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Boko Haram, un legado de horror

Salta Bintou Hassan tiene 11 años. Perdió su brazo en un ataque suicida perpetrado por Boko Haram en Bagasola, Chad, en octubre de 2015 (CORTESÍA DE UNICEF)
Mundo 01/05/2016 01:50 Inder Bugarin / Corresponsal Actualizada 15:50
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La violencia registrada contra la infancia en zonas de conflicto ha escalado a un punto que supera los niveles de crueldad anteriormente vistos por la humanidad, denuncia el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Las tácticas militares asimétricas utilizadas por el grupo islamista Boko Haram en su campaña de terror ejercida contra cuatro naciones del continente africano (Nigeria, Camerún, Chad y Níger), han evolucionado a tal nivel que los niños además de ser empleados como combatientes son usados como “armas de guerra”.

“Estamos ante una crisis extremadamente grave, el mundo tiene que tomar conciencia de lo que está pasando en una de las regiones más pobres del mundo”, afirma a EL UNIVERSAL Laurent Duvillier, quien desde hace ocho años trabaja para UNICEF en las zonas africanas golpeadas por la brutal insurgencia. “No son incidentes aislados, es una táctica recurrente, contagiosa y que se expande de manera acelerada”.

El uso de niños kamikaze fue identificado por primera vez en 2014 en los pueblos nigerianos aterrorizados por Boko Haram, un grupo que ha existido en distintas formas desde los 90, que busca imponer su doctrina fundamentalista islámica y que actualmente se encuentra bajo el mando de Abubakar Shekau.

Desde entonces, el número de incidentes ha crecido a niveles de alarma: Boko Haram utilizó menores en más de la mitad de los ataques suicidas perpetrados ese año, 78 en total, de acuerdo con la base de datos de Nigeria Security Tracker.

“No sólo nos preocupa el aumento exponencial de niños utilizados en ataques suicidas, también el número de países afectados. Esa tendencia que afectó en un inicio sólo a Nigeria, hoy también se registra dramáticamente en países como Camerún y Chad”, sostiene Duvillier.

Las víctimas tienen entre 8 y 18 años de edad, tres cuartos son mujeres y tienen dos tipos de antecedentes: uno de ellos son los secuestrados, como fue el caso de las 276 jóvenes estudiantes llevadas a la fuerza la noche del 14 y 15 de abril de 2014 del Instituto de Chibok, al noreste de Nigeria. Aún se desconoce el paradero de algo más de 200. El otro corresponde a niños raptados, principalmente menores extraviados y que viven solos en campamentos de desplazados.

El experto descarta que el empleo de niños en las acciones violentas contra cristianos, cuerpos de seguridad, medios de comunicación, escuelas y la población en general, haya alcanzado su pico. Naciones Unidas calcula que Boko Haram ha secuestrado a unas 2 mil mujeres de todas las edades en los últimos años, y el nivel de vulnerabilidad aumenta constantemente.

Antes del estallido de la espiral de violencia en 2009, los cuatro países afectados tenían la tasa de niños fuera de la escuela más alta del mundo: 11 millones; en la actualidad, la cifra se ha multiplicado por el cierre de unas mil 800 escuelas a causa del conflicto, sostiene Unicef.

El investigador belga, Duvillier, afirma que la educación es clave para romper el círculo vicioso de la pobreza, exclusión y la discriminación, y advierte que de no intervenir, no sólo la región seguirá siendo terreno fértil para el reclutamiento yihadista, sino que África habrá perdido a toda una generación.

“El caso de las niñas de Chibok conmocionó al mundo entero. Dos años después del movimiento de solidaridad provocado por aquella tragedia, UNICEF no ha recibido más del 12% de los fondos que necesitamos para brindar apoyo a 1.3 millones de niños desplazados por Boko Haram”, denuncia.

“A pesar de los esfuerzos realizados por los países afectados, siguen siendo insuficientes. Lo que hace falta es un compromiso más fuerte de los países occidentales. Lamentablemente hasta ahora no lo vemos”.

Táctica de odio

En la actualidad unos 250 mil niños son forzados a prestar servicios como soldados, aunque su utilización difiere de una a otra agrupación bélica y de un país a otro, desde Líbano y Colombia, hasta Sudán y Sir Lanka, sostiene la organización War Child.

“El uso de niños por parte del Estado Islámico es diferente al que le dan los grupos del este del Congo”, explica a este diario Peter Schouten, experto de War Child.

“Esto se debe a que hay diferencias culturales, la naturaleza de los conflictos es distinta y el tipo de función que deben desempeñar de un conflicto a otro es igualmente diferente”.

Por ejemplo, en Siria hay casos en que el uso de los niños es ideológico, existe complicidad de padres y comunidades, y una connotación de mártir, mientras que en Nigeria se da en un contexto de instrumentalización y como parte de una estrategia perversa, asegura Duvillier, experto en África Occidental y Central.

“¿Por qué utilizan niñas? Todo es parte de una táctica de odio. Bajo la mente de Boko Haram el uso de niñas les permite llegar al corazón de la comunidad para aumentar el número de víctimas, porque quién podría imaginar que una niña de 8 años tiene alrededor de su cintura explosivos y en unos cuantos segundos se convertirá en la persona que mata a su familia”.

“Este es el problema más grave que vemos. Ya lo estamos viendo en muchas comunidades, muchos niños ya no son vistos como lo que son, un niño, sino como una amenaza potencial para su seguridad. Estamos ante una táctica horrorosa pero que lamentablemente ha resultado ser muy efectiva”.

Otro motivo por el cual utilizan mujeres es el hecho de que muchas están dispuestas a hacer lo que les pidan a cambio de liberarse de la esclavitud sexual a la que están sometidas. “Además muchas veces no se dan cuenta que lo que tienen en su cintura es una carga explosiva, no hay que olvidar que son personas con muy bajo nivel de educación. Sólo les dicen: 've en esta dirección' y luego las hacen explotar”.

¿Señal de desesperación?

El empleo de infantes como armas de guerra podría ser una señal de desesperación del grupo yihadista ante la ofensiva conjunta emprendida desde febrero de 2015 por los ejércitos de Nigeria, Camerún, Chad y Níger. Las intervenciones realizadas en los últimos meses contra una decena de campamentos insurgentes ha permitido el rescate de más de 680 mujeres y niños en manos de Boko Haram.

“Lamentablemente, la pesadilla de las víctimas no termina con haber sido liberadas de los islamistas. Cuando regresan a casa son rechazadas por sus padres, sus familias y la comunidad”, afirma Duvillier. Tal es el caso de una niña que UNICEF identifica, por cuestiones de seguridad, como Khadija. La joven de 17 años, originaria de Camerún, fue separada de su madre por la yihad cuando se encontraba en el poblado de Banki, Nigeria. Durante su cautiverio, fue violada de manera repetida y quedó embarazada. Luego de ser liberada por el ejercito nigeriano llegó al campamento de refugiados de Dalori, donde es marginada junto con su hijo por otras mujeres que le gritan: “No te acerques, eres hija de Boko Haram”.

“Estamos ante un escenario muy peligroso, porque si Boko Haram logra separar a las familias de sus hijos, entonces estaríamos ante la victoria final [del grupo islamista]: destruir desde el interior lo más sagrado de la mentalidad africana, que es la comunidad y la familia”.

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