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Pasión, vocación y emoción son tres características que singularizan a cualquier estudiante de educación superior. Sin embargo, por la biografía de las palabras, la historia de nuestra institución y el anhelo de pertenencia a un proyecto trascendental, individual y social, la Universidad Nacional y su sentido de la autonomía, entendida como el ejercicio responsable de la libertad y del poder, configuran en su horizonte el despliegue de convergencias y divergencias cuyos emblemas se sustentan en las libertades de cátedra y de investigación. De ahí que las razones fundacionales de la UNAM y de cada una de sus escuelas, institutos y facultades representan históricamente relatos de ciencias y humanidades cuyos contenidos desentrañan, por su razón de ser, el espíritu curioso, creativo y dialéctico del conocimiento. Por lo anterior, las aulas de nuestra Casa de Estudios están preñadas de anhelos, historia e incluso mitos que interpretamos y reinterpretamos, dándoles sentido y consecuencias que invocan una y otra vez a nuevas creaciones.
Cuando hurgo la retrospectiva, así como cuando semblanteo alguna prospectiva de la institución en la que me formé y a la que pertenezco, me doy cuenta de la elasticidad del tiempo y de la permanente búsqueda de la Universidad Nacional por continuar, entre oposiciones y afinidades, un proyecto innovador, crítico y propositivo que le da talento y talante a nuestro espíritu universitario y, por supuesto, todo al servicio de la sociedad.
Es una universidad de masas y, por lo mismo, tan plural como la imaginación y tan incluyente como la diversidad, lo que hace de ella un permanente desafío en la conducción del proyecto y en el comportamiento de quienes la entendemos como el arco de inflexión de un antes y un después de haber estudiado en ella y con ella. Es entonces que la metáfora de alma mater cobra sentido y suena y resuena en el eco inacabable de la gratitud.
La condición humana, entre otras características, es compleja, contradictoria, fragmentada y sorpresiva. Explicarla y, en su caso, justificarla ha sido y es el trabajo titánico de grandes pensadores a los cuales estudiamos, analizamos y reinterpretamos de manera multi e interdisciplinaria en nuestra Casa de Estudios. A partir de ahí planteamos nuevos paradigmas e innovamos a fin de que, mediante la antítesis, el conocimiento despliegue en nuestro horizonte reflexiones y construcciones que tiendan a enriquecer el deseo del saber en nuevas generaciones. He ahí el compromiso inagotable y el significado metafísico de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Difícil es, por lo mismo, ignorar o ser malagradecido con nuestra institución educativa y, a la vez, política y social. Una analogía imperfecta y verdadera que aventura la inacabable existencia del fuego prometeico y de la cultura; símbolos del sentido existencial y arquetipo, en lo general, de quien egresa de la UNAM. Decir gracias es un hecho social fundamental en las relaciones humanas, pues fortalece el presente y nos da acceso al futuro prometedor en la construcción siempre útil y anhelada de la utopía. Consecuentemente, apoyar con benevolencia y destinar tiempo, esfuerzo y, en su caso, recursos financieros a la Fundación UNAM es un acto de nobleza, gratitud, responsabilidad y honorabilidad.
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