En la reciente entrega de Vindictas (UNAM, 2025), proyecto de la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM dedicado a rescatar autoras relegadas por el canon, 34 cuentistas cubanas trazan un itinerario de la narrativa femenina de la isla a lo largo del siglo XX, una época con episodios de agitación histórica y social en la que ellas también forjaron una tradición literaria. Entre la alegoría patriótica, el desarraigo y las luchas feministas de inicios de siglo, hasta las huellas de la revolución, la pobreza, la violencia hacia las mujeres, el racismo, el deseo, la migración, la sexualidad y el desarraigo, los relatos abordan diversas temáticas y estilos, a veces con toques costumbristas o de humor, con elementos fantásticos o como denuncia social. Con selección de Zaida Capote Cruz, la antología es “una suerte de río subterráneo que se torna visible” y trae al presente voces poco conocidas, como Aurelia Castillo, Herminia Gómez, Fanny Crespo, Ana María Simo, Ada Abdo, Lourdes Casal, Gina Picart, Marilyn Bobes, Aida Bahr, Rosa Ileana Boudet, Lourdes de Armas, entre muchas otras. La colección da cuenta de una tradición literaria que refleja las convulsiones de la historia cubana del siglo pasado y que dialoga con el presente de la isla, sumida en una severa crisis económica y social. “En cada estremecimiento de nuestra historia ha habido un parto múltiple de voces nuevas, poderosas. Y las mujeres han estado ahí, creando”, afirma Capote Cruz en el prólogo. Hoy, incluso en medio de la precariedad económica y la escasez energética, la creación no se detiene, comparte la ensayista vía correo electrónico. Desde La Habana, donde el 23 de abril ingresó a la Academia Cubana de la Lengua como miembro de número, la estudiosa en literatura y feminismo habla de la antología y de la regresión de algunas conquistas ganadas por las mujeres debido a la crisis que la isla arrastra desde hace décadas.
Llama la atención que en uno de los primeros cuentos esté el tema de la patria y que aparezca en otros textos, ¿cómo explica esa constante presencia?Una posibilidad sería la remisión a la historia cubana. El siglo XX fue, desde sus inicios, muy problemático. Al final del XIX, con el fin de la guerra de independencia, llegó la intervención estadunidense, y cuando en 1902 se declaró la República, nació bajo la sombra de la Enmienda Platt, que autorizaba la intervención norteamericana en los asuntos internos del país. La frustración del ideal independentista trajo consigo esa insistencia en lo nacional. Las mujeres, que habían participado antes y participarían después en las luchas por la emancipación, tenían preocupaciones idénticas a las de sus colegas hombres.
Menciona que a finales de los 50, tras el triunfo de la revolución, hubo una explosión de talento femenino. ¿Qué lo impulsó y qué propuestas predominaron?

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En realidad, la explosión se dio en los 60. Como la revolución triunfó en 1959, tomó un tiempo la reorganización de la sociedad. Ese año todavía era demasiado pronto para que fructificara la potencia que los cambios sociales estimularon. En cuanto a los derechos de las mujeres hubo muchas transformaciones importantes. Se crearon las becas estudiantiles y los círculos infantiles, el aborto se incorporó a los servicios de salud pública, se inauguraron escuelas de superación para mujeres campesinas y prostitutas y, en general, con la Campaña de Alfabetización, que fue una proeza popular, hubo mujeres jóvenes, muchas de ellas negras, que dejaron sus casas y partieron lejos para enseñar a otras personas. Las movilizaciones de las milicias populares, las guardias nocturnas, los trabajos voluntarios en fábricas y campos fueron prácticas que transformaron el modo de relación entre hombres y mujeres. El amplio acceso popular a la cultura, con funciones de arte disponibles para todos, cine en las montañas, libros muy baratos publicados en grandes tiradas, frecuentes festivales culturales, contribuyó a elevar el gusto por la lectura y estimuló la producción crítica. En los 70 todo se debatía, todo el tiempo. Las más jóvenes hallaron espacios de publicación disponibles (Ediciones R y Ediciones El Puente, por ejemplo) y, además de las ya consagradas como Dora Alonso o Renée Méndez Capote, empezaron a emerger autoras como Ana María Simo, Esther Díaz Llanillo, María Elena Llana, Ada Abdo. Ocurrió, sin embargo, que la crítica posterior, embriagada por lo que luego se llamaría “narrativa de la violencia”, desautorizó la perspectiva de las autoras, acotándolas a la literatura fantástica. Si leemos atentamente —y por eso elegí incluir “Noche mala”, de María Elena Llana, y “Un día de septiembre”, sobre los tiempos previos a la revolución, bajo la dictadura de Fulgencio Batista, y también “El castigo”, de Díaz Llanillo, que sí entra en esa clasificación, además de “El otoño pasado”, de Abdo, más íntimo—, entre las mujeres hubo tanta diversidad como en sus compañeros de generación. Aquella lectura prejuiciosa no se sostiene a la luz de los textos.
