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Arrival: el miedo a la otredad

Sin quererlo, Arrival proyecta el sentimiento general de la humanidad: el miedo ha ganado, y solo nos queda esperar a que la oscuridad no dure mucho.
11/11/2016
09:06
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Hollywood nos tiene cuasi condicionados a pensar que el cine de invasión extraterrestre es sinónimo inmediato de efectos especiales, sofisticadas naves, explosiones, ciudades destruidas, pánico y gente corriendo despavorida.

Lo primero que sorprende de Arrival, octavo largometraje del canadiense Denis Villeneuve, es cómo la cinta se despoja de todos los artificios propios de un film hollywoodense. Su economía de recursos es abrumadora y hasta extraña por lo efectiva que puede ser. Villeneuve es capaz de generar toda una atmósfera que transmite miedo, tensión y suspenso durante los primeros 20 minutos de metraje, sin recurrir a una sola toma de CGI. Sorprendente.

Esto no es menor viniendo de Villeneuve, un director que en sus primeros dos hits -Incendies (2010) y Prisoners (2013)- mostraba temas pretendidamente escabrosos pero al que siempre le costaba trabajo recorrer la última milla, cerrando aquellas dos cintas de una manera complaciente y tersa con el público.

Villeneuve sin duda ha madurado. En su filme anterior, Sicario (2015), finamente va por todas las canicas, consecuente con su historia, cierra su relato sobre narcotráfico sin una pizca de esperanza o aliento. Algunos dirán que su visión sobre el problema es ingenua, y probablemente tengan razón, pero ello no le quita un ápice de desaliento y pesadumbre a la inevitable conclusión de la misma.

Arrival es su mejor película hasta el momento. Elegante, bien armada, con el formalismo del mal llamado “Cine de Arte”, pero con la contundencia, la emoción y el asombro que provocan las películas de grandes presupuestos y efectos especiales.

Aquí hay ecos de Kubrick, Tarkovski, Spielberg, Bergman, e incluso podría decirse que hasta de Shyamalan (por cierto giro de tuerca sorprendente al final). Pero no estamos ante la clásica película que nos avienta en cara sus referencias, hasta en eso resultó sutil Villeneuve, no oculta sus influencias, pero tampoco hace alarde de ellas.

La trama es tan sencilla como el montaje de la misma; finalmente los extraterrestres llegan a la tierra, se estacionan en 12 lugares diferentes por todo el orbe en esta especie de naves que más bien parecen monolitos gigantes de piedra. Extrañamente todo sucede con una tensa calma, los aliens no salen de sus naves, no lanzan rayos, no se comunican ni abducen a nadie, pero ahí están, como una bomba que sabes que va en cuenta regresiva pero de la cual no puedes ver el contador.

Los gobiernos de todas las naciones donde estas naves han aterrizado se organizan y forman una coalición. El gobierno de EU contacta a la doctora Louise Banks (una muy convincente Amy Adams, con la nominación al Oscar ya en la bolsa) a quién le asignan la misión de comunicarse con los aliens para tratar de resolver la incógnita que tiene el mundo al vilo: ¿a qué vinieron?, ¿cuáles son sus intenciones?

La forma en cómo se comunicarán los humanos con los alienígenas es una hermosa metáfora de muchas cosas. En un cuarto absolutamente oscuro dentro de la nave, donde la gravedad es mínima, una pared blanca -cual pantalla de cine- será donde los aliens se hagan presentes. Es una reminiscencia a la caverna de Platón y una alegoría al miedo mismo: ese cuarto oscuro donde las verdades serán reveladas.

El miedo es el verdadero quid de esta película. El miedo a la otredad que te paraliza y te lleva a cometer cualquier tipo de idioteces. En algún punto de la cinta, el miedo se apoderará del mundo entero. La coalición de países estará rota. El milagro de la comunicación en aquella cueva oscura se romperá irremediablemente. La tristeza y el pánico llegarán tersa pero contundentemente. El miedo puede ganar.

Y es aquí donde te das cuenta que esta película llegó justo en el momento adecuado y a la vez demasiado tarde. El miedo no solo puede ganar, el miedo ganó el pasado martes, y la sensación de tristeza, pesadumbre, decepción por la humanidad, es la misma. Sin quererlo, Villeneuve proyectó en una cinta de ciencia ficción el sentimiento general de esta semana. El miedo a la otredad, al diferente, al que viene de fuera, ha ganado. Sólo queda esperar el milagro, el futuro, esperar que la oscuridad no dure mucho.

Alejandro
Crítico de cine con 9 años de experiencia profesional. Ha colaborado en revistas y periódicos como 24 Horas, Newsweek, Chilango, Quién, Esquire, Cambio, entre otros.

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