En la azotea de una casa en la colonia Roma, una niña y un niño corren detrás de un cochecito de madera. Detrás, una niña y varios adultos siguen el juego. Entre ellos está José Revueltas, cigarro en mano. Viste camisa y pantalón negro; no hay rastro de la melena ni la barba de chivo que lo identifica. Toma de la mano a la pequeña que jugaba y ambos entran a una jaula de tendido. En el siguiente corte, el escritor sale de la jaula con una sonrisa amplia, feliz, dándole la mano a la nieta e hija que le abren la puerta; los hombres de la familia se acercan a saludarlo.
“Esta pequeña película fue filmada en la azotea de casa de mi abuela, donde había unas estructuras metálicas para colgar la ropa. Mi abuelo las usó como una metáfora de la cárcel, pero a la hora de filmar, los nietos le cambiamos el guion porque no quisimos separarnos de él y entramos con él a la jaula”, recordaba este martes 14 de abril en el Palacio de Bellas Artes Gilda Revueltas, nieta de José Revueltas, durante el homenaje que se le rindió, a 50 años de su muerte. La escena forma parte del documental Revueltas films: archivos familiares, proyectado parcialmente en ese evento.
A lo largo de esa cinta de 23 minutos desfilan escenas del autor de Los muros de agua con sus hijos y nietos. Son fotografías del archivo familiar y metrajes recuperados de unas latas de película que Gilda Revueltas encontró hace apenas unos años en la casa de su padre. “Había unas latas olvidadas en casa de mi padre y resulta que eran las películas familiares que hizo mi abuelo con sus hijos y sus nietos, de manera lúdica”, contó en entrevista con Confabulario la también cineasta y artista visual.

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Esas filmaciones caseras, aunque breves, revelan la pasión desbordada de José Revueltas por el cine, en particular por la dirección cinematográfica, una faceta poco conocida dentro de su producción multidisciplinaria y que sigue dando de qué hablar. Aunque es célebre su trabajo como guionista y adaptador durante la Época de Oro del cine mexicano, de su labor como director apenas sobreviven fragmentos de una película inconclusa: ¿Cuánta será la oscuridad? (1945), fotografiada por Manuel Álvarez Bravo.
Una lata de esa película, protagonizada por su hermana Rosalba Revueltas, fue hallada en 2014 en los acervos de la Filmoteca de la UNAM y recuperada en un documental, como parte de las conmemoraciones del centenario del escritor. Sin embargo, Gilda Revueltas asegura que su abuelo pudo haber dirigido un primer filme basado en su novela El luto humano, también con fotografía de Álvarez Bravo.
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“Mi abuelo empezó como adaptador y guionista en el cine. Después, por supuesto, tuvo ambición de ser director, pero para ser director en esa época era muy difícil, había que pasar exámenes, ser aprobado por el sindicato, tenías que dirigir alguna película o un cortometraje. Parece que él hizo algo sobre El luto humano, que fotografió Manuel Álvarez Bravo, pero se perdió. Según nos contaba la familia de Álvarez Bravo, Carlos Monsiváis les sugirió que donaran el material fílmico a la Cineteca, pero después se quemó y todo ese material se perdió”, relató la también realizadora.
En 2014, ella y el cineasta Carlos Narro fueron los encargados del rescate de la lata en la Filmoteca de la UNAM. Fue entonces que también decidieron digitalizar, con apoyo de la Filmoteca, estas películas familiares en 16mm, donde se revela no sólo la faceta más íntima del escritor, sino su sentido del humor.
En ellas, José Revueltas pedía a sus hijos y nietos actuar; esos fragmentos, con toques de humor y cierto aire “chaplinesco”, se filmaron en la azotea de la casa de Olivia Peralta, su primera esposa, y en las calles de la colonia Roma.
“Todas tenían un cierto toque de humor. Era una manera de convivir y jugar con sus hijos y sus nietos. Desgraciadamente son pocas películas, pero es una muestra significativa”, dijo la nieta.
