Lo que las otras epidemias nos heredaron

A pesar de la influenza H1N1, todavía faltan plataformas tecnológicas para defendernos del desfile de nuevos virus

coronavirus
Foto: Especial
Ciencia y Salud 04/05/2020 01:04 Berenice González Durand Actualizada 16:22
Guardando favorito...

La primavera del 2009 tiene similitudes con la del 2020. La pandemia de la influenza A H1N1 tenía recluida a la población frente al potente virus que se piensa atacó a 90% de los que finalmente fallecieron sin que en un principio siquiera sospecharan la existencia de este nuevo enemigo. La triste primicia se vivió en México, que fungió como epicentro de la pandemia. La confusión, archivaba al H1N1 en los terrenos de la influenza estacional o la neumonía. Se hizo real cuando la gente empezó a morir y el miedo se vistió con la armadura del encierro, los cubre bocas y los guantes de látex. Hoy las escenas son similares frente al SARS-CoV-2, pero ahora la historia se ha prolongado en contagios, muertes, impacto global y tiempo.

Una nueva batalla

Hace 11 años quedó claro que la distancia social era necesaria, ¿pero hubo alguna otra lección o herencia, por ejemplo en los diversos campos de la investigación científica, que ahora podamos abonar en la lucha frente a la Covid-19? ¿Hay algo que se haya mejorado para fortalecer la lucha contra un nuevo virus? Para el doctor Carlos Arias, del Departamento de Genética del Desarrollo y Fisiología Celular del Instituto de Biotecnología de la UNAM, una de las diferencias importantes entre la época en que se enfrentó la influenza A H1N1 y ahora es el acceso de la comunidad científica a tener más interacción con las instituciones de salud y en particular a tener acceso a material biológico para trabajar.

“En la anterior pandemia hubo más dificultad para poder interaccionar con el InDRE (Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos). En esta ocasión la Secretaria de Salud, organizó un grupo de trabajo de respuesta a la enfermedad que involucró desde el inicio a gente de la academia que ha estado cercana a la parte de diagnóstico junto con el INDRE”, señala Arias, pero aclara que aunque esa parte se ha desarrollado de mejor forma en la actualidad; las contribuciones que los científicos pudieron hacer hace una década en nuestro país, no son muy diferentes a las de ahora.

Las principales áreas de investigación que tienen que ver directamente con alguna medida de incidencia con la enfermedad a corto o mediano plazo en este tipo de situaciones son: los métodos diagnósticos, el desarrollo de antivirales y el diseño de vacunas. Arias señala que lo que se buscaba hacer durante la epidemia de la influenza H1N1 estaba dirigido en esa dirección, pero partiendo de una base muy poco desarrollada en términos tecnológicos, no porque no existiera o no exista la capacidad, sino por la falta de un mayor impulso y desarrollo para plataformas que pudieran hacer despegar de manera rápida, soluciones en alguna de esas áreas.

“Quizá el único caso que valga la pena mencionar es el desarrollo que tuvo la doctora Laura Palomares del Instituto de Biotecnología, quien colaboró con la creación de la primera vacuna recombinante contra la influenza”.

Cabe señalar que la doctora Palomares es pionera en México en el desarrollo de procesos para la producción de proteínas recombinantes siguiendo el sistema de células de insecto-baculovirus, así como en la producción y caracterización de glicoproteínas recombinantes. Su experiencia la ha llevado a impulsar plataformas tecnológicas que incluso podrían servir para la creación de una vacuna contra el SARS-CoV-2, pero aún faltaría acomodar muchas piezas del rompecabezas para poder estar en la contienda con los punteros del mundo.

También lee: Así destruye el Covid-19 al cuerpo humano

La importancia de generar (y mantener) plataformas tecnológicas tras las experiencias de otras epidemias, las han utilizado desde hace muchos años los países que van a la cabeza en la generación de vacunas, como en la actualidad es el caso de la compañía Moderna en EU, apoyada por los institutos de salud gubernamentales, así como la vacuna generada por científicos del Instituto Jenner de la Universidad de Oxford.