Predomina el tema de la violencia contra las mujeres. ¿Qué aspectos destacaría sobre la manera de abordar el tema y cómo ha evolucionado esa mirada?También me llamó la atención la pervivencia del tema. Hasta no ver todos los cuentos juntos no la había registrado. Cuando pienso, además, que hay autoras o cuentos sobre el tema que no están es verdaderamente impresionante.Una de las sorpresas fue el artículo de Herminia Gómez. Quizás los más recientes lo abordan de manera más descarnada. En cualquier caso, todos los cuentos sobre el tema son de una eficiencia magnífica, cada uno en su propio registro. No hablaría de evolución; en literatura ese tipo de abordaje suele ser un riesgo y nos constriñe a pensar que hay modos mejores que otros. Cada autora eligió su ritmo, su estilo, su modo de decir. En cualquier caso, si Herminia Gómez escribió un artículo, muchas otras abordaron el asunto en la ficción.El cuento “Mujer sentada en el parque”, ¿de qué época es y cómo explicaría el abordaje del acoso sexual hacia las mujeres?
Es el cuento que cierra la antología porque se publicó en el 2000. De hecho, en el 2017 Marilyn Bobes y Laidi Fernández de Juan armaron la antología Sombras nada más. 36 autoras cubanas contra la violencia hacia la mujer, fruto de la iniciativa tod@scontralaviolencia. El cuento de Lourdes de Armas abría aquella selección. La escritora escogió narrar una escena de acoso en que la mujer enfrenta al agresor y hasta “sale ganando”, porque se apropia de los bienes que él deja abandonados en su huida. Es un cuento muy potente y, como la antología se organiza por fechas de publicación, resultó ser el que cierra el libro, la imagen de una mujer fuerte que logra enfrentar la violencia y librarse de ella.
Otro cuento que llamó mi atención es el de “Los zapaticos me aprietan”, por su estructura y por la manera en que aborda la no pertenencia a un lugar. ¿Podría abundar sobre el contexto en que fue escrito y la mirada de la autora?
Lourdes Casal es un caso peculiar; salió de Cuba al triunfo de la revolución y luego participó muy activamente en la Brigada Antonio Maceo, integrada por cubanos de la diáspora que querían recuperar el vínculo con Cuba y la revolución. Su libro Palabras juntan revolución obtuvo el Premio Casa de las Américas póstumamente, poco después de su fallecimiento en La Habana.
El cuento elegido es muy divertido. Pone en solfa la ridiculez pretensiosa de la pequeña burguesía cubana e ilustra cuánto contaba el prestigio social concedido por las propiedades o la pertenencia a círculos selectos. Me parece magistral el modo en que Casal eligió contarlo, con una complejidad narrativa que incorpora gestos del teatro, la narración oral, la crítica, casi como didascalias previas a “el cuento”, que resulta ser apenas el final del relato. Ese modo de contar, casi brechtiano, se aviene perfectamente con la distancia que la voz narradora toma de aquella experiencia de infancia, mirándola con el ojo crítico de quien adivinaba entonces, y confirma ahora, la vacuidad de aquellas prácticas sociales. Es un cuento político en muchas dimensiones, y, sin embargo, se cuenta como una broma.
En cuanto a “la no pertenencia”, Casal escribió un poema magnífico sobre ese tema, “Para Ana Veldford”, que apareció en la revista Areíto en 1976 y del que tomo sus versos finales:
Pero Nueva York no fue la ciudad de mi infancia,
no fue aquí que adquirí las primeras certidumbres,
no está aquí el rincón de mi primera caída,
ni el silbido lacerante que marcaba las noches.
