Más de 170 dibujos y grabados de Lucian Freud (1922-2011), muchos de ellos nunca antes expuestos y presentados en diálogo con sus pinturas, revelan nuevas claves sobre el proceso creativo de uno de los pintores figurativos más importantes del siglo XX.
La National Portrait Gallery de Londres presentó este miércoles a la prensa ‘Lucian Freud: Drawing Into Painting’ (Lucian Freud: del dibujo a la pintura), una amplia muestra que explora el papel central del dibujo en la obra de uno de los artistas contemporáneos más influyentes.
La exposición, que abrirá al público entre este jueves y el 4 de mayo, empieza con una joya inédita: una serie de coloridas y detalladas composiciones que el nieto de Sigmund Freud hizo entre los seis y los 11 años, antes de emigrar al Reino Unido desde Berlín con su familia judía en 1933.

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Ya en Inglaterra, el adolescente, que por entonces apenas hablaba inglés, siguió dibujando para expresarse, al principio sobre todo animales, evidenciando ese ojo preciso e incisivo por el que se haría famoso después.
Según dijo la comisaria de la exposición, Sarah Howgate, lo que más le gustaba a Freud era “capturar lo que tenía delante”.
“Prestaba una atención forense al detalle: desde un lunar en el cuello hasta cada hebra individual de una pestaña o del cabello”, explicó.
Se convirtieron en modelos para sus retratos desde sus compañeros de internado a los vecinos -tanto pícaros callejeros como viejos aristócratas- que conoció cuando a finales de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se instaló en el barrio londinense de Paddington.
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Poco a poco, y tras pasar por varias escuelas de arte, del dibujo se fue adentrando en la pintura, primero también con ese trazo linear y, más adelante, con un estilo más suelto, influido por su amigo Francis Bacon.
“Bacon lo inspiró a abordar la pintura de una manera diferente. Ya no pintaba sentado, se ponía de pie. Estaba lleno de vigor. Y empezó a usar esos pinceles grandes y gruesos y a crear pinturas mucho más gestuales”, indicó Howgate.
Aunque en algunas épocas el dibujo pasó a ser más “un telón de fondo, el andamiaje de la pintura”, nunca dejó ese formato, y en su última etapa lo volvió a priorizar, a través del grabado y, en particular, el aguafuerte.
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“Lo interesante de esta exposición es que, por primera vez, se puede ver esa ‘conversación’ entre las pinturas y los dibujos”, apuntó la comisaria.
“En su madurez, tendía a pintar primero y luego hacía el grabado del mismo tema, un procedimiento realmente inusual”, añadió.
De acuerdo con Howgate, “llegaba a conocer al sujeto a través del retrato pintado y, luego, todos los detalles de la piel, sus pliegues... los traducía al aguafuerte”.
La muestra londinense permite ver sus dibujos junto a las pinturas correspondientes, entre ellas algunas de las más emblemáticas, como ‘Sleeping by the Lion Carpet (1996), que retrata a una de sus modelos favoritas, Sue Tilley.
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En el caso de ‘Large Interior, W11 (after Watteau)’ (1981–83), su ambicioso cuadro grupal inspirado en ‘Pierrot Content’ (c.1712) de Watteau -un préstamo del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid-, se presentan los dibujos que realizó de la obra ya terminada.
Del mismo modo, su grabado ‘After Constable’s Elm’ (2003) se expone junto a la pintura original del tronco de un olmo del pintor inglés John Constable (1776-1837).
Además de inmortalizar a sus dos esposas y múltiples amantes y a algunos de sus 14 hijos reconocidos, Lucian Freud firmó numerosos autorretratos.
Esos dibujos y pinturas de sí mismo permiten observar no solo su evolución física y de su trazo a lo largo de los años, sino también cómo cambió la percepción de su imagen a través del espejo.