Efrén Hernández es singular en muchos sentidos, afirma Alejandro Toledo (Ciudad de México, 1963), escritor y editor del primer tomo de la nueva edición de las obras completas de Hernández publicadas por el Fondo de Cultura Económica:
“La mezcla de Efrén es curiosa porque, por un lado, tiene una educación muy del Siglo de Oro, de los poetas clásicos; y por el otro, su narrativa busca vericuetos y hace castillos en el aire; con asuntos aparentemente inconexos arma un gran cuadro”, afirma y explica que Hernández no sólo puede ser un narrador raro en el presente: incluso, entre sus contemporáneos, fue un autor original.
“Siempre está la cuestión de dónde ubicar a Efrén. Algunos lo han puesto en la lista de los contemporáneos y otros no lo aceptan como parte de esa generación. Octavio Paz lo ubica en alguna oficina pública junto a Xavier Villaurrutia y habla de ellos dos, pero siempre se escapa Efrén a esas definiciones”, continúa.

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Hace unos 20 años, Toledo trabajó, prácticamente solo, las obras completas de Efrén Hernández, un esfuerzo que desembocó en la edición publicada en 2007.
Desde entonces —abunda— ha habido mucho trabajo y nuevos proyectos respecto a su obra; menciona, entre otros, la publicación "Casi sin rozar el mundo" y otras piezas teatrales (La Rana, 2023), que compila su teatro, así como la labor de El Colegio de San Luis en torno a Hernández.
“A partir de estos nuevos especialistas académicos surgió la idea de revisar el trabajo que hice 20 años antes”.
Uno de los puntos de partida fue, entonces, el volumen de obras que vio la luz en 1965 a cargo de Alí Chumacero. Se trató, cuenta, de algo relativamente sencillo: tocar la puerta de la casa del hijo de Efrén, Martín Hernández, y preguntarle si tenía papeles de su padre. La respuesta fue que sí, que había muchos. Toledo fotocopió, revisó el material y encontró que mucho de él estaba inédito y disperso.
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El objetivo fue publicar no sólo un tomo de obras de Hernández, sino adentrarse en el proyecto de sus obras completas: “Incluso, aquí mismo, la bibliografía de Luis Mario Schneider sirvió para ver qué es lo que no estaba reunido. Hubo que buscar lo que faltaba y preguntar a la familia qué había en los papeles. Hace 20 años hice ese trabajo; ahora lo estamos renovando con apoyos académicos y afinando lo que entonces se hizo. Yo decía que me había convertido en el secretario particular de Efrén Hernández, que él me pasaba sus textos y yo los iba metiendo a la computadora, sin posibilidad de que pudiéramos dialogar mucho sobre ellos”, apunta.
En otras palabras, tras agotarse el primer tomo de las obras de Hernández, se decidió revisar y afinar lo ya hecho en lugar de darle cabida a una mera reimpresión. Además del material inédito rescatado en aquellos años, uno de los textos más importantes fue “Trenzas”, que se agregó en la edición más reciente: “Un cuento importante porque apareció el mismo año que salió ‘Tachas’; estaba consignado como el primer libro publicado de Efrén”, señala Alejandro Toledo, y precisa que el mérito de los nuevos especialistas, en particular de Juan M. Berdeja, fue haber encontrado “Trenzas”.
Sobre “Tachas”, el cuento más conocido y antologado de Efrén, menciona que la primera edición tuvo un prólogo de Salvador Novo y que al propio Efrén le quedó el apodo de “Tachas” o “Tachitas”. Afirma que se volvió su arranque, una especie de punto de partida. “La idea de esta nueva edición es ir más allá de eso y demostrar que la obra es más que un solo cuento”.
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Desde hace unos meses, el segundo tomo ha estado en proceso de revisión e investigación. Entre el material poco conocido, hay un poemario llamado Hora de horas, que es descrito por Toledo como una especie de borrador de la poesía de Efrén Hernández.
Un eslabón más es la recopilación de la correspondencia del escritor con Beatriz Ponzanelli, quien fuera su esposa, y tres cartas que Efrén le mandó a Juan Rulfo, así como correspondencia con Rosario Castellanos y Dolores Castro. “Estamos viendo qué aparece. Ahora, estoy indagando con la familia Ponzanelli para ver si tienen algún material porque Efrén fue muy amigo del escultor Octavio Ponzanelli”.
“Por autorización de Clara, me dieron no sólo una carta, sino tres que están en los archivos de la Fundación Juan Rulfo. Tengo el proyecto de recopilar la correspondencia relacionada con Efrén. Ahí se ve un poco cuál era el trato entre Rulfo y Efrén; cómo le da consejos de escritura y de vida en esas tres cartas. Se ve que Rulfo le mostraba sus papeles y Efrén le daba consejos. Y del único de quien Rulfo habló directamente como un maestro fue de Efrén. Hay un texto muy famoso donde él cuenta cómo conoció a Rulfo en una oficina pública, cómo se acercó a él y lo convenció para que le mostrara sus papeles. Es una notita que sirve como presentación para el cuento ‘La Cuesta de las Comadres’, que apareció en la revista América. Efrén también fue uno de sus primeros editores”, concluye Toledo.