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Algunas opiniones del regreso a clases

Sofía Gutiérrez Larios

Hoy se cumple una semana y media de haber arrancado el ciclo escolar, al menos en lo que a los niveles de educación obligatoria se refiere. Y vale la pena hacer debate sobre el estado de la educación en México, al ser éste un tema tan polémico recientemente. Yo deseo externar tres precisiones.

La primera es que el proceso de evaluación magisterial que trajo la Reforma Educativa no es completamente negativo y punitivo, como los medios de comunicación nos lo han hecho saber. De hecho, tiene una parte brillante: el Ingreso al Servicio Profesional Docente. Brillante, porque combate las prácticas de corrupción. Para obtener una plaza de maestro en Educación Básica y Media Superior, desde 2012 se requiere aprobar un examen, acabando así con la transmisión opaca de plazas que todos conocemos de antaño. Los más de 200 mil maestros que obtuvimos nuestra plaza por concurso de oposición este año, en mi caso en nivel primaria, nos sentimos orgullosos, llenos de energía y disposición para hacer el mejor papel que nos permita conservarla.

Ese proceso puede mejorarse, pero no puede venirse abajo. Nos estamos acercando a un magisterio más profesional, puesto que al menos, los que aspiramos a ser docentes debemos prepararnos en conocer los planes y programas de estudio que vamos a impartir en nuestros salones. De eso se trata todo el examen: de conocer el enfoque pedagógico que debemos poner en marcha. Además, en México la prueba aún es sencilla: basta con estudiar y comprender una bibliografía que la misma Secretaría de Educación oferta. Son bastantes documentos a leer, pero todos ellos mantienen la misma lógica y enfoque. A medida que vayamos avanzando, se tendrán que mejorar los mecanismos. En Francia, por ejemplo, se emplean dos pruebas de selección para acceder a una plaza docente: un examen escrito, compuesto sólo de preguntas abiertas y de pruebas de redacción; y un examen oral, en donde el aspirante debe presentar ante un jurado una secuencia didáctica diseñada por él mismo. A eso se le llama un mayor control de la aspiración y preparación para ejercer la docencia. Nosotros ya empezamos por algo, no dejemos que se derrumbe.

Mi segundo comentario es respecto a la reciente “re-aparición” de Elba Esther Gordillo. La semana pasada, la maestra pronunció un discurso incendiario, con tintes de resentimiento y de amenaza no sólo para el nuevo gobierno, sino para prácticamente todos los que se posicionen en contra de ella. Pareciera que trata de infundir temor entre la parte del magisterio que no comparta sus visiones, de manera que implícitamente, trata de someter a todos a que la sigamos. Sin embargo, primero quiero señalar que yo (y estoy segura que miles de maestros más) no estoy ni a su favor ni en su contra. Soy parte de una nueva generación de maestros que ya no compartimos su sentir, puesto que nosotros no fuimos “despojados de derechos”, como ella menciona. Los de reciente ingreso estamos comenzando con nuevas condiciones de trabajo, las cuales aceptamos por el principal motivo de que nos mueve la vocación. Incluso, un punto bastante positivo de la Reforma es que está alentando a que busquen el magisterio aquellos que en realidad sienten la vocación de ser maestro. Dado que cada vez se escucha más que las condiciones de acceso y permanencia son más complicadas, cada vez son menos los que se inscriben a Escuelas Normales.

El tercero y último de mis comentarios va en torno a algunos aspectos buenos y malos del llamado “Nuevo Modelo Educativo”, que entró parcialmente en vigor en este ciclo escolar. De la parte positiva, un punto relevante es la inclusión de la asignatura “Educación Socioemocional”, pues por fin se está reconociendo abiertamente que la razón no es la única vía de adquirir el conocimiento. Somos seres biopsicosociales; la parte afectiva y relacional tiene más peso de lo que imaginamos. Otro punto a su favor es que se reducen los periodos de evaluación: mientras antes existían 5 bimestres, ahora sólo existirán 3 trimestres. Esto es bueno porque reduce un gran enemigo de la enseñanza-aprendizaje: la carga administrativa para el docente. Al menos en lo que a evaluación se refiere, ahora habrá menos material que capturar, menos juntas a las cuales convocar, y más tiempo para la concentración en el aprendizaje de los alumnos.

Ahora bien, pasando a la parte obscura, un punto que debería ser bueno y que auguro que se convertirá en malo, es la inclusión de una nueva figura llamada “Clubes”. Esto se refiere a que cada escuela tendrá que incluir (dentro de su mismo horario) actividades adicionales a las asignaturas académicas, tales como danza, música, oratoria, huerto escolar, juegos tradicionales, etcétera. La idea en teoría es buena, puesto que para elegir dichos clubes, las escuelas deben tomar en consideración los intereses y realidades de los niños, y así ellos estarán más motivados. Pero se transforma en un aspecto negativo cuando no hay capacitación suficiente para llevarlos a cabo. Su operación se dejó a responsabilidad entera de los Consejos Técnicos Escolares (el órgano del personal de cada escuela que toma las decisiones académicas), y de esta manera se promueve la dispersión de objetivos e interpretaciones. Habría sido mucho más fructífero que desde el ciclo escolar pasado, las distintas Secretarías o Institutos de Educación de cada estado programaran un calendario para acudir a todas las zonas escolares y dar pautas concretas y bien ejemplificadas para la aplicación del club.

Y así, llegamos al verdadero problema de la educación en México: que carecemos de capacitación y supervisión suficiente para llevar a cabo los ambiciosos objetivos que nos proponemos. Ambiciosos pero posibles, cuando existe preparación y acompañamiento para la fundamental figura del Maestro. Invertir en docentes es invertir en aprender.

Ante algunos panoramas adversos, hay que mirar las alternativas que nos permitan afrontarlos. Los docentes contamos con los nuevos programas de estudio, que están muy bien explicados. Leámoslos para tener una idea más clara de a dónde debemos llegar. Padres y madres de familia: colaboren con los profesores, pues al tratarse de niños y adolescentes, la educación sólo está completa con la ayuda de la base familiar. Gobernantes: dejen de conflictuarse por el poder y empiecen a organizarse para hacer efectivas las promesas que ya plasmaron en letra. Si fuera así, ya no sería necesario hacer modificaciones abismales a los planteamientos educativos, que rompen con la dulce esperanza del seguimiento, y que nos cuestan a todos una fortuna.

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