Por eso siempre permaneceré al margen,
una extraña entre las piedras,
aún bajo el sol amable de este día de verano,
como ya para siempre permaneceré extranjera,
aún cuando regrese a la ciudad de mi infancia,
cargo esta marginalidad inmune a todos los retornos,
demasiado habanera para ser neoyorkina,
demasiado neoyorkina para ser,
- aún volver a ser -
cualquier otra cosa.
Es una antología que invita a ver la tradición cuentista de la Isla en el siglo pasado, pero ¿qué hay sobre la producción más reciente, la del siglo XXI? ¿Hay un diálogo con las propuestas de las antiguas generaciones?
Pues habría que ver, yo no estoy muy al día con la escritura de las más jóvenes. Pero, a propósito de Casal, por ejemplo, hay un cuento de Ena Lucía Portela, también en la antología, que toma por título un verso del poema antes citado: “Una extraña entre las piedras”. El diálogo es permanente.
Como comentaba antes, en la antología Sombras nada más hay una muestra amplia de escritoras posteriores, podría servir de panorama. Las antologías son un buen punto de mira para explorar la totalidad.
¿Cómo describiría la mirada del cuento femenino actual en Cuba? ¿Qué preocupaciones o búsquedas aparecen con más fuerza? ¿De qué manera el contexto económico y social atraviesa esas narrativas?
Hay mucha intensidad y calidad. Me permito recomendar una Antología personal de Aida Bahr, cuyo volumen Ofelias es magnífico. Recomiendo también La sombra del paisaje, de Lourdes González Herrero. El contexto social y económico entra de cualquier modo en esos cuentos. Y en el ámbito extraliterario también incide. Decaen las publicaciones, ahora mismo se pospuso la Feria del Libro. En fin, son tiempos difíciles, pero la creación no se detiene, a pesar de todo.
La situación de la isla es bastante preocupante. En ese panorama, ¿cómo se sostiene la producción literaria y artística? ¿Hay estrategias de creación o resistencia?
Sí. Es muy preocupante cuánto ha escalado la agresividad del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba. Y lo peor, la pasividad de la comunidad internacional. México ha sido una de las excepciones más dignas. La gente sigue creando. Se inauguran exposiciones, se presentan libros, hay funciones de ballet y cine, se premian concursos. Pero con las carencias generales —aunque se editan muchos libros en formato electrónico— todo se limita. El país funciona a media máquina, porque la falta de energía tras el bloqueo petrolero, además de otras medidas, previas y recientes, de acoso financiero y comercial, han reducido el espacio de realización vital de cada habitante de la isla.
A lo largo de la historia, muchos momentos de crisis han generado nuevas formas de lenguaje artístico. ¿Ocurre actualmente algo similar en Cuba? ¿Qué voces o escrituras le resultan especialmente significativas hoy?A veces pienso que me he quedado varada en mi generación y la previa. Siguen pareciéndome las mejores realizaciones. Ya mencioné a Aida Bahr y Lourdes González, pero valen mucho la pena todas las demás incluidas en la antología, como puede comprobarse. Recomendaría ahondar en el conocimiento de la obra de esas mujeres, en primer lugar, porque no han tenido mucha difusión fuera de Cuba.En la actualidad estoy mucho más al tanto en la novela que en el cuento. Recomendaría leer, por ejemplo, El viaje circular, de Reinaldo Montero; Chérie, de Dazra Novak; Los conjurados, de Alberto Guerra Naranjo; Mentir en La Habana, de Ernesto Pérez Castillo; No me preguntes cuándo y El cuerpo al revés, de Arturo Arango, o Salón de ensayos, de Karla Flores. Hay autores cubanos que circulan mucho fuera de Cuba; pero a estos que menciono también vale la pena leerlos.Usted ha trabajado desde hace años en torno a los feminismos y la recuperación de escritoras invisibilizadas. ¿Cuáles diría que son hoy las discusiones más urgentes para los feminismos cubanos?Hace poco estuve haciendo un recuento de las conquistas de las mujeres cubanas a lo largo de su historia y el balance es impresionante. Como los esclavos, las mujeres vieron en la batalla por la independencia de Cuba un espacio de libertad y se incorporaron a la lucha. El voto no llegaría, sin embargo, hasta 1934. Pero ese hábito de participación política práctica ya estaba asentado. Cuando en 1968 se celebró el Congreso