"El feminicidio de mi hermana es el nudo de mi escritura": Cristina Rivera Garza

Recuperar con la palabra la vida y la voz de su hermana, y exigir justicia son el eje de "El invencible verano de Liliana"; la novelista pide que quienes tengan información lo denuncien

Guardando favorito...
"El feminicidio de mi hermana es el nudo de mi escritura": Cristina Rivera Garza
Cristina Rivera Garza, escritora. Foto: CORTESÍA JOHN D. & CATHERINE T. MACARTHUR FOUNDATION

“Crímenes de esta magnitud nos marcan a las familias que somos víctimas y a las familias del perpetrador. De una manera muy perversa estamos unidos. La única manera como esto puede deshacerse es luchando contra la impunidad y trayendo este asunto a la justicia. Quien protege a un feminicida no se da cuenta de  que esta es una cuenta pendiente, que se tiene que pagar, lo hará su generación o lo harán generaciones posteriores, pero mientras no haya justicia esta es una cuenta que van a heredar sus hijos, sus nietos, sus bisnietos, sus tataranietos, hasta que no se cumpla la justicia. Al proteger a un feminicida, lo que están haciendo es heredar una maldición a su familia y nos están encarcelando a las familias de  las víctimas”.

Así termina Cristina Rivera Garza (Tampico, 1964) la entrevista acerca de su libro "El invencible verano de Liliana" (Literatura Random House), un libro que contiene la historia del feminicidio de su hermana Liliana (1969-1990), hace 30 años, en Azcapotzalco, por el cual se acusa a Ángel González Ramos, prófugo desde entonces.

Es, por una parte, la historia más importante que la escritora tenía que contar y, es por otra parte, una demanda “visible y directa” de exigir que se haga justicia. Con la editorial se ha abierto el correo [email protected] para que quienes tengan información de los hechos o del paradero del presunto asesino puedan enviar información.

También lee: “¿Qué vamos a hacer con los violentadores? Es el reclamo de todo el país”: Sandra Lorenzano

cult_liliana_125543330.jpg
En la marcha de marzo de 2021, la periodista Daniela Rea recordó a Liliana Rivera Garza

¿Sabías que tenías que escribir este libro?, ¿qué decisiones tomas?, ¿qué sí hacer o qué no en el libro?

Este es un libro que había intentado escribir muchas veces antes y que no había podido; nunca había encontrado la forma y cada intento me parecía que desmerecía lo que yo quería hacer. Hay una serie de circunstancias que se conjugaron para pensar en que era una tarea impostergable. Primero, el miedo que da que la memoria de Liliana pudiera ser borrada de la Tierra puesto que los que la recordamos nos acercamos, cada vez más, a edades en que todo puede pasar. Por otra parte, que existe ahora el contexto en el cual una historia como ésta puede ser enunciada. Finalmente para mí es importante contrarrestar el trabajo del asesino —que es silenciar y desaparecer a una mujer—, y hacer una demanda muy visible y muy directa de justicia. Sin esos tres elementos no me habría atrevido a ir de regreso a la casa de mis padres, y abrir las cajas en donde encontré literalmente la voz de Liliana; no es una voz que haya inventado, producto de la ficción, sino es una voz que ella construyó, a lo largo 20 años, en un archivo muy meticuloso.

Este es un libro para exigir y demandar justicia; todas las decisiones literarias, de mi trato con el lenguaje, están guiadas con este fin. Por eso está la foto del presunto asesino, y por eso hemos creado en la editorial el  correo [email protected] para que todo el  que haya visto algo o tenga información, o nos pueda dar una pista sobre el paradero de Ángel González Ramos, lo haga ahí.

También lee: Novelistas de América Latina confrontan con sus libros la violencia

cult_liliana_2_125543315.jpg
Pintas en memoria de la joven asesinada. Foto: Especial

Escribes:  “Uno nunca está más inerme que cuando no tiene lenguaje”. Nos ha faltado el lenguaje para reconocer violencias...

