En 1971, un lote de 16 pinturas llegó al Museo Nacional de San Carlos (MNSC). El grupo de obras lo recibió la Secretaría de Hacienda como una forma de pago de una deuda que tenía la sucesión del empresario sueco Axel Wenner-Gren con el gobierno de México por ayudar a diluir su empresa Banco Continental. De acuerdo con documentos oficiales reportados en el libro La cruz del Sur: Axel Wenner-Gren, el espía que México protegió, de Santiago Bolaños y Jorge Ruiz Esparza (Editorial Ink, 2014), el conjunto de pinturas, valuado en 81 millones de pesos, pagaba casi toda la deuda, que era de 93 millones 775 mil pesos.
Las obras eran valiosas por ser de artistas como Jan Brueghel, Piero de Cosimo, Lucas Cranach, Anthony van Dyck, Sandro Botticelli, Francisco de Goya, Tintoretto, Peter Paul Rubens y Rembrandt van Rijn. Pero con el paso de los años, el museo mexicano cambió la autoría de las obras de estos últimos cinco artistas a “taller de Botticelli”, Agustín de Esteve y Marqués, “Anónimo”, “Autor no identificado” y “copia de una pintura de Rembrandt”.
¿Por qué ocurrió esto? En entrevista con EL UNIVERSAL, Jorge Reynoso Pohlenz, director del Museo Nacional de San Carlos, reflexiona sobre los motivos por los que se ha puesto en duda la autenticidad de estas obras.

“El asunto es que con las obras no existe una especie de CURP o elemento incontrovertible con respecto a la autentificación. Es un poco como pasa con las teorías científicas, en la medida en que hay un grupo de especialistas que están a favor, gana convencimiento”, dice Reynoso Pohlenz, quien recién cumple un año frente al museo.
El también museógrafo explica que con el paso de los años, ha surgido nueva información y más tecnología que permite que los datos de las obras sean revisados, corregidos o actualizados, según sea el caso.
En la colección original se indica que están las pinturas Cabeza de muchacha y Autorretrato de juventud de Rembrandt, aunque el MNSC dice que la primera es una copia de Wilhelm van Bode y la segunda de un autor no identificado. A su vez, el recinto considera que Retrato de hombre negro y Cabeza de hombre, originalmente atribuidas a Rubens, son de autores no identificados.
“Es muy difícil hacer una autentificación incontrovertible, porque hay copias de ellos desde la época en que estaban vivos, eran tan famosos que se hacían copias de ellos. Haces el análisis físico y las pinturas y soporte corresponden con (la época de) Rembrandt, siglo XVII, pero decir con total certeza que es un Rembrandt es muy difícil. Rubens quizás fue el pintor más famoso de su tiempo, tenía prácticamente una fábrica de pinturas y tuvo muchísimos alumnos, del mismo taller surgieron muchas copias”.
El artista veneciano Tintoretto, cuya obra Retrato de un consejero ahora se maneja como copia de un anónimo, también trabajó en un contexto de producir de forma masiva en un taller, añade el experto.
Al preguntarle qué tuvo que pasar para cambiar el autor de Retrato de la Marquesa de San Andrés, que era Francisco de Goya, a su discípulo Agustín Esteve y Marqués, el director comenta: “Hay una relación entre especialistas mexicanos y especialistas españoles muy estrecha” y recordó cómo en el Museo del Prado corrigió que la pintura El Coloso no era de Goya, sino de uno de sus estudiantes.
“Hay una producción en donde hay obras atribuidas a Goya, pero que son de un círculo en torno a Goya. Ha ido aumentando la bibliografía. Uno de los elementos que también ha influido es el Internet”.
El cambio de autoría en obras del museo no sólo ha ocurrido con la colección de Wenner-Gren, el director recuerda el caso de la pintura San Juan Bautista Niño, que estaba atribuida al pintor Ingres:
“Se compró como Ingres, (pero) como no existe ningún dibujo, referencia, carta en que Ingres escriba que está haciendo un San Juan Bautista Niño, pues empieza a haber duda con respecto de dónde salió”.
Aunque las buenas noticias tampoco le son ajenas al recinto, un ejemplo de ello fue La Sagrada Familia, pieza que también fue de Wenner-Gren, que en septiembre pasado Christopher Daly, un especialista de arte renacentista del MET de Nueva York, tras una investigación, concluyó que era un Sandro Botticelli auténtico.
Desde esta noticia, Reynoso Pohlenz dice que en publicaciones especializadas ha visto que se ha tomado como referencia este trabajo y que aumentó ligeramente el número de visitantes al recinto.
El director del museo alienta la investigación del acervo, siempre teniendo en consideración la preservación y resguardo de las obras. También añade que además de la tecnología, las tendencias también repercuten en los proyectos de autentificación:
“Hay más acceso a materiales, eso incrementa el conocimiento. Otro elemento importante es que a finales del XIX y principios del XX había una búsqueda por autentificar obras. Ya más recientemente ha habido una corriente de primero buscar a los otros creadores, como el pintor mulato que trabajó con Velázquez y las mujeres que estaban en los talleres, se comenzó a diversificar y deconstruir un poco el mito del artista genio”.