Cultural de La Habana, Camila Henríquez Ureña quería compartir con los asistentes la experiencia cubana del derecho al aborto bajo supervisión médica, por ejemplo. Pero se habla poco de esos hitos pioneros. También suelo poner de ejemplo cómo en la década de los 80 hubo la tendencia a la maternidad libre (en Cuba la llamábamos “producción independiente”, y hasta Silvio Rodríguez le dedicó una canción, “Eva”, en 1987). Pero a menudo se pierde de vista que la garantía de los derechos y la equidad de género necesita de recursos económicos para realizarse. Quienes decidían abortar o adoptar métodos anticonceptivos de planificación familiar tenían servicios médicos seguros y gratuitos a su disposición; las mujeres que decidían parir solas tenían servicios públicos subvencionados que apoyaban la crianza de los hijos y su decisión no implicaba su exclusión social o que tuvieran que abandonar sus sueños.Sin embargo, con las crisis sucesivas a partir de la desaparición de la URSS y con la profundización de la guerra económica de Estados Unidos, que siguen añorando volver a gobernar en Cuba, los recursos mermaron, la inversión social disminuyó y la situación de las mujeres también cambió. Hemos tenido una regresión en muchos campos, no hay anticonceptivos disponibles, se ha exacerbado la dependencia económica de las mujeres en algunas franjas sociales, ha crecido la pobreza y la desigualdad, y con ellas la violencia. La doble jornada se multiplica en condiciones extremas de carencia de combustible. Las mujeres son, en la mayoría de los casos, quienes cuidan a las personas discapacitadas, ancianas o menores. Las escuelas reducen su horario, por falta de transporte, etc. Todo ello implica una tensión extra para la existencia cotidiana en la sociedad y en las familias.Ha aumentado la cifra de embarazos en la adolescencia y son más visibles los casos de violencia de género. Para enfrentar esos problemas es preciso no solo de la voluntad política de normar las relaciones sociales (como hacen el nuevo Código de las Familias o el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres), sino disponer de recursos para invertir en el cuidado colectivo y mantener a salvo a las mujeres en situación de violencia. La coyuntura es desesperada, incluso, en ámbitos como el de la salud pública, en el cual se juntan viejos lastres con carencias más actuales: no hay transporte para los enfermos de hemodiálisis, no se puede garantizar el servicio eléctrico en los hospitales e incluso ha aumentado el índice de mortalidad infantil. Son datos que nos hablan de una batalla cotidiana por la vida y de la injusticia tremenda del bloqueo norteamericano contra Cuba.Como en los viejos tiempos, las feministas debemos entender que de la justicia social más amplia depende la posibilidad de defender y realizar nuestros sueños.
Siempre pongo como ejemplo el derecho al aborto. Si un hospital que solo dispone de materiales o energía para realizar una operación debiera elegir entre realizar un aborto o una cesárea, ¿cuál crees que elegiría? No cabe duda, ¿no? Pues ahí está un ejemplo claro de cómo y por qué los derechos de las mujeres necesitan una sociedad en plenitud de capacidades. Creo que el principal reto que tenemos es hacerle la guerra al bloqueo de los Estados Unidos, en cualquier ámbito disponible, sin dejar de seguir batallando aquí por nuestros derechos.
Acaba de ingresar a la Academia Cubana de la Lengua, tras una larga trayectoria dedicada a rescatar voces femeninas y revisar el canon literario. ¿Qué significado personal e intelectual tiene para usted ocupar ahora una silla en esta institución?
Es un gran reconocimiento de tus iguales, y eso importa mucho. El acto de ingreso fue muy emotivo; elegí hablar de Gertrudis Gómez de Avellaneda como un modo de restituirle su derecho a integrar la Academia, que le fuera negado por ser mujer. La Academia es un espacio de intercambio cultural potente, un lugar para seguir creciendo intelectualmente y para intentar contribuir al enaltecimiento de la cultura cubana. También para seguir contribuyendo al mejor conocimiento de la producción literaria de las cubanas y a deshacer injustos o desinformados juicios asentados por la tradición crítica patriarcal.
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