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El futuro de la Inteligencia Artificial

Una reflexión a partir de la reciente encíclica del Papa León XIV sobre la defensa de la dignidad humana ante la IA

El encuentro entre un niño y un robot en una exposición de inteligencia artificial en China ilustra el debate que sobre los retos de la inteligencia artificial y la defensa de la dignidad humana. Crédito: Xinhua/Zhao Zishuo (oa) (da)
21/06/2026 |05:56Hugo Setzer |
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¿Cuál será el futuro de la Inteligencia Artificial (IA)? ¿Qué retos y oportunidades conlleva su uso? ¿Qué tanto debe regularse?





El filósofo y docente Dardo Scavino nos dice que: “Ya desde Aristóteles los filósofos han cuestionado el lugar que las herramientas y los autómatas ocupan en las dinámicas de trabajo. En nuestros días, la antigua preocupación de que las máquinas hagan desaparecer algunos empleos se ha reeditado con la pregunta de si la inteligencia artificial se encuentra a nuestro servicio o nosotros al servicio de ella.”

Quien también se ha hecho estas preguntas y nos ofrece valiosas reflexiones al respecto es el Papa León XIV, en su encíclica Magnifica Humanitas, “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial”.

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Se trata de un documento que bien vale la pena leer completo. No es posible hacer una síntesis adecuada en un espacio tan breve, por lo que me propongo tan sólo a resaltar algunos puntos que me parecieron particularmente importantes.

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El papa León XIV llega para su audiencia semanal en la Plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, el 13 de mayo del 2026. Foto: AP

El Papa reconoce la relevancia de la tecnología durante toda la historia de la humanidad: “A lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad; al mismo tiempo, cada etapa del progreso también ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de instrumentos capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien”.

Advierte sobre el riesgo de que la IA y, en general, toda la tecnología digital se convierta en una nueva torre de Babel:

“Los seres humanos, habiéndose establecido en la llanura de Senaar, deciden construir una ciudad y una torre ‘cuya cúspide llegue hasta el cielo’ (Gn 11,4). […] La empresa parece imponente: una sola lengua, una sola tecnología, una sola dirección. Sin embargo, el proyecto esconde un profundo engaño: es una obra concebida sin referencia a Dios, sustentada por una uniformidad que elimina la diversidad y que, en lugar de la comunión, elige la homogeneización. […] El resultado no es la unidad, sino la dispersión. Babel revela así el límite de toda construcción que, por grandiosa que sea, surge de la absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia […]”.

Aquí León XIV introduce uno de los conceptos que soportarán todo su texto, que es el de la dignidad humana. Desde el punto de vista de la religión católica, cada persona posee un valor intrínseco que debe ser respetado, debido a que el ser humano está creado a imagen y semejanza de Dios.

Sin embargo, la iglesia no es la única que se refiere al concepto de la dignidad humana. La mayoría de los grandes filósofos a lo largo de la historia coinciden también. Immanuel Kant, por ejemplo, distinguió entre las cosas, que tienen precio, y las personas, que tienen dignidad. Las cosas pueden intercambiarse; las personas no. Cada ser racional posee un valor absoluto y nunca debe ser tratado únicamente como un medio para los fines de otros.

Desde esta perspectiva, el Papa defiende que toda tecnología debe estar al servicio del ser humano y no al revés: “En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos […]. El desarrollo es humano cuando pone en el centro a las personas y no la acumulación de bienes”.

León XIV identifica también otro riesgo en la concentración de un enorme poder en muy pocas manos, las de aquellos que controlan los gigantes informáticos y crean los algoritmos.

“En el contexto digital, el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación”.

El célebre autor Yuval Noah Harari nos alerta también de este riesgo en su libro 21 Lessons for the 21st Century (21 lecciones para el siglo XXI):

“La carrera por poseer los datos ya ha empezado, encabezada por gigantes de datos como Google y Facebook […]. Hasta ahora muchos de estos gigantes parecen haber adoptado el modelo de negocio de ‘mercaderes de la atención’... Pero las miras de los gigantes de datos apuntan mucho más allá; su verdadero negocio no es vender anuncios. Al captar nuestra atención consiguen acumular cantidades inmensas de datos sobre nosotros que valen más que cualquier ingreso publicitario. No somos sus clientes, somos su producto”.

Sigue diciendo el Papa que: “A la luz del bien común y del destino universal de los bienes, este fenómeno suscita seria preocupación: pequeños grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos”.

El problema se presenta cuando, en aras de obtener las mayores ganancias posibles, se está dispuesto a sacrificar la dignidad de las personas. La tecnología, la IA y las redes sociales están teniendo en nosotros y en especial en los más jóvenes, una enorme influencia, que incide en nuestros hábitos y comportamientos, así como en nuestra forma de pensar (o dejar de hacerlo).

“En los últimos años, la literatura psicológica y psiquiátrica ha documentado con creciente insistencia cómo una exposición precoz y sin supervisión a los dispositivos digitales y a las redes sociales puede afectar negativamente al sueño, a la atención, a la regulación emocional y a las relaciones, especialmente en las edades más vulnerables, con consecuencias a veces dramáticas”.

En marzo de 2026, un jurado de Los Ángeles determinó que Meta (propietaria de Facebook e Instagram) y YouTube (propiedad de Google) son responsables de crear productos que provocaron conductas perjudiciales y adictivas entre los usuarios jóvenes. Se trata de una decisión histórica que podría sentar un precedente legal para acusaciones similares contra empresas de redes sociales.

Otro de los temas que preocupa a muchas personas es sobre qué tanto la IA pueda llegar a desplazar a los humanos de sus empleos. La respuesta la encontramos de nuevo en el concepto de la dignidad de las personas:

“El trabajo no es un simple instrumento, sino que expresa y acrecienta la dignidad de nuestra vida. Es una necesidad inherente a la condición humana, un camino habitual hacia la madurez, el desarrollo y la realización personal”.

Cierro esta columna con una reflexión que hace el Papa un poco más adelante y que es muy pertinente al contexto actual de nuestro país: “En esta óptica, las ayudas económicas a los pobres siguen siendo a veces necesarias en situaciones de emergencia, pero no pueden convertirse en la única respuesta, ya que el objetivo es ofrecer a cada persona las condiciones para vivir dignamente a través de su propio trabajo”.

Espero que muchas personas, en especial los tomadores de decisiones en todos los ámbitos, puedan leer la encíclica y conocer las reflexiones de León XIV.