“El ‘quedarnos calladas’ es por una sociedad que nos violenta”

Llega al Museo del Chopo Voz pública, de Dora Bartilotti, que busca amplificar la protesta en contra de la violencia de género; abre el jueves 25, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

escuadrón de Voz Pública
Las pasachas de la rebelión textil, primer escuadrón de Voz Pública. Acción en Medellín, 2019. Fotos: Cortesía de Dora Bartilotti/ Platohedro.
Cultura 22/11/2021 02:44 Sonia Sierra Actualizada 10:31
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Voz Pública es una obra de la artista Dora Bartilotti, un proyecto de arte participativo que define como una propuesta para amplificar la protesta en contra de la violencia de género, en el contexto urbano de Latinoamérica, y que el 25 de noviembre se inaugurará en el Museo Universitario del Chopo.

Desde 2018 Dora Bartilotti trabaja con la propuesta de Voz Pública, que surge de un contexto donde de violencia -dice la artista-- por el simple hecho de ser mujer o ser feminizades o salir de la norma. “Vivimos en un contexto que es todavía bastante misógino, bastante machista, y que se expresa a través de distintas prácticas sociales y de diversas tradiciones; todo eso se da en distintos ámbitos: laborales, académicos, económicos, culturales, en el espacio público y en el privado.

¿En qué consiste el proyecto Voz Pública?

-Funciona en tres partes vinculadas entre sí. La primera es una plataforma en línea de participación y visualización. Es un espacio para que mujeres, “cuerpas” feminizadas y no “binaries” puedan compartir experiencias, vivencias personales relacionadas a este tipo de violencia de género; lo pueden hacer de manera textual y anónima, desde su propio dispositivo móvil. Esas aportaciones se juntan en una base de relatos que está estrechamente vinculada con las otras partes del proyecto. La segunda es un textil electrónico que retoma todas estas narrativas y las amplifica en el espacio público. Para ello, está diseñado con un sistema de computación móvil; se conecta a internet, retoma los relatos compartidos en la plataforma en línea, y los pasa a la voz a través de un programa. La portadora del textil va a las calles con todas las voces, amplificándolas, dándoles presencia física, y ocupando el espacio público para que puedan ser escuchadas las demandas; el textil electrónico hace referencia al contexto latinoamericano y a la lucha feminista. La tercera parte del proyecto, que considero la más interesante y divertida, es la de los laboratorios de la rebelión textil, son espacios de encuentro para el intercambio de saberes, para la convivencia y la reflexión sobre todas estas temáticas a partir de la relación cuerpo territorio; al final, “les participantes” desarrollan sus propios dispositivos textiles electrónicos, se generan acuerdos colectivos, y vamos a la calle finalmente con la rebelión textil a amplificar estas voces.

Se trata de generar una forma de denuncia y demanda colectiva también por ese derecho a la ciudad, que en cierta forma se ha perdido por la pérdida de la posibilidad de “nuestras cuerpas” en el espacio porque todo el tiempo podemos ser violentadas. El proyecto lleva seis activaciones en Medellín, Tlaxcala, Oaxaca, Xalapa y Ciudad de México.

¿Por qué lo textil?

-La pregunta era como amplificarlo en el espacio público; y justo lo textil es algo que portamos cotidianamente y se podía apropiar, como prenda, para convertirla en lienzo de protesta.

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El cuerpo como territorio; mapeo de violencias. Foto: Dora Bartilotti.

¿Cuántas personas han dejado sus testimonios? Es algo que siguen haciendo?

-Es un proyecto activo justo a través de la plataforma. Van por ahí 150 aportaciones. Es un espacio de participación, y cualquiera puede participar cuando quiera, las veces que quiera. Esto pone sobre la mesa la pregunta sobre qué estamos entendiendo por violencias. Hay experiencias muy variadas, pero también patrones coincidencias; eso tiene que ver con todo un estado, un sistema patriarcal que está entramado también en las prácticas sociales.

¿Qué comunica la gente?

-Hay cosas muy potentes. Desde relatos de núcleos familiares muy potentes como del tipo “mi padrastro me violó durante tantos años”, los que cuentan que le dijeron a la mamá pero que no les creyó u otras historias que parecen absurdas, como una madre que camina por la calle con su hija y que unos hombres se acercan y le gritan que qué rico, que le harían otro; y es eso, piropos muy ofensivos, y el piropo está tan sumergido en esta sociedad que la gente cree que no es violencia cuando la verdad es que es acoso callejero; entonces hay narrativas de acoso callejero, de violencia, de cómo son contadas las historias por esta pedagogía de la crueldad que se siembra desde los medios de comunicación.

¿Qué te impactó tuvo por ejemplo de Tlaxcala?

-Tlaxcala, como se sabe es uno de los estados más golpeados por la trata de personas, la trata de “cuerpas” feminizadas; me contaban de lugares que son enclaves sitiados por el crimen organizado, nadie entra ni sale si no es parte de esa comunidad de crimen, donde retienen a las mujeres y ejecutan formas de explotación de los cuerpos de manera violenta.

¿Qué opinión tienes en este 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer) de lo que vive el país ante la violencia de género?

-Creo que aun hay muchas cosas que cambiar, se ha avanzado en la materia legal, pero falta mucho: varios estados no aceptan cambios, perolos cambios no pueden venir sólo de lo jurídico, se tiene que trabajar especialmente desde el tejido social, qué sucede con la educación en las prácticas con los “otres”, porque hay un castigo, pero ¿qué más? Debe ser desde la educación.

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Textil electrónico en forma de falda. Resultado de los proceso de Rebelión texil. Foto: Platohedro

Voz pública habla del daño por callarse y guardar las violencias...

-Sí totalmente, el ‘quedarnos calladas’ tiene que ver con una sociedad que nos está violentando, y está neutralizando esas voces. Muchos argumentos son: “¿por qué te quedaste callada?, ¿por qué hasta ahorita?… “Bueno, lo digo ahorita porque tuve un proceso donde de apoyo y la libertad para hablar de esto”.

Las luchas feministas, las luchas de los líderes medioambientales y de las madres por sus hijos desaparecidos nos han ayudado, al igual que las prácticas artísticas, para reclamar justicia.

Dora Bartilotti (Veracruz, 1988) estudió Diseño y Comunicación Visual en la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM, con especialidad en Audiovisual y Multimedia. Actualmente reside y desarrolla sus proyectos en la Ciudad de México. Su trabajo busca generar diálogos críticos entre el arte, el diseño, la pedagogía y la tecnología. Desarrolla “Costurero electrónico”, programa pedagógico de arte contemporáneo y encuentro tecnofeminista. Es beneficiaria del programa Jóvenes Creadores 2020-2021.

Voz Pública se abre en la galería Arnold Belkin del Museo Universitario del Chopo, el jueves 25 de noviembre. El museo abre de miércoles a domingo, de 11:30 a 17 horas, Dr. Enrique González Martínez 10.

“Las luchas feministas, las de los líderes por el ambiente, las de madres por sus hijos, y las practicas artísticas, nos han ayudado para reclamar justicia”:  Dora Bartilotti, Artista.

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