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El doctor que probaba los Rayos X en su cuerpo

Mochilazo en el tiempo

En 1923 EL UNIVERSAL ILUSTRADO publicó el riesgo de manejar los Rayos X bajo el cual laboraban, de forma consciente y con ínfimos salarios, los médicos radiólogos en Francia. Entre ellos el doctor, académico e inventor de nombre Soret, quien los probó en su propio cuerpo provocándole varias amputaciones.

Texto: Eduardo Gómez Vázquez

Diseño web: Miguel Ángel Garnica

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Ha pasado más de siglo y medio del descubrimiento - por cierto accidental- de los Rayos  X, técnica científica que revolucionó la ciencia y que hoy utilizamos en hospitales o como parte de algunas medidas de seguridad en los aeropuertos, centrales de camiones, empresas o en concentraciones masivas.

Estos equipos tuvieron sus antecedentes en pruebas de descargas eléctricas que se desarrollaron por el inventor y científico inglés William Crookes. Los primeros artefactos consistían en ampollas de vidrio que contenían dos electrodos: un cátodo (un potencial eléctrico negativo) y un ánodo (un potencial eléctrico positivo), para dar origen al tubo de vacío de Crookes.

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Boceto del tubo de Crookes. Crédito: http://tomascabacas.com/tubos-de-crookes-del-laboratorio-electrico-sanch...

En 1895, el científico alemán Wilhelm Conrad Röntgen – quien después fuera galardonado con el premio Nobel de Física en 1901 y donó todo a la Universidad de la ciudad de Würzburg-, se percató que cuando el tubo de Crookes era recorrido por una corriente eléctrica, un papel que estaba cerca de él, impregnado con tintura de cianuro de bario adquiría un color fluorescente. Situación que se repetía si se cubría el tubo de Crookes con un cartón negro.

Así a corto tiempo, el 8 de noviembre de 1895, este científico alemán descubrió que esta fluorescencia se provocaba por un rayo invisible con forma de onda electromagnética, pero desconocía el origen, así que decidió llamarlos Rayo “X” nombre que perduró hasta nuestros días; en Alemania incluso se les conoce como Röntgenstrahlen (rayos Röntgen).

Para 1912 otro científico alemán Max Von Laue determinó que se trataba de ondas electromagnéticas de muy corta longitud capaces de atravesar la materia. En tanto, Röntgen hizo las primeras pruebas de estos rayos en la mano de su propia esposa Anna Bertha Ludwing, la cual mostraba su anillo de bodas y se convirtió en la primera radiografía que mostraba claramente los huesos de la mano.

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Imagen del científico alemán Wilhelm Conrad Röntgen, galardonado con el premio Nobel de Física en 1901 por descubrir los Rayos “X”. Crédito: https://www.vix.com/es/btg/curiosidades/2010/11/16/grandes-cientificos-w...

Röntgen concluyó que los Rayos X eran capaces de atravesar madera, papel, pero no ocurría lo mismo con los metales.

Los primeros usos de aquella nueva herramienta se limitaron a descubrir formaciones extrañas en el cuerpo humano, luego al estudio de fracturas y más tarde también jugó un papel muy importante contra la tuberculosis. Con el paso de los años nació así la Radiografía como especialidad en la ciencia médica, cuando los Rayos X fueron capaces de detectar tejidos blandos profundos como el aparato digestivo, con la ayuda de medios de contraste.

En nuestros días gracias a ellos los médicos pueden observar el corazón, cerebro y enfermedades tumorales, entre muchas variantes más.

“El último mártir del Radio”
 
 

Alrededor de este revolucionario descubrimiento surgieron varias historias de médicos que trabajaron de forma tenaz en pro de la ciencia. En 1923 EL UNIVERSAL ILUSTRADO publicó el riesgo bajo el cual trabajaban los médicos radiólogos en Francia, así como la historia de uno de ellos que al inicio probó los Rayos X en su propio cuerpo, al parecer sin importarle las consecuencias.

El texto titulado Soret, mutilado por los Rayos X, la última víctima de la Ciencia, difundía que “una página entera de nuestra revista sería apenas suficiente para relatar los sufrimientos científicos de este hombre eminente cuyo espíritu curioso abordara los problemas más variados…”

El doctor Celestino Soret fue de origen modesto. Nació en Ferrières-en-Gâtinais (Loira) en Paris, Francia, en 1854; luego de un rápido ascenso en los estudios, fue profesor de física y llegó a trabajar en una de las escuelas de Medicina en la Universidad de Havre, Francia por más de 20 años.

En 1880 fue agregado a la sección de ciencias físicas y en 1903 obtuvo el diploma de doctor en Medicina en la Facultad de París, con una tesis admirable sobre el “Tubo de Crookes”.

Soret desarrolló desde 1890 varios mecanismos de ayuda en diferentes ámbitos como un un plan de seguridad para los billetes y su color, mismo que presentó al Consejo Técnico del Banco de Francia y el cual fue aceptado.

El texto publicado aquel 1923 relata que desde el descubrimiento de los Rayos X – en 1895 por el físico alemán Wilhelm Conrad Röntgen-, Soret se apasionó por los “nuevos fenómenos”, sobre los cuales enviaba una serie de comunicaciones acerca de sus estudios a la Academia de Ciencias francesa, al tiempo que inventó un audífono bilateral para la sordera y creó un servicio de observaciones meteorológicas marítimas que funcionó regularmente 30 años después.

