Rezos de súplica frente a los alaridos

Mundo 03/11/2016 01:58 José Meléndez / corresponsal Corresponsal en Centroamérica Actualizada 01:58

Cuando los reclusos de los calabozos de El Chipote, centro de detención policial en Managua, oyeron los alaridos de dolor del costarricense José Daniel Gil Trejos al ser sometido a una nueva ronda de torturas propinada por los carceleros, reaccionaron con un mensaje inesperado. En forma simultánea, empezaron a rezar el Padre Nuestro pero a gritos, en una dramática súplica para que cesara la despiadada y feroz rutina de presidio.

Los verdugos ignoraron los rezos, aunque el acto sorpresivo de solidaridad de los otros presos forma parte de los recuerdos de Gil sobre su paso por El Chipote, donde estuvo detenido del 26 de mayo al 7 de agosto de 2015 para ser extraditado a México por un litigio comercial.

El 21 de julio de 2015 ante una autoridad consular de Costa Rica en Nicaragua, y aún preso, Gil rindió una declaración de la que EL UNIVERSAL tiene copia en la que evitó denunciar tortura física y sólo denunció la sicológica por ser costarricense. Contó que estaba en una celda “sin iluminación ni ventilación adecuadas, sin poder salir de ésta ni un minuto al día, mucho menos estar al sol”.

Ya preso en México, y en otra declaración ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos de la que también este diario tiene copia, Gil reveló que en su primera noche en El Chipote “me trasladaron a un calabozo completamente desnudo y fui esposado en ambas manos y colgado por los brazos mientras permanecía de pie sobre un banco de madera. Fui torturado por espacio de unas dos horas golpeándome en mi cabeza, estómago y costado; también amenazaron con darme choques eléctricos en los testículos”, relató.

Sindicalistas que estuvieron 72 días en El Chipote dijeron haber sido obligados a ingerir somníferos e interrogados estando aún bajo los efectos del somnífero, así como haber sido víctimas de tortura sicológicas.

Ante los testimonios, el (no estatal) Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH) concluyó en un informe entregado a este periódico que las celdas de El Chipote “son un símbolo de represión” de la policía y “funcionan al margen de cualquier control de legalidad”.

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