En el reciente homenaje a su abuelo en Bellas Artes, Gilda Revueltas recordaba que en una ocasión su abuelo “chocolaton” -porque siempre llevaba los bolsillos llenos de chocolates- llegó un domingo muy temprano a su casa, en la calle de Monterrey, en la colonia Roma. “Se le veía muy contento. Traía una cámara bajo el brazo y nos dio una sorpresa: Íbamos a hacer una película. Como las tomas tenían que hacerse temprano por la luz, teníamos que salir al alba… La toma fue en la calle y el personaje principal fue el coche de mi abuela. Ella con muchos esfuerzos acababa de comprar su primer coche y mi abuelo quiso festejar haciendo una película”.
En aquella película, recordó, participó toda la familia, siguiendo las instrucciones del director, quien les pedía que entraran y salieran del coche una y otra vez. “Me sorprendí cuando nos pidió que actuáramos en la calle, frente a la gente como si nada. Esa fue mi primera experiencia de libertad creativa frente a las convenciones. Esta pequeña película chaplinesca también era una broma de mi abuelo porque insinuaba que el coche lo iba a usar toda la familia de manera masiva”.
“Mi abuelo se divirtió editando de manera poco convencional. Editaba con sus hijos, seguramente dándoles bellas cátedras sobre el cine y la literatura”.
Sobre la otra película corta, aquella filmada en las rejas de la azotea, Gilda considera que con ese corto su abuelo “significó su profundo deseo de tener la libertad, gracias a sus hijos, que representan también las nuevas generaciones”.
Un Revueltas por descubrir
Artista visual, documentalista, además de profesora del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), Gilda Revueltas asegura que, aunque conocía el trabajo de su abuelo como guionista y de su interés por ese arte, esa no fue la razón que la llevó al cine. “El cine llegó a mí porque me invitaron a dar clases en el CCC. A partir de ahí empecé a hacer documentales, hice Azul, viento del norte. Me gusta el tema de las vanguardias y he hecho películas experimentales. Jamás pensé que me iba a dedicar al cine, pero al comenzar a hacer documentales quise indagar sobre el trabajo de mi abuelo en el cine”, explica.
La huella de José Revueltas en la cinematografía nacional es indiscutible. Como guionista y adaptador trabajó con figuras como Manuel Álvarez Bravo, Luis Buñuel, María Félix, Dolores del Río, Pedro Armendáriz y Roberto Gavaldón. En 1948 obtuvo el Ariel por el guion de La otra, dirigida por Gavaldón.
Sin embargo, como señala Gilda, si bien su madre, Andrea Revueltas Peralta, fue la encargada de rescatar la obra narrativa de su abuelo, su faceta cinematográfica no había sido tan explorada hasta años recientes.
“Mi madre fue la que rescató toda la obra de mi abuelo. Se centró sobre todo en la parte literaria, ensayística, periodística y quedó un poquito en segundo plano su trabajo cinematográfico, pero con lo que hallamos en el centenario nos pusimos a buscar y encontramos que hizo entre veinte y treinta adaptaciones cinematográficas durante la Época de oro del cine nacional. Yo sabía que había hecho una que otra película, pero no me había dado cuenta de la importancia de su trabajo en el cine”,
A partir de esos hallazgos, diversos investigadores se han dado a la tarea de documentar la incursión de Revueltas en el cine y, en los últimos años, se han descubierto guiones inéditos en su archivo documental, resguardado desde 2010 en la Universidad de Texas, en Austin.
“Hay muchos guiones de mi abuelo que no se filmaron, incluso algunos sobre Zapata. Fue muy productivo y seguimos descubriendo esa otra faceta”, comenta.
—¿Aún podrían aparecer más materiales?
— Creo que no. No sabemos. Ojalá a partir de este homenaje surgieran más cosas, que alguien diga que tiene algo, pero hasta ahorita lo que hemos encontrado son guiones inéditos en los archivos de Austin; ahí sí hay bastantes.
Un fragmento de Revueltas films: archivos familiares también se proyectó hace unos meses en el Museo de Arte Moderno (MAM), en la exposición Estéticas Revueltas. Una familia de vanguardia. Sin embargo, el filme aún no se ha exhibido en su totalidad. Gilda Revueltas adelanta que, a finales de abril, Canal 11 transmitirá la versión completa de esta producción que, además, mantiene un espíritu profundamente familiar, pues el guion fue escrito por Ada Carasusan, bisnieta de José Revueltas.