Ya sea para enfrentar la crisis medioambiental o por simple evolución del conocimiento, la ciencia y diseño se encuentran bajo el concepto de “biodiseño” para mostrar las posibles creaciones de lámparas con espirulina, ropa hecha de fibra de árbol, esculturas de cáscara de huevo o bancas impresas en 3D con tierra y arcilla. Este tipo de creaciones se podrán observar en la exposición BioDiseño Mx: Territorios vivos, que inauguró ayer en el Museo Franz Mayer.
Curada por Taina Campos, académica y diseñadora industrial especializada en diseño regenerativo, la muestra es un recorrido por 74 piezas que son ejemplo del ingenio humano, como las prendas hechas de flor de cempasúchil de Regina Paniagua; la lámpara que enciende con bioluminiscencia, es decir bacterias marinas, de Jaime Lobato para Independent Lab; o aquella luminaria hecha por Emiliano Godoy con azúcar de caña para que su desecho sea biodegradable; el jarrón de cenizas de Elena Amato Fabteria, quien también ha hecho una canasta con fermentación de pan y un banco para niños hecho de cáscaras de naranja, o un vestido al estilo sesentero de Paco Rabanne, pero hecho con celulosa bacteriana por la diseñadora Melina Ramírez Críptica.
“El biodiseño se puede entender como toda esta creación que se hace con la naturaleza y para la naturaleza”, define la curadora, quien también es profesora en la UNAM y la Universidad Iberoamericana.

Las piezas contemporáneas conviven con creaciones artesanales del fondo Ruth Lechuga que resguarda el museo.
“El biodiseño en México no es una disciplina nueva o futurista como se podría percibir, quería mostrar que en México se hace desde tiempos ancestrales, los pueblos originarios son expertos en esto”, dice Campos sobre su decisión para incluir las piezas de esta colección.
BioDiseño Mx: Territorios vivos estará hasta el 11 de octubre.
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