El mercado del libro en México es muy complejo, con una reducida red de librerías que se concentran en la Ciudad de México y se determinan por el algoritmo de ventas, un sistema de distribución adverso, así como la ausencia de políticas públicas a favor del libro que no sólo no brinda estímulos sino que tampoco fortalece la red nacional de Bibliotecas Públicas y la cadena de librerías estatales, y plataformas de comercio que incumplen el Precio Único establecido por la Ley de Fomento para la Lectura, aseguran cinco editores mexicanos independientes, quienes dan cuenta sobre cuáles son algunos de los desafíos que enfrentan.

El anuncio del cierre de Ediciones Era porque el mercado del libro ha cambiado y la red de librerías que existía antes de la pandemia desapareció lo que llevó a que sus ventas se desplomaran un 75%, cimbró al sector del libro y puso bajo la lupa la situación que vive la edición independiente en México, entre las que destacan: Artes de México, que dirige el escritor Alberto Ruy Sánchez desde 1988; Sexto Piso, una editorial fundada en 2002 con oficina en España, a cargo de Diego Rabasa; Almadía, creada en 2005 en Oaxaca, por Guillermo Quijas, con oficina en España, cadena de librerías, distribuidora e impulsora de una feria del libro; Grano de Sal, fundada en 2017 por Tomás Granados, un editor de larga tradición y con una mirada amplia sobre el sector del libro; e Impronta Casa Editora, crea da en 2024 por Carlos Armenta en Guadalajara, donde también tiene una librería y encabezó hasta hace unos meses el comité de editoriales Independientes en la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem). Ellos dan cuenta del mercado, pero también de las estrategias que han emprendido para mantenerse vivos.

Para Granados, el mercado del libro en México nunca fue sólido y “hoy está particularmente débil porque hay pocas librerías” y sigue siendo muy difícil estar presente en cadenas como las del Fondo-Educal o en El Sótano por cuestiones administrativas y comerciales, a eso se suma que no hay políticas públicas a favor del libro. “La política pública pasa por creación de bibliotecas o escolares o públicas, por el precio único, estímulos a la coedición, a la traducción, a la exportación”, afirma, y agrega que a eso se suma que Amazon hace mucho daño al mercado, “pero no estar en Amazon es como cortarse un dedo del pie”.

La editorial Almadía se creó en 2005 en Oaxaca por Guillermo Quijas. Es uno de los ejemplos de la diversificación, tiene oficina en España, cadena de librerías, distribuye otros sellos e impulsa una feria del libro. Foto: Fernanda Rojas/ El UNIVERSAL
La editorial Almadía se creó en 2005 en Oaxaca por Guillermo Quijas. Es uno de los ejemplos de la diversificación, tiene oficina en España, cadena de librerías, distribuye otros sellos e impulsa una feria del libro. Foto: Fernanda Rojas/ El UNIVERSAL

Por su parte, Carlos Armenta es categórico al señalar que: “El ecosistema del libro está agonizando, tiene ya varias décadas y no hay una voluntad para corregirlo”. Apunta que México es prácticamente un país sin librerías, y que muchas han estado cerrando no solo a partir de la pandemia, sino a partir de la inflación y de ciertos cambios que ha habido en los costos del libro y el alza de rentas y alquileres en las en zonas donde debería de haber librerías. “No importa el color, el partido ni el nivel de gobierno, realmente hay un abandono en torno a las políticas públicas sobre el libro”, pero además no hay datos que permitan saber cómo está el mercado.

Para Guillermo Quijas la política pública del libro cambió, pero experimenta cambios en cada sexenio, y para él lo que falta es preguntarnos qué política del libro necesitamos ahora. “Y ahí creo que faltan varias conversaciones, una política de bibliotecas, una política de librerías, mecanismos transparentes y diversos de compras públicas, muy grandes o muy pequeñas, pero que sean muy claros, colaboración con la edición independiente, una estrategia incluso de presencia internacional del libro mexicano y las librerías, que es un tema absolutamente central”.

En tanto que Diego Rabasa los califica como años muy duros y de muchas las dificultades, “el mercado sí cambió drásticamente después de la pandemia, yo siempre digo en registro de humor negro que en el mundo del libro nunca acabó la pandemia, porque nunca se volvió a lo que era la vieja normalidad y creo que eso es algo muy certero del diagnóstico de Era, se perdieron espacios, las librerías son probablemente las que peor la han pasado y las plataformas digitales están pero si una editorial no tiene los recursos para invertir tus libros no se mueven”.

Artes de México, dirigida por Alberto Ruy Sánchez desde 1988, edita y tiene una tienda sobre arte mexicano. Foto: Fernanda Rojas/ El UNIVERSAL
Artes de México, dirigida por Alberto Ruy Sánchez desde 1988, edita y tiene una tienda sobre arte mexicano. Foto: Fernanda Rojas/ El UNIVERSAL

Alberto Ruy Sánchez, al frente de Artes de México, la más longeva de estas cinco editoriales, asegura que el mercado no es una cosa inamovible, no es una realidad que existe y no se puede cambiar. “El mercado se forma a través de la oferta y si no hay un esfuerzo porque se transforme el mercado, esa transformación no va a existir. En cuanto a las librerías se ha ido transformando en el sentido de la contracción, algunas se han subordinado a eso que se llama la claudicación ante el algoritmo, es decir, una fórmula matemática te dice, cuáles libros hay que comprar porque se venden rapidito y ya. La oferta de los libros siempre ha sido excesiva. Es parte de su naturaleza”, apunta.

En resistencia

Pese a las complicaciones del mercado del libro, estos cinco proyectos editoriales han sorteado los desafíos con estrategias particulares, aunque en la mayoría prevalece una diversificación, es decir, son una editorial que también tiene librerías, tiendas, cafeterías, centros culturales, distribuyen a otras editoriales, organizan ferias, diplomados y brindan servicios de edición. Pero también se han adaptado a las tecnologías y a los nuevos tiempos. No sólo lanzan sus libros en formato digital, además del impreso, sino también su modelo de negocio es particular.

Por ejemplo, Artes de México tiene como estrategia la de ser un libro y una revista al mismo tiempo. “Eso cambia todo”, dice Ruy Sánchez, “en principio circulamos rápido como revista y luego circulamos permanente como libro, además es una especie de enciclopedia de lo mexicano en forma de monografías”.

Tomás Granados dice que en su caso suma fuerzas con todo tipo de coeditores, de los casi 100 títulos que han publicado 92 son en coedición con cerca de 40 coeditores distintos, pero además tienen muy claro el sector lector al que va dirigido cada título, y por otro lado trabajan con una distribuidora, pequeña, de su propia escala.

Rabasa dice que ello lo que realmente han hecho es tratar de diversificarse lo más posible. “Una parte muy importante del proyecto es nuestra filial en España... y ante la crisis del modelo de librerías, hemos buscado otras estrategias, desde las ferias y ventas directas y por supuesto el ecosistema digital, hay que estar muy activos y muy presentes en las redes sociales”.

Quijas dice que han construido toda una serie de relaciones de comunidades, con libreros, con bibliotecas, con maestros en las ferias del libro, que amplían su capacidad de llegar a más gente, sumado a la parte digital porque hay otras formas de leer”.

Para Armenta todo se fundamenta en la diversificación en torno a las actividades libreras y editoriales. Tienen la editorial y la librería con cafetería y ofrecen servicios de impresión y de edición “eso es lo que nos mantiene”.

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