Este hombre que dirigiera por 24 años el servicio de Radiología, radiografía y radioterapia del Hospital del Havre, en Francia, “ha pagado su tributo a los Rayos X”, se lee en el texto. Alcanzado, herido por la radiación en numerosas ocasiones, había sufrido varias operaciones que le habían hecho perder un cierto número de dedos y falanges que lo obligaron a parar su actividad como médico en 1917, luego de otra amputación, ahora del índice de la mano derecha.

El autor del escrito, cuya firma aparece como PQR F.H., se hace varias preguntas “¿cómo un hombre tan advertido pudo ser sorprendido por los Rayos X? ¿Los accidentes dolorosos… son la consecuencia de imprudencias causadas por la curiosidad científica? También se cuestionaba si habría que culpar la insuficiencia de los métodos de protección existentes en ese tiempo “a pesar de los progresos”. Sin embargo, estos cuestionamientos se quedan sin respuesta.

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El doctor francés Celestino Soret en su cama convaleciente de sus amputaciones, tal como lo vio un dibujante francés. Imagen de EL UNIVERSAL ILUSTRADO, 1923, que también es nuestra principal.

Radiólogos franceses de los años 20, en riego y mal pagados
 
 

Además de la particular historia del doctor Soret, el reportaje difundía que la mayoría de los médicos franceses estaban conscientes del enorme peligro que implicaba trabajar con los Rayos X, por lo cual utilizaban “multitud de precauciones” y enlista algunos: “se colocan siempre a 4 ó 5 metros de la ampolla… las irradiaciones de la parte enferma duran en término medio, una hora”.

En el texto se defendía la integridad de los doctores: “un mismo médico en una sesión cura diversas enfermedades, por lo cual no debe ser negligente, porque unos segundos de descuido significan una muerte”. Incluso los practicantes más serios reconocían que se debía trabajar con todo cuidado.

Por su parte, las entonces autoridades francesas del ramo admitían “una imposibilidad absoluta para proteger a sus “radiologistas” o “radiógrafos” -como los llamaba- contra un peligro que “es inherente a su profesión”.

Otro eminente especialista admitía que la protección total de los médicos a los Rayos X, era imposible “nosotros sufrimos la influencia de los Rayos X aunque sea por unos segundos al día ¿cómo se manifestará al cabo de veinte años?”

El entonces director del Servicio Radiográfico del Hospital Necker de nombre M.Contremoulin, culpaba a la naturaleza de los materiales utilizados para protegerse: “el vidrio a base de plomo, empleado en las lunas, es insuficiente…el vidrio de uranio sería preferible…”. También recomendaba los guantes a base caucho con sales de plomo: “como todo cuerpo atacado por los Rayos X, ellos (los guantes) emiten rayos secundarios, cuya acción se somete a la de los rayos principales y éstos no son nunca superados”.

El texto narra que Contremoulin en los veinte años que tenía de manejar los Rayos X, nunca había dejado de utilizar guantes y que sus manos lucían intactas. “No tiene una sola lesión”.

Este especialista explicaba que los Rayos X se agitan al borde de las glándulas se secreción interna y que predisponían al sujeto a tener daños en las manos, siempre más expuestas que otras partes del cuerpo. Concluía que el peligro radicaba en el “baño de radiaciones en que viven los radiólogos” y que la potencia de los Rayos X y de los rayos secundarios aún era desconocida.

Contremoulin aseguraba que aun a 80 metros de distancia los rayos atacaban las placas fotográficas, por lo que aconsejaba “forrar de plomo las paredes y los plafonds” y no solamente los laboratorios, y las ampollas, sino todas las piezas (cuartos) vecinos al lugar de trabajo.

El reportaje del ILUSTRADO resume que la seguridad para estos médicos, en Francia, estaba subordinada “a una cuestión monetaria… hay que esperar que la Asistencia (en aquel entonces la institución de salud francesa) se muestre menos económica para la adquisición del material radiográfico por la seguridad del abnegado personal que trabaja con una modestia inapreciada”.

Revela también que los radiólogos franceses ganaban menos francos que los barrenderos municipales de aquel entonces y que a lo máximo que podían aspirar era a ser jefes de laboratorio con un salario de 3 mil francos al año. Incluso en dos hospitales de París, donde el servicio de Radiología era municipal, “el salario es todavía más inconveniente”.

El texto concluye retomando la historia del doctor Soret de quien dice “anciano instructor agregado al laboratorio de Ciencias Físicas y doctor en la Facultad de Medicina de París, después de 30 años de servicios universitarios y a pesar de sus trabajos científicos y sus mutilaciones”, no había recibido en vida, ni siquiera como recompensa, el reconocimiento a todos sus esfuerzos.

Por fortuna, historias como la del doctor Soret ya no se repiten. Los avances tecnológicos han optimizado, en mucho, las medidas de seguridad que deben tener los especialistas radiólogos a través de protocolos internacionales, los cuales buscan siempre resguardar la salud tanto de los médicos como de los pacientes.

Nuestra foto comparativa antigua es una fotografía de Thomas Edison examinando la mano de su asistente Clarence Dally, a través de un fluoroscopio diseñado por Edison, fines del siglo XIX. La imagen es de Science Source/Photo Researchers. 

En cuanto a la fotografía actual es un fluoroscopio utilizado en un hospital de Especialidades Pediátricas. Imagen del Sistema Estatal de Radio y Televisión de Panamá.
http://sertv.gob.pa/noticias-nacional-fm/item/31602-fluoroscopio-nuevo-a... Estatal de Radio y Televisión de Panamá.

Fuentes: EL UNIVERSAL ILUSTRADO, 1923; http://www.curiosfera.com/historia-de-los-rayos-x-inventor/; http://tom...

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