Cultura

Eduardo Antonio Parra y Carlos René Padilla desentrañan en la ficción el asesinato de Trotsky

Los autores indagan en el México del pasado y escriben a cuatro manos "La Torre de cristal", a manera de thriller

Los escritores Eduardo Antonio Parra y Carlos René Padilla lograron un reflejo del México actual sin que fuera su propósito. Foto: Penguin Random House y René López
17/06/2026 |03:53
Yanet Aguilar Sosa
Reportera de la sección CulturaVer perfil

Aunque La Torre de cristal (Alfaguara) no deja de estar inmersa en el contexto internacional con una conspiración orquestada desde el Kremlin, lo que les interesaba a los escritores Eduardo Antonio Parra y Carlos René Padilla al escribir a cuatro manos la novela es desentrañar desde la ficción el asesinato de León Trotsky, pero desde el México doméstico, habitado por las cloacas del gobierno cardenista, los líderes sindicales, los artistas y hasta el fanatismo religioso.





“Era uno de los momentos más álgidos de la historia del México moderno, se estaba conformando el país. Había muchos cambios políticos, muchas batallas por debajo de la mesa, y en medio de todo eso se da el asesinato de Trotsky, que se convirtió en el epicentro, así lo vemos desde nuestra perspectiva casi siempre. Vemos la expropiación petrolera, todos estos cambios, pero siempre sale a relucir el asesinato de Trotsky”, afirma Eduardo Antonio Parra.

El narrador reconoce que desde que era niño escuchó del asesinato de Trotsky. Su abuela siempre hablaba muy mal de los rusos porque, decía, vinieron a matarlo hasta acá. Así que, en una conversación de cantina con Carlos René, coincidieron en contarlo a manera de Thriller y desde un punto de vista particular: “Queríamos abordarlo precisamente desde el punto de vista doméstico, ¿Qué pasaba aquí en México? Ese era la idea, porque desde donde quiera que lo veas siempre es, fueron los rusos y luego ya empieza la discusión entre trotskistas y estalinistas”. Sin embargo, ellos querían contarlo desde aquí y ver qué tanto se estaba jugando y quiénes se la estaban jugando.

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Pero en ese empezar a rascarle por ahí, por ese México de los años 20, visto desde el México de 1970, hay un reflejo muy claro del México actual aun sin proponérselo. La historia comienza a contarse en una cantina del Centro Histórico, en medio de un juego de dominó donde el Güero, un célebre reportero de nota roja, comparte a sus jóvenes aprendices la verdadera historia del asesinato de Trotsky que él contó en el periódico.

“Es el México bronco y el México moderno, vamos a decirlo así, y que como se ve en la novela, nunca se fue. O sea, simplemente se enredaron de alguna manera y siguieron hacia adelante, como lo vemos hasta nuestros días. A veces quisiéramos ser un poco más científicos, un poco más civilizados, pero pues no se puede, las raíces están bien fijas y entonces hay que aprender a convivir con los dos Méxicos, tanto en los 40 como en la actualidad, O sea, los 80 años que han pasado”, afirma Parra.

Carlos René Padilla agrega que en la novela “volteamos a los 70 y luego hacemos que el Güero volteé a los 40. No es una novela histórica, tiene muchos datos históricos reales obviamente, pero hay una ficcionalidad focalizada, pero sí al momento de leer la novela o nosotros al momento de investigar, de repente fuimos encontrando datos o situaciones o algunas piezas que están en el pasado pero que dan cuenta de lo que está sucediendo ahorita”.

El autor reconoce que al echar miradas al pasado nos lleva a comprender el presente y esa es, afirma, una de las grandes bondades de La torre de cristal, la novela que está protagonizada por dos investigadores: Alfonso Quevedo, un brillante criminólogo de métodos científicos que, desde su estudio busca la verdad en los pliegues de la mente criminal; y Valentín Quintanilla, un teniente revolucionario cuyo olfato y puños son su mejor arma.

Parra no deja de pensar que hay mucho de nostalgia en toda la novela, aunque no les tocó vivir esa época, añoran esa ciudad, esa vida y ese tipo de periodismo, ese tipo de investigaciones, “Y el Güero era el personaje, yo desde que conocí las aventuras del Güero Téllez decía ‘este tipo merece una novela por todo lo que hizo, por cómo lo hizo’ y a la hora de empezar a armar esta historia, pues como que se dio la oportunidad y luego él nos dio la voz, nos dio una voz bastante relajada para contar la historia”.

Padilla apunta que todos los personajes que caminan por esas páginas son muy interesantes, pero el Güero les dio la pauta en su forma de hacer periodismo en ese entonces. “Era ese tiempo cuando llegaban los reporteros y decían ‘paren las rotativas, traigo la de ocho’, un tiempo en el que había ese patear las calles, salir a contar la historia. Había grandes crónicas en esos tiempos de lo que sucedía en cualquier hecho criminal y obviamente cuando dijimos ‘su voz va a ser voz que cuente’ cayeron muchas cosas en claro y eso nos dio una pauta para seguir mucho más fijo el objetivo que queríamos lograr”.

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