La ventaja inicial de este último proyecto es que ya hay estudios previos de que inoculaciones similares no causan daño en humanos. Este instituto utiliza una tecnología que se centra en alterar el código genético de un virus familiar para que inyectado en el organismo el virus impostor haga que el sistema inmune combata al verdadero asesino. La hazaña que les ha ganado ventaja sintetiza el esfuerzo de trabajar en esa tecnología durante 20 años y probarse en 70 ensayos clínicos que incluyeron una probable vacuna para el síndrome respiratorio de medio de Medio Oriente (MERS) y otras para el ébola y la malaria.

Hace un par de semanas se inició la primera fase de un ensayo clínico con mil cien personas. La enseñanza es que las plataformas tecnológicas que llevan muchos años funcionando y se mantienen, a la larga traen frutos, algo que desgraciadamente no ha ocurrido con nuestro país.

Arias señala que desgraciadamente no solo se trata de tener las plataformas que se requieren a nivel científico, sino tener la vinculación necesaria con la industria. Además de que en este tipo de emergencias surgen nacionalismos que impiden un reparto equitativo del producto. “Si no tenemos posición de influencia política o económica, los dependientes tecnológicamente nos formamos al final de la fila; por eso es importante desarrollar tecnología para poder responder, quizá no con la rapidez de otros lados, pero razonablemente rápido para tener algún impacto según los diversos problemas que puedan presentarse en el futuro”.

Nanotecnología, nuevas puertas

Para el experto en biotecnología, si de la misma forma hace 10 años se hubieran desarrollado métodos de diagnóstico rápidos y baratos, también se hubieran podido encontrar nuevas formas de identificar el virus. Este es uno de las problemáticas que parecen menos importantes que la vacuna, pero que ahora han hecho batallar al mundo entero.

Frente a esta problemática, el proyecto europeo CoNVat, liderado desde el Instituto Catalán de Nanociencia y Nanotecnología (ICN2), está tratando diseñar un nuevo sistema de diagnóstico de la COVID-19 con nuevos proyectos. A través de una plataforma de biosensores basados en nanotecnología óptica, pretende proporcionar un diagnóstico rápido y sin necesidad de instrumentación compleja.

La nanotecnología intenta abrir nuevas puertas para luchar contra esta nueva pandemia. En México un equipo multidisciplinario de científicos del Centro de Nanociencias y Micro y Nanotecnología (CNMN-IPN), trabaja en la creación de un dispositivo electrónico que utiliza nanomateriales para detectar el virus de la Influenza H1N1 con la finalidad de ofrecer una nueva alternativa de detección rápida. El coordinador del grupo interdisciplinario de investigadores, Jorge Roberto Vargas García, explica que el diseño de este dispositivo también podría ser aplicado para desarrollar un método de disgnóstico para el nuevo coronavirus.

El principio básico del dispositivo utiliza la interacción que existe entre nuevos materiales que se están desarrollando y la superficie del virus. “La naturaleza de un virus depende mucho de la naturaleza de las proteínas que constituyen su superficie. Para el H1N1 desarrollamos materiales que tienen interacción con esas proteínas. Ahora se tendría que encontrar la interacción de esos materiales con la superficie proteíca del nuevo coronavirus”.

El proyecto empezó formalmente en enero del 2019, sin embargo la propuesta específica para la detección del H1N1 tiene que ver con el trabajo de diferentes especialistas durante muchos años.

Vargas explica que hablar de nanomateriales es referirse a un campo de estudio que se ha intensificado en las últimas décadas, pues cuando los materiales se sintetizan en dimensiones muy pequeñas se generan cambios notorios en las propiedades físicas y químicas del material que pueden utilizarse en una gran diversidad de áreas, con principal impacto hasta ahora en comunicaciones y medicina. Esas dimensiones crean diferentes efectos a nivel cuántico, como los provocados por la interacción de la luz con esos materiales.

Estas interacciones ayudan a visualizar respuestas en muchos componentes, como a detectar el virus en etapas tempranas. El investigador dice que la exploración de este tipo de materiales también podría tener un papel sustancial para tratamientos directos, pero se requiere apostarle a estas tecnologías y sobre todo mantener proyectos a largo plazo que en algún momento podrán ser útiles para luchar contra las epidemias que seguirán acechándonos.

Guardando favorito...

Recomendamos

Comentarios