Confabulario

“La realidad es más difícil que la ficción”: John Connolly

Una conversación con el célebre escritor irlandés, uno de los grandes referentes de la novela negra, por su última novela, Hijos de Eva, ambientada en Estados Unidos y México

John Connolly (Dublín, 1968) es autor de la exitosa serie de novelas policiacas protagonizadas por el detective Charlie Parker, que inició con "Todo lo que muere" (1999). Foto: Especial

La buena gente de Tusquets nos convoca a una entrevista en el piso más alto de un hotel madrileño. Nos asomamos a esas inmejorables vistas de la ciudad capital de España, desde donde se aprecia entero el Parque del Retiro, lugar donde se celebra la Feria del libro de la ciudad. Merced a que fue invitado a este evento, tendremos la oportunidad de conversar con Míster John Connolly, uno de los más grandes referentes en el mundo de la novela negra. Puntual, aparece con una camiseta negra y una sonrisa, y una estampa de duende juguetón irlandés. Envueltos por la luz de una mañana primaveral, comenzamos la charla con el autor de Hijos de Eva, la última novela de su detective Charlie Parker, ambientada en Estados Unidos y México.





¿Por qué se ha decidido prescindir de los traductores en la entrevista y a hablar en español?

En el pasado estuve avergonzado de no poder hablar en español con los lectores. Es un mercado importante para mí. Esto es como en mi escritura: quiero desarrollarme. O sea, quiero desarrollarme en un idioma nuevo. Si no hablo demasiado rápido, voy avanzando y también me acompañan unas notas escritas de comprensión. Solo necesito practicar.

Club El Universal

¿Qué vínculos tiene con el idioma español?

No es una relación muy profunda, desafortunadamente, porque no tengo muchas oportunidades para practicar, pero me gusta mucho América Latina. En el próximo septiembre estaré con mi esposa en Argentina y Chile. Esta última novela publicada en español, Hijos de Eva, nació en América Latina. Estaba en Argentina para promocionar mis libros y quería explorar el país: Ushuaia, Iguazú… las zonas turísticas. Pero también Salta, Cafayate, por su paisaje inusual, el desierto. Incluso allí tuve un accidente en la noche con el coche que manejaba, con fuego, llegó la policía… No lo olvido. Así que al final fui a la ciudad de Salta, ya no quería quedarme cerca del desierto, sin carro y allí descubrí un museo inusual, un museo arqueológico….

¿Y qué descubrió allí?

Bueno, los escritores somos como cuervos, siempre buscamos cosas para robar y usar en nuestros libros. Todos los escritores necesitan tener en el corazón un pedazo de hielo para poder usar las cosas más terribles. Y en este museo había cosas muy interesantes, pero también muy macabras, muy terribles… Y ahora después de quince años, tengo una oportunidad para usar lo que ví… La novela es una combinación de esto con recuerdos de México, de Teotihuacán. Porque durante otro viaje de promoción estuve allí. Me conmovió mucho, más que Machu Pichu, por ejemplo. Y otro viaje con mi familia en el que me querían vender artefactos precolombinos. Y por esto, investigué el contrabando.

Pero es difícil hablar de este museo de Argentina por el misterio y la revelación final de la novela… todo está relacionado. Cuando hablo de esto necesito ser cuidadoso…

A todos estos elementos combinados, a todas estas inspiraciones que los viajes le han dado, usted le suma su interés por los mitos precolombinos, ¿verdad?

Tengo una fascinación por esos mitos. He usado en el pasado mitos de Irlanda y mitos europeos. Creo que tienen conexión la conciencia irlandesa y la conciencia latinoamericana. Hablar español me ofrece la oportunidad de investigar un poco más profundo.

John Connolly ha escrito 22 novelas protagonizadas por el detective Charlie Parker. El último capítulo de esta historia es su novela, Los Hijos de Eva. Foto: Especial

En esta última novela, Hijos de Eva, se combina lo macabro y la inocencia, aportada por los niños de la historia.

