Comprar un auto usado en México se ha convertido en una alternativa accesible frente al alto costo de los vehículos nuevos; sin embargo, hacerlo fuera de canales formales implica riesgos que van más allá de lo financiero, en un contexto marcado por altos niveles de robo vehicular y fraude.
En el país se roban más de 160 vehículos al día —alrededor de 58 mil unidades al año— de acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros. No obstante, estimaciones basadas en registros oficiales, como los del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, elevan la cifra a más de 100 mil vehículos robados anualmente, lo que refleja diferencias en la medición y posibles niveles de subregistro.
Especialistas en seguridad y organismos del sector asegurador advierten que una parte de estos vehículos robados es reintroducida al mercado a través de esquemas irregulares. Esto puede ocurrir mediante la venta de autopartes o la comercialización de unidades con documentación alterada, una práctica identificada por instancias como la Oficina Coordinadora de Riesgos Asegurados.

En este contexto, el mercado informal de autos usados se convierte en un punto crítico. La falta de controles, verificación documental y mecanismos de protección facilita la circulación de unidades con antecedentes de robo, adeudos o irregularidades legales, lo que incrementa significativamente el riesgo para los compradores.
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A diferencia de los canales formales, en el mercado informal no existen mecanismos claros de protección para el comprador. La transacción suele depender únicamente de la confianza entre particulares, lo que abre la puerta a múltiples prácticas de riesgo.
Entre los problemas más frecuentes destacan la venta de vehículos con adeudos, unidades con fallas mecánicas ocultas o incluso autos que han sido remarcados para ocultar su identidad original. A esto se suma la falsificación de documentos, como facturas o tarjetas de circulación, que pueden parecer legítimos a simple vista, pero que no resisten una verificación detallada.
Además, muchas operaciones se realizan en efectivo y sin contratos formales, lo que deja al comprador en una posición vulnerable en caso de detectar irregularidades después de la compra.
Los fraudes en la compra de autos usados suelen seguir patrones similares y, en muchos casos, combinan distintos tipos de riesgo para el comprador. Uno de los principales ganchos es el precio: ofertas significativamente por debajo del valor de mercado que buscan generar urgencia y reducir el margen de verificación.
Detrás de estas operaciones pueden identificarse al menos tres tipos de riesgos. En el ámbito financiero, se han documentado casos de pagos con cheques sin fondos, uso de billetes falsos o comprobantes de transferencias apócrifos, lo que deja al vendedor o comprador sin posibilidad de recuperar el dinero.
A esto se suman riesgos en materia de seguridad. Algunas transacciones derivan en robos con violencia, intimidación o incluso secuestros exprés, especialmente cuando las citas se realizan en lugares aislados o sin protocolos mínimos de protección.
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En el plano vehicular, las irregularidades incluyen unidades con vicios ocultos, adeudos pendientes o incluso vehículos vinculados a carpetas de investigación. En estos casos, los compradores pueden perder tanto el automóvil como el dinero invertido si la unidad es asegurada por las autoridades.
También es común que los vendedores presionen para cerrar la operación rápidamente o eviten proporcionar información completa sobre el vehículo. La negativa a permitir revisiones mecánicas independientes o a verificar el estatus legal de la unidad es otra señal de alerta.
Especialistas advierten que los esquemas de fraude en la compra de autos usados evolucionan constantemente y, en muchos casos, avanzan más rápido que las herramientas tecnológicas diseñadas para detectarlos.
En los últimos años han surgido nuevas modalidades vinculadas al uso de herramientas digitales. Entre ellas destacan la suplantación de identidad en plataformas de compraventa, el uso de comprobantes de transferencia falsificados generados con aplicaciones, así como la clonación de anuncios legítimos para atraer compradores a operaciones inexistentes.
También se han documentado casos en los que los delincuentes utilizan datos reales de vehículos en regla para “respaldar” unidades con irregularidades, lo que dificulta detectar inconsistencias en una revisión superficial.
Este tipo de prácticas refleja cómo el fraude no solo se mantiene vigente, sino que se adapta rápidamente a los cambios tecnológicos y a los mecanismos de verificación implementados por autoridades y plataformas.
El crecimiento del mercado informal de autos usados no solo afecta a quienes adquieren un vehículo en estas condiciones. También tiene implicaciones en materia de seguridad pública y en la economía formal.
La circulación de autos irregulares dificulta el rastreo de unidades robadas y fomenta la operación de redes ilícitas. Asimismo, genera competencia desleal frente a empresas que cumplen con regulaciones, procesos de verificación y pago de impuestos.
Ante este escenario, especialistas recomiendan optar por canales que ofrezcan mayor transparencia y respaldo en la compra. En los últimos años han surgido plataformas digitales como Kavak, que buscan reducir estos riesgos mediante procesos de inspección, validación documental e historial del vehículo, lo que permite a los compradores tener mayor certeza sobre el estado y origen del automóvil.
Esta transformación responde a un cambio más amplio dentro del sector. De acuerdo con Saúl Crespo Laborem, vicepresidente de Asuntos Públicos de Kavak, el mercado comienza a evolucionar hacia esquemas más formales:
“El mercado de autos usados en México históricamente ha operado con altos niveles de informalidad. Lo que estamos construyendo en Kavak representa la transición hacia un modelo más estructurado, donde la transparencia, la trazabilidad y los procesos que nos permite desarrollar la tecnología y la IA empiezan a convertirse en el nuevo estándar”
Si bien esta evolución no elimina por completo las fricciones de un segmento naturalmente complejo, sí representa una alternativa frente a los riesgos y la opacidad que han caracterizado al mercado informal.
Antes de tomar una decisión, expertos sugieren realizar una serie de verificaciones básicas:
Estas medidas pueden reducir significativamente la probabilidad de fraude.
Aunque el precio suele ser el principal factor al momento de comprar un auto usado, especialistas coinciden en que priorizar únicamente el costo puede derivar en consecuencias más costosas a largo plazo.
En un mercado donde la informalidad sigue siendo una constante, contar con información, verificar cada detalle y optar por canales más seguros se vuelve clave para evitar riesgos. La compra de un vehículo no solo implica una inversión económica relevante, sino también una decisión que puede impactar la seguridad y estabilidad financiera de los compradores.
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