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Fragmentos de un relicario inconcluso

Volantes clandestinos, corridos populares, oraciones y novelas conforman el relicario documental de la Cristiada. Este texto explora cómo esas expresiones dieron forma a la memoria cultural de una guerra que durante años permaneció velada

El Universal dio cobertura al conflicto. En la edición del 31 de Julio de 1926 aparecen encabezados como "Los templos que entreguen los sacerdotes del culto católico no seran destinados a otros usos" . Crédito: Archivo de El Universal.
09/08/2026 |01:06Javier García-Galiano |
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La madrugada del primer día de agosto de 1926, en los pueblos y ciudades de México no pudieron oírse las campanas que cotidianamente llamaban a misa porque los templos católicos permanecían cerrados. No dejaban, sin embargo, de propagarse acaso subrepticiamente impresos varios, de esos que se conocen como “volantes”, que incitaban:





¿QUE ES EL BOYCOTT?

BOYCOTT ES EL ACUERDO DE NO COMPRAR TAL O CUAL COSA, O DE NO COMPRARLA EN TAL O CUAL PARTE. Este solo acuerdo es temible ya, pero CUANDO SE GENERALIZA A TODO, POR TODOS, SE HACE SENCILLAMENTE DEMOLEDOR. ¿IMAGINA UD. EL PODER DE ESTA ARMA EN MANOS DE CATORCE MILLONES DE CATOLICOS, PARA CONSEGUIR SU LIBERTAD DE CONCIENCIA?

Club El Universal

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Volantes distribuidos durante la Guerra Cristera exhortaban a la población a sumarse al boicot económico como esistencia civil contra las políticas anticlericales del gobierno. Crédito: Archivo de El Universal

Decir : ¡AL BOYCOTT! con disciplina y con fe, es decir: ¡A LA VICTORIA!”

Esos impresos no dejaban de sucederse a veces con señalamientos precisos:

CATÓLICOS

DE LA PARROQUIA DE LA PURISIMA

Y OBLATOS

Desde esta fecha se declara

un boycott cerrado a FELIX LOPEZ

dueño del Tendajón situado en Dionisio Rodríguez, número 799.

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La Segunda Cristiada fue librada en las sierras de Durango tras la ruptura entre la Iglesia y los últimos rebeldes. Crédito: Archivo de El Universal

Nada absolutamente debe comprársele pues es de todos sabido que no deja de estar constantemente disparando y blasfemando contra la RELIGION y quien mandó a la cárcel a un grupo de señoritas católicas, sólo por ser dichas señoritas propagandistas del BOYCOTT. Hay que hacerle sentir a dicho jacobino el castigo del pueblo católico

¡¡BOYCOTT!! ¡¡BOYCOTT!!

Guadalajara, octubre 2 de 1926

Pase a esta hoja más adelante y no permita que sus amistades compren a dicho individuo

También se repartían engomados semejantes a timbres postales que advertían escuetamente:

¡CALLES!

¡REPASA LA HISTORIA Y FDV DE LOS TIRANOS!

En Aspectos del conflicto religioso de 1926 a 1929, editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en 1966 y reeditado por el Fondo de Cultura Económica como La guerra cristera en 2019, Alicia Olivera Sedano refiere que con la intención no de derrocar a las autoridades ni de obtener el poder, sino de lograr la reforma de los artículos 3º, 5º, 27 y 130 de la Constitución, algunos eclesiásticos, diversas asociaciones católicas como la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) y la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa se propusieron organizar un boycott general en la república, que “obligaba a todos los católicos de abstenerse del pago de impuestos y a reducir al mínimo sus consumos” como el que en 1918 se había ensayado “con éxito completo” en Guadalajara.

Jean Meyer, en el segundo tomo de La Cristiada, editado por primera vez por Siglo XXI en 1973, ha demostrado que la Liga había propuesto el “boicoteo económico” el 7 de julio de 1926 al Comité Episcopal, que concedió su aprobación “para la campaña pacífica denominada Bloqueo Económico Social, que emprenderá la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, a fin de obtener la derogación de las leyes que se oponen a dicha libertad”.

Heriberto Navarrete sostiene que la idea procedía de Anacleto González Flores, conocido afectuosamente como el Maistro Cleto. En sus memorias, Por Dios y por la patria, editadas en agosto de 1961 por la editorial Jus, recordaba que en la visita a Guadalajara en 1925 del Padre Neck, sacerdote católico, “se difundió literatura que pronto nos hizo conocer las peripecias de la gigantesca pugna entre Bismarck, el Canciller de Hierro, y el jefe de los católicos alemanes Luis Windhorst, la Pequeña Excelencia”. Fue entonces cuando “el maestro González Flores vislumbró con certera mirada la forma de Organización que convenía adoptar inmediatamente”. Consideraba que “fue la fundación del periódico Gladium factor que influyó en gran manera. Por medio de él (semanalmente) lanzó el maestro su mensaje encendido de fe en el porvenir; en sus páginas señalaba de modo inquietante los peligros de la hora, los remedios, la situación angustiosa de la Iglesia frente a la Revolución”. Sostenía que la Unión Popular había nacido de la ACJM y revelaba que “el Gobierno de la Unión Popular cuanto a sus personas, se componía de una cadena de jefaturas, que entroncando en un hombre que era el jefe de la Unión Popular, tomaba contacto con los miembros por medio del jefe de manzana. La característica en este respecto es que en toda su extensión, el gobierno es toda una jerarquía de jefes: de manzana, de sector, de parroquia, de una región”.

Rememoraba que “tratando de afianzar aquella organización en la que González Flores ponía con razón la esperanza de elevar a las masas a un estado de conciencia personal y colectiva cada vez mejor, nos sorprendió el año de 1926 cargado de siniestros augurios”.

