La provincia china de Sichuan es el hogar natural de los famosos pandas. Y todo mundo quiere ver a los pandas, yo incluida, por eso fui al Centro de Investigación y Cría de Pandas en la ciudad de Chengdú.

Dicho centro se encuentra en la periferia de Chengdú, el chico del hostal me recomendó ir en taxi, pero no le hice caso y me fui en autobús, me tomó un buen rato dar con la ruta correcta, pero finalmente lo conseguí, y mucho más barato.

El segundo punto fue el clima: Chengdú se distingue por ser una ciudad muy húmeda. De manera natural tiene cielos nublados perennes, difícilmente se logra ver un cielo azul. Aunado a eso, está la contaminación, que no es poca. Y ese lunes las nubes decidieron llover, entonces la humedad estaba al 100 por ciento, más el calor del verano, igual a, la combinación perfecta para llevar la ropa pegada al cuerpo durante todo el día.

Pero la parte buena de todo es que a los pandas no les gusta mucho el calor, prefieren los días así, húmedos, con lluvia ligera y viento, para pasearse por su entorno. Algo bueno debía tener el día. Así que pagué los 58 yuanes del boleto de entrada y comencé emocionada la búsqueda de un panda o dos o tres, o los que pudiera ver.

Nunca pude ver a los pandas en el Zoológico de Chapultepec. Aunque mis papás insisten en que me llevaron cuando era niña, la verdad, no me acuerdo. Y las veces que he ido de adulta, por alguna extraña razón, no he podido ver al famoso panda. Entonces este era mi primer encuentro con las simpáticas criaturas.

Este Centro de investigación y cría de pandas data de 1987 y se encuentra en perfectas condiciones. Está diseñado además como un parque, para que los visitantes puedan avanzar por senderos designados, rodeados de abundante bambú y otras plantas, que hacen el ambiente aún más húmedo (si es eso posible en un día de lluvia) y cálido. Los pandas no están en jaulas, sino en áreas abiertas, separadas de la gente por una especie de zanja y luego por una barrera de troncos. Es prácticamente imposible que la gente se acerque demasiado, o que los pandas salten la cerca, porque para ello tendrían que caer en la zanja.

Lo que nosotros vemos es tan sólo una pequeña parte de lo que es este lugar. Nosotros no podemos ver a los criadores trabajando con los pandas bebés y adultos, antes de trasladarlos a sus habitats. Pero tenemos acceso a zonas como el área de pandas adultos, el área de pandas rojos, la zona de pandas sub-adultos y podemos asomarnos a traves de un grueso cristal al área de maternidad, donde están los pandas recién nacidos.

Pero, ¿por qué es necesario que los pandas sean tratados de esta manera, como reyes entre todos los animales? Pues porque están en peligro de extinción. Cierto, no son la única especie que lo está, pero si es una de las especies más comercializables, y como diría Cristina Pacheco, “aquí les tocó vivir”, en el país con más mercancías por metro cuadrado.

Los pandas tienen la caracteristica de ser muy tiernos de aspecto, como osos de peluche, y la naturaleza los dotó de una pigmentación que los hace parecer dulces y simpáticos. Esto, aunado a las habilidades de los chinos para fabricar cuanta chuchería uno pueda imaginarse, da como resultado un tremendo aparato comercial ligado a la singular criatura.

Los pandas están amenazados porque, si bien ahora los cuidan como a la niña de sus ojos, en años anteriores, los chinos no tuvieron empacho en servirse con la cuchara grande del hábitat natural de los pandas, y destrueyeron buena parte de él para asentar ciudades, industrias, caminos, fábricas y otras infraestructuras. Pero eso es sólo una parte. La otra parte de su amenaza se debe a ellos mismos.

Las hembras de panda son fértiles durante un periodo muy corto cada año, y los machos no tienen un apetito sexual muy desarrollado, lo que hace que puedan pasar años y felices días sin procrear. Lo que hacen en este centro, entre otras cosas, es inseminar artificialmente a las pandas hembras para que la especie siga existiendo.

Panda en chino se dice “daxiongmao”, pero eso es reciente. En el pequeño museo del parque se pueden apreciar documentos que datan de antiguas dinastías, donde se ve que los emperadores ya conocían a esta criatura y le daban otros nombres. De hecho, por eso es difícil saber bien a bien qué tanto interactuó el hombre con el panda en siglos anteriores, porque le daban otro nombre, como por ejemplo: mo o pixiu. Y si bien el bambú aparece en las caligrafías desde chinas más antiguas, el panda no aparece en pinturas antiguas.

Cuando los occidentales se enteraron de la existencia del panda, también se sintieron fascinados por la criaturita simpática, incluso, una socialité de principios de siglo 20 se llevó un cachorro de panda vivo a Estados Unidos. Después hubo guerras, conflictos, crímenes y barbaries y nadie tenía tiempo como para acordarse del panda. Fue hasta los años 70 que el Partido Comunista de China empezó a regalar panditas a otros países como muestra de amistad, eran tan cute, que se convirtieron en un emblema de la diplomacia china, y comenzó la era de la llamada “diplomacia panda”.

Al principio China los regalaba, luego se dio cuenta de que no era negocio, y los prestaba en términos de 10 años y cobraba una cuota que podía llegar al millón dólares por año, y si nacía un pandita en otro país, era de China. Ya luego comenzaron las investigaciones y regulaciones más series, y el mundo se dio cuenta de que el panda no estaba como para hacer negocio con él, porque estaba en peligro de extinción. Y comenzaron tratados de otra índole para que pandas chinos fueran a dar a zoológicos de todo el mundo.

No deja de resultar curioso que con lo poco que le importan a China los temas ambientales, se esfuerce tanto en la conservación del panda. Pero, lo que sea de cada quien, el animalito lo vale, es tremendamente tierno y ... simpático. Sea cual fuere el motivo, esperemos que nos quede panda para rato.

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