Siempre en mis novelas tengo un interés en la infancia. Como he escrito en El libro de las cosas perdidas, hay una conexión en los años adultos y los años de la infancia. Siempre en nuestro corazón tenemos al niño y los niños tienen una conexión más profunda con el miedo. Y yo en mis novelas quiero explorar el concepto del miedo. En la adultez, las causas cambian, pero el miedo sigue siendo nuestro compañero. Por ejemplo, en el mundo adulto tenemos la posibilidad de perder a nuestros padres y eso da miedo. Yo tengo miedo ahora por mis niños, mi nieto y por mi madre, que es muy vieja. Algunos pequeños miedos por mi salud. Y después tendré miedo de la mortalidad.

Ese miedo es uno de los asuntos que lo conectan con Stephen King, sobre el que siempre le preguntan porque vive parte del año en Maine, donde vive él, y ha hecho de Maine el espacio de muchas de sus novelas, igual que él.

Sí, claro. King entiende como yo que el miedo está siempre con nosotros. A King lo conozco un poco. En el pasado tuve charlas y entrevistas con él, pero ahora ya no le gustan. Maine era un paisaje sin escritores de novelas negras, pero King era el elefante en la habitación. Para mí King es un escritor muy importante y un escritor subestimado.

En sus influencias también entran las lecturas de autores latinoamericanos…

He leído menos autores latinoamericanos de los que me gustaría leer, incluso traducidos al inglés. Ya te he dicho que iré pronto a Argentina y Chile y leeré ficción latinoamericana. Es una tarea necesaria como aprender español. Es que ya no leo la misma cantidad que en el pasado, ahora leo más No ficción. Es posible que haya leído en el pasado demasiado ficción detectivesca. Y aún así, creo que todavía sé cómo escribir una novela negra. Eso espero. (Risas)

Mis influencias mayores, no latinoamericanas, son Ross McDonald y James Lee Burke, escritores estadounidenses.

Pero usted también escribe afuera del género.

Es lo que más me interesa ahora, estar afuera del género. Mi libro próximo sucede en Italia en tiempo de los Borgia, por ejemplo. Quiero aprender cosas nuevas. De hecho, mi mejor novela, para mí, no es negra. Se titula He, en inglés, y trata sobre el dúo cómico “El Gordo y el Flaco”.

Esto de poner a México y a ciertos otros países de América Latina como escenarios narcos o criminales, tiene el riesgo de hacer caer a la novela en algo ya dicho, en el cliché… ¿Significó esto un desafío?

Sí, no quiero escribir sobre el narcotraficante. Quiero escribir sobre un contrabando diferente porque hay muchas convenciones en la novela negra. Para mí, no escribo novelas negras. Y es verdad que las convenciones pueden desarrollarse como clichés y es difícil evitarlas porque son demasiado comunes. Sucede especialmente cuando un escritor extranjero intenta escribir sobre un país como México. Me gusta mucho México. Es un país fantástico, creo que lo visitaré este año. Tiene una historia fascinante, muchos mundos. Además, me encantan mis editores mexicanos, así que me gustaría mucho volver. Pero, como he dicho, es difícil escribir respetando totalmente las tradiciones extranjeras. La literatura, como la violencia en las novelas, no es una ciencia exacta.

Estos asuntos como el contrabando y otros que necesitan de documentación, lo ha abordado con herramientas también propias del periodismo, oficio que ha ejercido en The Irish Times durante mucho tiempo.

Sí, mi escritura no es preciosa a causa del periodismo. Pero el periodismo me enseñó que cada vida es interesante, cada persona es interesante. Por esta razón no creo que haya personajes secundarios, ni en la literatura ni en la vida. Sé que fuera de las novelas estos personajes tienen una vida más grande.

Por otro lado, había periodistas natos en The Irish Times. Yo era un escritor que hacía periodismo. Para mí había mucha tensión al hacer periodismo. Prefiero inventar cosas y los periódicos prefieren a periodistas que no usen su imaginación.

