El emisario o la lección de los animales es una novela negra de Alejandro Vázquez Ortiz publicada por Penguin Random House, en su nueva colección Caballo de Troya, en México, en junio de 2017. Es una historia cuya parte más dinámica ocurre en Monterrey, en poco más de una noche, mientras un huracán desquicia la vida y convierte al río Santa Catarina en un panteón flotante. La novela está contada en primera persona por Alex, un personaje que se adapta a sus circunstancias aunque siempre está a punto de dejar el pellejo en el intento.
Alejandro Vázquez Ortiz, quien nació en Monterrey, México, en 1984, aborda un territorio realmente minado. Los personajes principales son los gemelos Alex y el Coralillo, un narco lleno de ingenio y de encanto. Desde niños se percibe la diferencia entre los hermanos; mientras Alex es tímido, retraído y amante de los libros, el otro chico desarrolla sus dotes de bandido de tal manera que pocos lo advierten seducidos por su simpatía. El narrador nos pone al tanto de innumerables peripecias del Coralillo y cómo, en un momento crítico de la vida, lo involucra en sus actividades delictivas. Alex lo hace más por solidaridad que por interés y como suele ocurrir con los principiantes, cae preso. La madre ha perdido la movilidad y para transportarla utilizan una silla de ruedas, cuyo asiento tratan de habilitar como escondrijo para traficar cocaína y, claro, los descubren. De esa época, Alex sólo recordará con gratitud a Agnes. La novela fluye, además del adecuado desarrollo de la trama, encontramos algunas reflexiones del perfil emocional del hombre contemporáneo: “Todo se funde en una mancha azul profundo. No es la noche. Es el destino.” Dice el autor, que sin duda le agradan los extremos, o también, “mi tiempo es sólo un contratiempo.”
Alex decide suplantar a su hermano muerto en la entrega de una mochila con droga. Recibe el paquete, instrucciones y un celular al que le llamará René, el jefe a quien no conoce. El movimiento lo hará en una camioneta que se mueve de milagro. Acude al punto de encuentro, conoce al Nova y le llama la atención una atractiva silueta femenina en una ventana. El cliente llegará en un taxi. Debe tener cuidado porque también recibirá el dinero de la venta. Es noche lluviosa y la ciudad está inundada. La gente en sus casas. Muchas calles cerradas a la circulación. De manera que este joven más interesado en leer novelas y en la vida sedentaria está hecho un manojo de nervios esperando hacer el intercambio. Pero todo se sale de cauce e inicia una huida donde lo único que pretende es salvar su vida, ¿para qué? Al final lo comprenderá. Mientras se mueve de un lugar a otro, nos enteramos de la historia de la familia y del Coralillo y de cómo operaba para las bandas que se lo solicitaban.
Con un tejido de tiempos preciso, Vázquez Ortiz nos cuenta una historia llena de imágenes y, desde luego, de animales. Encontramos perros, cabras, una golondrina, un bisonte, un canario y todos los pájaros que la madre de los gemelos amaba. Y desde luego, el Coralillo, que nos enseñará cómo la disposición de los colores es importante en una personalidad criminal. El lenguaje, ese aspecto epifánico de la buena literatura, es variado y va desde una orientación poética hasta la jerga callejera, que consigue que la novela dé cuenta de un novelista sin complejos, cuya única pertenencia es el arte de contar. Aunque narra en primera persona, no cae en la trampa de la intimidad, por tanto, su discurso es abierto, incluyente y mucho más interesante. “Cuando el patrón te marca y tienes apagado el teléfono, o estás muerto o te quieres morir,” expresa, y la verdad resulta difícil restringir la polisemia de ese enunciado.
Los buenos novelistas no aparecen con frecuencia. Alejandro Vázquez Ortiz ha publicado libros de cuentos y ha conseguido entregarnos una historia donde se percibe la vocación, el conocimiento, el cuidado y el respeto por un género que de cuando en cuando define autores. El emisario o la lección de los animales es una novela que abre una interesante página sobre el mito de los gemelos. Uno que mueve ciertos hilos de narcotráfico, y otro que, según él, hace sólo observación participante. Encontrarán que es una novela escrita también para emocionar, que en algunos capítulos les pondrá los pelos de punta y que, definitivamente, no será la que se lleven a una isla desierta, ya me darán la razón.
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