbaum— cita la “República de Lectores” y propone “tasa cero en el IVA a las librerías, a efecto de apoyar su viabilidad financiera”, los espacios no sólo no han sido atendidos por la federación, se mantienen en riesgo constate de cierre, sobre todo aquellos fuera de la CDMX, barriales e independientes; incluso las cadenas libreras han detenido sus planes de expansión o cerrado sucursales.

En la década que va de 2013 a 2023, 248 establecimientos reportados como librerías al INEGI, cerraron sus puertas. Había 2 mil 365 negocios para una población de más de 130 millones.

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Sin más opciones para mantenerse a flote, Bremen, Pequeña Librería cerró hace unos días en Ciudad Juárez. Foto: Hugo Salvador / EL UNIVERSAL
Sin más opciones para mantenerse a flote, Bremen, Pequeña Librería cerró hace unos días en Ciudad Juárez. Foto: Hugo Salvador / EL UNIVERSAL

Las razones de la crisis que vive el sector, son variadas, apunta Claudia Bautista, presidenta de la Red de Librerías Independientes (RELI), “no existen las condiciones de una política pública integral para las librerías. Tanto la Asociación de Librerías de México, como la Red, lo que estamos buscando son medidas clave, necesitamos algo mucho más completo, porque si no solamente estamos atacando síntomas, quizá alguna causa, pero no va a terminar de fortalecer la red de librerías que necesita el país”.

Apunta que las librerías son espacios frágiles por los contextos complicados, “cuando una librería no tiene en sí misma un soporte económico fuerte, una buena administración o no fue bien planeada desde el inicio, está más fragilizada; pero además requiere una política integral, con apoyos, como los tienen otros países, con programas de fomento a la lectura, darle valor al libro y no se reparta de manera gratuita, requiere estímulos fiscales como la Tasa Cero, que hemos buscado, y también que se cumpla el Precio Único a los libros que nos permitiría competir con los gigantes tecnológicos, de lo contrario no hay nada que hacer”.

En la pasada Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, la Asociación de Librerías de México (ALMAC) y la RELI presentaron un estudio sobre los beneficios de cambiar a Tasa Cero el IVA a librerías. El diagnóstico realizado por GEA (Grupo de Economistas y Asociados) muestra la importancia del libro y las librerías, presenta los indicadores de lectura y gasto en libros, y de empleos en el sector y cómo la Tasa Cero debe alinearse con una política integral para el libro y la lectura desde el gobierno federal.

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En la librería Porrúa-Hipodromo se ofertan, además de libros, otros objetos, como bolsas y peluches. Foto: Hugo Salvador / EL UNIVERSAL
En la librería Porrúa-Hipodromo se ofertan, además de libros, otros objetos, como bolsas y peluches. Foto: Hugo Salvador / EL UNIVERSAL

Tan sólo entre 2013 y el 2023 se han perdido 3 mil 443 puestos de trabajo en las librerías, sin contar los costos de mantenimiento, renta, servicios de luz, Internet y pago de impuestos. Gerardo Jaramillo, presidente de la ALMAC, asegura que los datos confirman lo económicamente frágil del sector.

“Con las condiciones económicas que tenemos en el país va a ser muy difícil que se abran nuevas librerías en el futuro inmediato porque de manera formal un emprendedor tiene que considerar aumento salarial, inflación, la inversión inicial que hace el librero, ver si tiene un espacio propio, adecuado, mandar a hacer los libreros, comprar el software, habilitar una bodega, capacitar a los trabajadores, lograr el crédito con las editoriales... la Tasa Cero permitiría que al final del año el impuesto pudiera regresar”, dice Jaramillo.

La Tasa Cero a librerías y el Precio Único a los libros son apenas una parte de la política pública integral que seguirán empujando, porque incluso las grandes cadenas libreras han detenido sus planes de expansión o cerrado espacios, “han reducido el número de sucursales. Por ejemplo, El Sótano llegó a tener 15 o 16 sucursales, hoy cuenta con siete u ocho, Casa del Libro tuvo problemas y Porrúa ha mantenido varias librerías, pero con problemas”.

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La estrategia hallada es la conversión a espacios culturales con cafeterías, galerías, renta para cursos y talleres, organizar ferias, vender en escuelas; “muchas librerías están a punto casi del cierre”, dice Bautista, quien afirma que cuando una librería cierra es porque el propietario agotó todos los medios posibles para mantenerla a flote.

“No he conocido a ningún compañero librero que no haya dicho, ‘estoy a punto de cerrar’, ‘ya no me da’, ‘todos los meses estoy viendo si puedo pagar la renta’. Es una economía muy frágil, y quizás por eso también esta medida de la Tasa Cero es un respiro”, apunta la librera que desde la RELI emprende el Observatorio de Librerías, que es un mapeo de librerías en todo el país, y que entre los datos que arroja es que la mayoría de las librerías independientes las sostienen mujeres.

Dos de esas mujeres son Lorena y Cecilia Mondragón, hermanas que tras tres años de labor, se vieron obligadas a cerrar Bremen Pequeña Líbrería en Ciudad Juárez, hace unos días. “Lo más desafiante fue construir una base constante de lectores y compradores dispuestos a invertir en literatura independiente. Estos libros suelen tener precios más elevados debido a sus procesos editoriales, y aún falta tiempo para que un público más amplio se acerque a este tipo de propuestas”, afirma Lorena, quien dice que las limitaciones de tiempo y ventas volvió difícil sostener el proyecto a largo plazo.

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No considera que abrir una librería en México sea un mal negocio. “Existen muchos proyectos libreros que están creciendo y consolidándose, no sólo en la Ciudad de México sino en otras regiones del país”, sin embargo, ahora Juárez se queda sólo con cinco librerías no literarias. “No vemos el cierre como un fracaso, sino como un proyecto realizado con amor y compromiso hacia la literatura, que nos dejó aprendizajes valiosos sobre la realidad de gestionar un negocio cultural”, afirma.

Tener un sólido programa federal de fomento a la lectura que forme nuevos lectores —ya hay un consumidor cautivo—, contar con cifras, políticas públicas integrales que incluyan impuestos y seguridad social para libreros ayudaría a hacer más sólida la gestión de librerías para que sean un negocio rentable. “Son muchos elementos que se requieren y tienen que venir varios desde el Estado, con política pública”.

Aunque Bautista y Jaramillo afirman que hay interés desde el Fondo de Cultura Económica en la Tasa Cero —poseen más de 110 librerías con Educal—, no han hecho gestión para darle Tasa Cero a las librerías como lo tiene la edición de libros, periódicos y revistas.

“La Tasa Cero es una solicitud de todo el sector librero... para las librerías chicas sería sobrevivencia; para las medianas sería la consolidación, y para las grandes, abrir más sucursales”, concluye Jaramillo.

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