Lo que hemos tenido es un lenguaje hegemónico, patriarcal, que nos ha enseñado a culpar a la víctima, a justificar la violencia de los feminicidas, desde la vida cotidiana, hasta las canciones amorosas y la ideología del amor romántico... Por eso es importante reconocer la labor histórica de múltiples feminismos y de múltiples movilizaciones de mujeres, el esfuerzo enorme que han hecho por llamarle a las cosas por su nombre. Uno de los grandes triunfos fue el establecimiento de la figura del feminicidio en el Código Penal, en 2012. Mientras más podamos nombrar con claridad la violencia que nos acosa, nos golpea y nos rodea, vamos a ser más capaces de luchar en conjunto contra ellas. Ojalá que este libro sirva también para ese fin, para contribuir a la producción de ese lenguaje que nos permita ver de frente, reconocer y prepararnos para luchar contra esa multiplicidad de violencias.

¿Cómo fue deshacer los pasos, ser arqueóloga, mirar las cosas que ella había mirado; hacer esa ruta?

Una de las cosas es que la Ciudad de México es un personaje importante en este libro, y no son itinerarios turísticos; estamos recorriendo lugares que no aparecen en los anuncios de publicidad del turismo contemporáneo. Ha sido muy importante, y cada  vez más en mis últimos libros, combinar este trabajo de estar frente a la pantalla y no olvidar que el cuerpo tiene una responsabilidad de posesionarse allá afuera.  Ver lo que sus ojos vieron es una forma de mantener esa memoria  viva no sólo metafórica sino físicamente.

También lee: “Los libros, termómetro de nuestras libertades”: Irene Vallejo

¿Se halló el expediente que buscas en el libro?

Preferiría no hablar de eso. Diría que el libro de alguna manera es mi intento de hacer el expediente. En un inicio nace muy hermanado de eso que una burócrata del Ministerio Público me dijo: que los expedientes no viven para siempre. No sé si en el papel esta frase tenga la fuerza que tuvo en mí, de pensar con un terror inaudito que si yo moría, que si mis padres morían, nunca nadie iba a recordar la vida de Liliana. El primer impulso del libro nace de este esfuerzo de restitución; ahí está lo que yo pude hacer con la ayuda de muchos, para hacer  no que  un expediente, sino una persona pudiera ocupar un espacio del que nos fue arrebatada tan injustamente.

cult_cristina_rivera_publicacion_125543316.jpg
La imagen del presunto asesino, en La Prensa, en 1990. Foto: CORTESÍA

La violencia como fantasma ya estaba en tus libros…

Creo que he tratado este tema de múltiples maneras y ha sido un constante esfuerzo de entender esta historia que es la historia de mi vida, es la historia fundamental. El feminicidio de mi hermana es el nudo de mi escritura. Desde mi primer libro hasta el más reciente, es  un tema que no he dejado ir, y no lo he dejado ir porque es la historia más importante que tenía que contar. Finalmente, gracias a la voz de Liliana, lo pude hacer esta vez.

También lee: Hace casi 100 años una mujer fue juzgada por defenderse de su violador; así fue como consiguió justicia

Señalas que “la ceguera social ha contribuido al asesinato de miles de mujeres”.

Una de las cosas que reflexiono es que este individuo no hubiera podido escapar si no hubiera tenido la protección de un círculo cercano de la familia, los amigos, la gente que cree que arrebatarle la vida a una mujer no es tan grave. Se nos ha educado en esta tradición de la balada romántica que justifica la violencia hacia las mujeres con el disfraz del lenguaje amoroso. Hay toda una suerte de estereotipos y de bruma ideológica que sigue amparando hasta el presente al asesino.  Hay toda una labor cultural de la cual formamos parte y que es importante analizar, desmenuzar, ver ahí los peligros. Por años a estos crímenes, a estos feminicidios,  se les llamó crímenes pasionales; el arrebato de celos justificaba, como una muestra de amor radical, el quitarle la vida a una persona. Como si un hombre perdiera el control de sus emocionales y algo fuera de sí lo hubiera obligado a matar. Verlo como extraordinario es un estereotipo que ha justificado la violencia masculina contra mujeres, un estereotipo que hay que ir deconstruyendo donde quiera que lo encontremos.