¿Qué ha encontrado en el detective Charlie Parker para que sea el guía de todas sus novelas de misterio? ¿Qué relación personal tiene con él que lo acompaña hace más de 20 años?

En mi vida, Charlie Parker es una manera de examinar el mundo y de entenderlo de una manera diferente. No puedo experimentar sin las novelas de Parker.

¿Qué tendría que aportar hoy la novela criminal al mundo contemporáneo?

Bueno, para mí la novela negra tiene una filosofía muy específica: no hay mucha esperanza. En ella casi todos están muy infelices o muertos. Y los hombres buenos no tiene una expectación de cambiar el mundo. En cambio, yo creo que mis novelas tienen más en común con la filosofía del escritor irlandés Edmund Burke. Él dijo que para que triunfe el Mal, sólo se necesita que los hombres buenos no hagan nada. En mis novelas la gente no es completamente buena, pero hace algo. Ellos rechazan apartarse. Entonces yo no quiero predicar, pero sí quiero que el lector, al terminar uno de mis libros, pueda sentir confianza en la posibilidad de cambiar el mundo un poco. Yo no quiero leer libros sin esperanza, ni quiero escribirlos sin ella.

En definitiva, las novelas de crimen pueden dar respuestas, pero también es una forma de escape, pero escape en cantidades limitadas.

En un mundo con tantas extravagancias y tantos conflictos y tanto horror, ¿no le da por pensar que la realidad supera la ficción?

La realidad es más difícil que la ficción. Tenemos demasiada realidad en las noticias. Un asesino en la realidad no tiene mucho en común con los asesinos de la ficción, como El Chacal o Hannibal Lecter. Yo creo que las personas no son malas, sino que hacemos acciones malas. El Mal no es innato. A veces, en el mundo, como en la ficción, podemos ver acciones tan terribles que están más allá de la comprensión.

Usted hace intervenir en sus libros una noción no demasiado explorada en la novela criminal que es lo sobrenatural.

Si, porque mis libros sugieren que la gente puede tocar una fuerza atávica, una fuerza antigua y de esta manera poder acercarse a lo sobrenatural para superar la realidad. No escribo ficción realista. La ficción puede convivir con la realidad y ofrecer una versión de esta. Lo que quiero decir es que la ficción puede dar una visión diferente de la realidad, una perspectiva.

Sus raíces católicas irlandesas tienen un peso importante en su manera de concebir lo sobrenatural, ¿verdad?

Sí, mis raíces son importantes: soy un católico irlandés, un católico de navidad (risas). Pero también vengo de un país con muchos mitos, cuentos de hadas… Así que para mí fue natural crear una mezcla de dos tipos de ficción. Además de joven leí mucho ficción detectivesca y novela gótica. Yo me planteé, cuando joven, en los años 80, ser un escritor fuera de la tradición de escribir sobre mi tierra, una literatura de resistencia contra la tradición inglesa… Yo no quería esas ideas del siglo XX sino algo más antiguo, quería conectarme con la tradición gótica, pero al mismo tiempo no tenía modelos irlandeses para este tipo de ficción…

¿Y salió a buscar esos referentes fuera de Irlanda?

Bueno, en el pasado los Estados Unidos han ofrecido una oportunidad a los irlandeses y también una forma de escape físico. Y la literatura de allí y la novela detectivesca me ofreció una especie de escape imaginativo. Escapar a las expectaciones de un escritor irlandés. Pero esta mezcla, al principio de mi carrera, no fue entendida para algunos críticos, lectores y libreros. Mi literatura les resultaba inusual, polémica.

Su espacio natural se halla entre Cristo y Drácula…

(Risas) Lo tomo. Voy a robar esa idea tuya y la pondré en una camiseta. Voy a darte dinero por esta idea (risas).

Y además usted no se escapa de una visión de la literatura a la que muchos otros autores le temen o rechazan: la del entretenimiento.

Yo quiero entretener con mi literatura. A veces, ponemos un peso demasiado grande en la ficción. Es bueno ofrecer a la gente una oportunidad para escapar.