Un códice contemporáneo narra la tragedia fronteriza, desde el joven adicto al fentanilo, el tráfico de armas, el riesgo de y hasta la cacería de . Se trata de la obra Historias de frontera, del artista plástico Gabriel Garcilazo (Morelos, 1980), quien debuta en la galería Proyectos Monclova con la exposición Archivo del relato persistente.

Garcilazo trabaja en distintos formatos y ha expuesto en recintos como el Museo de la Ciudad de México, el Tamayo y el Universitario del Chopo. En esta ocasión, además del códice, Garcilazo muestra una selección de 53 vasijas de cerámica en las que también cuenta, a través de dibujos de estilo prehispánico, tragedias provocadas por el crimen organizado.

“Me interesa la idea de que para entender el presente siempre tienes que regresar al pasado, en todos los sentidos, desde cuando se trata de tu vida, hasta la historia del país. La violencia no es sólo de este momento, sino que es un ciclo de la historia, es algo inherente a los humanos”, comenta el artista sobre por qué eligió usar el estilo de códice prehispánico para abordar el crimen organizado que ha ocupado las primeras planas en los sexenios de Ernesto Zedillo hasta Andrés Manuel López Obrador.

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Garcilazo explica que también optó por trabajar este estilo códice porque le parece que es un lenguaje que “no tiene carga colonial” y además es fácil de entender.

Las historias que representa el artista en las cerámicas son las que lee en diarios de nota roja. Un ejemplo es el jarrón titulado Recuerdo de la terminal Estrella de Oro, Cuernavaca, 2019, que cuenta la historia de una matanza en esa central de autobuses:

“Tengo la nota periodística de dónde la saqué, el título hace referencia al lugar y año del suceso. Yo soy de Cuernavaca, me tocó durísimo cuando agarraron a “El Barbas” (Marcos Arturo Beltrán Leyva), uno de los jefes, y empezó a haber caos, hasta toques de queda en las noches, no podías salir, había balaceras entre carros”, recuerda.

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Garcilazo reconoce que sus piezas tienen un toque de humor negro. El título de cada cerámica inicia con la palabra “recuerdo de”, como si se tratara de un souvenir.

“Hemos normalizado tanto la violencia que ya hasta parece que vamos a hacer souvenir para llevar de estos eventos. Llevo más de un año haciendo cerámica y esta sólo es una selección, pero creo que da idea de la magnitud de la violencia que hay en México”, añade el creador ante la numerosa cantidad de “recuerditos” de sucesos violentos que ha documentado. La abrumadora cantidad de homicidios dolosos también la representó el artista en los muros de la galería: el patrón de triángulos que pintó en las paredes no es decorativo, sino las estadísticas de la cantidad de homicidios dolosos en los últimos sexenios, según datos oficiales: con Zedillo hubo 80 mil 671 homicidios dolosos, es decir, un homicidio cada 37 minutos; con Vicente Fox hubo 60 mil 280, o sea uno cada 52 minutos. La cifra aumentó con Felipe Calderón, con 120 mil 563 homicidios dolosos cometidos cada 26 minutos, situación que se agravó con Enrique Peña Nieto, con 156 mil 66 homicidios dolosos, uno cada 20 minutos, y finalmente se aceleró con López Obrador, con 193 mil 612 homicidios dolosos, uno cada 15 minutos.

El arte de Garcilazo también se podrá ver en la próxima exposición del Museo Jumex, Futbol y arte. Esa misma emoción, que se inaugura el 28 de marzo, en el marco del mundial de futbol. Mientras tanto se puede visitar Archivos del relato persistente hasta el 21 de marzo.

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