Letra y música

No por azar, en Pueblo en vilo, su “microhistoria de San José de Gracia, al recrear la historia de la Cristiada en ese pueblo de Michoacán, don Luis González y González anota la letra de algunos corridos que se cantaban reiteradamente, no sin algo de festividad, en esos años. Uno de ellos propaga:

Señores tengan presente

lo que les voy a contar

se levantaron el armas

los de la Unión Popular.

Al rememorar la escritura de su libro Aspectos del conflicto religioso de 1926 a 1929, Alicia Olivera, que había adoptado el nombre de su esposo, el arquitecto Ramón Bonfil, escribió que “por más de cuatro años, siempre que requería la información sobre los sucesos acaecidos durante este movimiento obtuve algo más: algún relato, algún corrido, alguna oración, o simplemente un recuerdo anecdótico de quienes participaron en él. Fui reuniendo todo ese material, pensando que serviría para ilustrar algunas páginas de mi libro; pero llegó a ser tan vasto que pensé en agregar un capítulo más. Por último decidí publicar dicha colección en un trabajo especial”: el libro La literatura cristera, que publicó el Instituto Nacional de Antropología e Historia en 1970 y en un disco que editó también el Instituto Nacional de Antropología e Historia en 1976.

En la “Introducción a la segunda edición”, fechada en Coyoacán en septiembre de 1991, Alicia Olivera de Bonfil confesó que se había propuesto “ofrecer un panorama de la producción literaria a que este movimiento dio origen. En él se incluyen desde pequeños versos de origen popular, corridos, canciones e himnos, hasta poemas cultos, así como oraciones alusivas, cuentos y leyendas que aparecieron tras la consulta de archivos o en el transcurso de entrevistas con personas que participaron en la rebelión. Capítulo aparte ocupan las novelas cristeras que aparecieron en la etapa final del movimiento o bien muchos años después”.

Comenta que “la muestra quiso ser variada y representativa de los grupos que originaron esta literatura. Aquí se alcanzan a percibir los pensamientos y motivos de un numeroso contingente de mexicanos que arriesgó su vida y tranquilidad por esta lucha, pero también aquí se ve el arraigo popúlar de ese movimiento”.

Como las incitaciones escritas, también había canciones que propagaban el boycott con ironía provocadora, que parecían espontáneas, que, según Alicia Olivera de Bonfil, adoptaban “en su mayoría melodías de canciones en boga” como una con música de “Morir por tu amor”:

Ir a la inspección

que dicha a de ser

en medio de cuicos salvajes

que casi no quieren comer.

También surgieron corridos, que, se sabe, importan un arma, testimonios, retratos de personajes, versiones de la historia en la que acaso también intervienen. Entre los más significativos se hallan el de Valentín de la Sierra, el del Padre Pedroza, el de los combates de San Julián, el del jurado de Toral.

Tampoco dejaron de sucederse oraciones que murmuraban dolientemente:

¿Por qué te fuiste, Dios mío;

rey inmortal y glorioso;

y tu santuario amoroso

ya no es tu dulce mansión?

Historias del silencio

Agustín Vaca refiere en Los silencios de la historia: las cristeras que desde que se anunció en 1929 el acuerdo, conocido como “los arreglos”, entre la Iglesia católica y el gobierno, la Iglesia se impuso acallar el conflicto religioso. “Es el espíritu del Concordato napoleónico, sin el Concordato”, escribió Jean Meyer en las páginas 384 y 385 de La Cristiada, “y se ve a los prelados, a quienes su cargo espiritual no dispensa de todo servicio temporal puesto que ponen su autoridad al servicio del gobierno, adoptar una posición contra los combatientes y después contra todo oponente católico. Servían así a la política realista romana, justificada siempre por la preocupación pastoral de defender la paz religiosa, la restauración del culto que los fanáticos cristeros comprometían”.

Vaca refiere que “en octubre de 1951, Eligio Cartagena, antiguo militante del ejército cristero, envió a Jesús Degollado Guízar, último jefe supremo del movimiento, un escrito en el que le pedía que se organizara la celebración del XXV aniversario del inicio de la Epopeya Cristera, como ellos mismos llamaron a la sublevación”.

Esa sugerencia, según Jesús Degollado Guízar, “vino a despertarnos de nuestro sueño, vino a reprocharnos con toda justicia nuestro cobarde silencio y a recordarnos la deuda sagrada que eternamente tenemos contraída con nuestros Mártires y héroes”.

Luego de esos festejos, según Agustín Vaca, “los excombatientes se agruparon en la Legión de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe. Veteranos de la Guardia Nacional (cristeros). Esta organización tuvo por objeto ‘conservar y fomentar el espíritu auténticamente cristero’ y ‘reunir todos los datos y toda la documentación que se refiere a la Epopeya, sus antecedentes, sus consecuencias, sus amigos, sus enemigos, sus héroes y mártires’, material que habría de publicarse desde 1952 hasta 1966 en una revista que llevó el título de David.”

Esos testimonios escritos conforman una historia íntima, que no prescinde de lo que hubiera podido ser posible, de la memoria personal de esa lucha; importan asimismo una evocación de indignación confiada, de coraje, de esperanza y desasosiego, de valor y temor, de desencanto, escrita de un modo que procede de la naturaleza de su habla.

Las formas de la historia

Como sus nombres: “Conflicto religioso”, “Cristiada”, “Guerra cristera”, “Rebelión Cristera”, su historia no deja de deparar fascinación, asombro, inquietud, desconcierto ni de adoptar formas varias en narraciones orales, en leyendas, en martirologios, en libros de historia que propician otros libros de historia, en biografías, en ensayos, en cuentos, en novelas, en obras de teatro, en el cinematógrafo..