Por eso algo muy importante ahorita, cuando tenemos desde 2012 la figura del feminicidio en el Código Penal, es cuándo vamos a empezar la conversación para cambiar el cómo llamamos los crímenes de todas las mujeres que sabemos que murieron por feminicidio y no por un crimen pasional.  Hay que empezar a llamar esos asesinatos del pasado por su nombre. Liliana fue asesinada hace 30 años y eso no fue un crimen pasional; fue un feminicidio.

También lee: Más de 5 mil huérfanos por feminicidio, desde 2018

El actual gobierno parece temer al diálogo con las mujeres; su discurso no lo entiende...

Creo que hay una tradición larga que no sólo le pertenece a este régimen, en la que la hegemonía patriarcal no sólo ha permitido sino justificado la invisibilización de las mujeres en múltiples niveles. En eso este gobierno no es único.  Con la instauración del neoliberalismo, en los 90s, hay una irrupción de esta violencia muy enfocada contra el cuerpo de las mujeres y un discurso encargado de encubrir la violencia porque, por supuesto, la práctica y el discurso feministas —en plural porque no hay solo uno— son peligrosos para el poder en general. Estamos analizando los fundamentos mismos sobre los que se asienta el poder patriarcal. Por eso para mí es importante apoyar, participar, contribuir a este tipo de  movilizaciones. La rabia de las nuevas generaciones que se encargan de tomar la calle y poner en el espacio las críticas contra una impunidad reinante, es justificada. Si hay alguna oportunidad de futuro, es  el futuro  lúcido, contestatario, el futuro que propone otro sistema de vida; está entrenzado con estos feminismos y con movilizaciones de mujeres que pueden o no ser feministas pero que con su acción están tocando críticamente las bases del patriarcado y su representación máxima en el Estado.

cult_el_invicible_verano_de_liliana_125543328.jpg
El invencible verano de Liliana ( Literatura Random House) contiene la historia del feminicidio de Liliana Rivera Garza hace 30 años

“En lo más crudo del invierno aprendí al fin que había en mí un invencible verano”, de Albert Camus, da nombre al libro y está en las cartas de tu hermana…

Entre las cosas que recogimos muy al inicio de su casa, estaba en su restirador esta frase, escrita en mayúsculas, en grande… de hecho, la tenemos enmarcada en mi casa, era una frase importantísima para Liliana. Lo que no sabía era que la había repetido tantas veces, que era una parte estructural de su persona; por eso supe que era el título  de mi libro.

También lee: Asfixiadas y descuartizadas: normalizan crueldad en feminicidios

Cristina Rivera Garza habla de otros estereotipos que existen en la sociedad. Uno de éstos es frente a la mujer creadora,  “la que se suicida o la loca de los gatos”. Esta forma de ver –analiza—, ha impedido a muchas tomar un camino legítimo de vida: “Hay muchos estereotipos  que nos han maniatado, silenciado. Es muy difícil decir una historia tan compleja como ésta en un medio que, de manera muy directa, está continuamente culpando a la víctima y continuamente culpando al asesino.   Mi hermana no es una santa, es una mujer joven, enfrentándose a la vida, tomando decisiones. Y  contar esto con complejidad requiere ir contra este lenguaje estereotipado que nos ha maniatado por muchos años. Por eso creo en la capacidad crítica de la escritura; por que no nada más se trata de contar historias sino de poner en juego esta relación crítica con el lenguaje, en la forma y en el fondo. Por eso creo que sigo escribiendo y aquí lo hago con mi hermana; y lo digo en el libro, en esas épocas era la verdadera escritora de la familia”.

Guardando favorito...

Recomendamos

Comentarios