Recientemente, The Economist publicó un interesante artículo en el que se muestran los importantes avances logrados en la enseñanza educativa gracias a la tecnología. La publicación señala que dichos avances beneficiarían particularmente a países en vías de desarrollo, por lo que no pude dejar de pensar en México.

Nadie pone en duda el importante papel que tiene la educación en el desarrollo de una sociedad, y cada vez estoy más convencido de que es el instrumento más eficaz para combatir la pobreza y propiciar una mayor movilidad social. Sólo con una educación de calidad y bien adaptada a los nuevos tiempos, las personas y las familias podrán prosperar. Y por lo mismo, el sistema educativo debe ser la base de cualquier país desarrollado.

Lamentablemente, tampoco hay duda de los rezagos y grandes retos que enfrenta el sistema educativo mexicano. Cada nueva evaluación PISA en la que participamos, se desarrolla sin novedad, siguiendo en los últimos puestos en calidad educativa. Esta evaluación internacional de alumnos realizada cada tres años, es el programa más reconocido en su tipo y mide las habilidades en ciencias, matemáticas y lectura de los estudiantes que están a punto de acabar su educación obligatoria. En su edición 2015, solo el 1% de los estudiantes mexicanos que tomaron la prueba obtuvo un resultado satisfactorio. En habilidades de lectura, el 42% de ellos no tuvo una comprensión mínima de lo que estaba leyendo.

Por otro lado, el Foro Económico Mundial en su Índice de Competitividad Global 2017-2018 reafirmó estos resultados, al colocarnos en el lugar 102 de 137 países en el rubro de calidad de la educación. Además, justo en el momento en el que parecía que se alineaban los esfuerzos para revertir esta situación, nos amenaza la sombra de la incertidumbre ante una posible nueva reforma educativa.

En nuestro país al igual que en muchos otros, y como se señala en el artículo que comento, hemos construido un enorme sistema educativo que es lento al cambio, cerrado a la creatividad y a la innovación, incapaz de moverse a la velocidad que lo hace el mundo; donde prevalecen los intereses de una minoría y donde el gobierno parece no tener el control de lo que sucede. En consecuencia, no estamos preparando a las nuevas generaciones para los retos actuales y se nos puede ir la oportunidad, una vez más, de ser parte de la creación del futuro de la humanidad.

Según datos del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, el sistema educativo mexicano dedica el 85% de su presupuesto asignado al pago de nóminas de los docentes, y si sumamos a toda la burocracia educativa, asciende a casi el 90%, dejando totalmente de lado la evaluación, formación y desarrollo de los profesores. Esto conlleva que solo el 1.4% del total del profesorado en México tomó algún curso de formación continua durante el 2018, atendiendo a los datos arrojados por una investigación de Mexicanos Primero. La misma investigación señala que solo el 65.5% del nuevo personal que ingresó como docente a educación básica en el mismo periodo, obtuvo el nivel idóneo.

Como en muchos otros temas, parece que la educación en México es diferente de acuerdo a la región del país en la que te encuentres. Mexicanos Primero elaboró un ranking con 13 indicadores que permiten comparar entre los estados los avances alcanzados para garantizar una educación de calidad. Coahuila, Ciudad de México y Puebla se colocan a la cabeza, mientras que Oaxaca, Michoacán y Chiapas se encuentran hasta el final.

En este sentido, en la Ciudad de México el promedio de profesores por escuela es de casi 11, pero en Oaxaca es de 0.89. Si bien la densidad de alumnos por escuela varía entre la Ciudad de México y Oaxaca, lo cierto es que los estados que reportan mejores indicadores en educación también son los que se han desarrollado de manera más acelerada. Luis de la Calle, en el libro “Y ahora qué”, compara estas cifras con nuestro vecino del norte; en Estados Unidos hay 19.3 maestros por escuela.

Entonces, podemos sacar algunas conclusiones. Es evidente que la calidad de la educación en México es distinta en cada entidad federativa. Esto obedece a la realidad económica y social del país. Por otro lado, contamos con maestros con bajo o nulo nivel de capacitación continua, que a menudo son insuficientes para cubrir todas las regiones del país y que muchas veces están más pendientes de asuntos administrativos y burocráticos que de acciones sustantivas orientadas a mejor la calidad educativa en las aulas. Esto lo confirma una investigación emprendida por el Banco Mundial citada por The Economist.

Estos retos que enfrenta el sistema educativo en México es precisamente la parte toral del diagnóstico que se hizo para emprender la reforma educativa en la administración pasada. Por ello la importancia de seguir centrando nuestros esfuerzos en preparar de la mejor forma posible a nuestros maestros y maestras, invertir en infraestructura de vanguardia y llevar a cabo un proceso de enseñanza-aprendizaje con los alumnos orientados a la innovación y el emprendimiento, que les permitan estar plenamente preparados para afrontar con éxito los retos laborales y sociales de los próximos 10, 20 y 50 años.

Actualmente se debe transitar hacia un sistema que certifique capacidades y habilidades. Lo importante debe ser cuánto sabes, tu capacidad de aprendizaje y tu motivación para mantener una educación continua, y no los años que te quedas en la escuela. Ante este reto, la tecnología permitiría que cada estudiante avance a su propio ritmo, que adquiera las nuevas capacidades y habilidades requeridas por el mundo actual y que demuestre el dominio de dicho conocimiento mediante su aplicación; y no mediante la obtención de títulos, los cuales no reflejan, en muchas ocasiones, las capacidades de las personas.

Muchos expertos señalan que la tecnología educativa es el camino a seguir. Hoy la tecnología nos permitiría descentralizar los sistemas educativos, mejorar su calidad, aprovechar a los profesores con los que contamos, liberar recursos y poner fin a muchos de los problemas que enfrenta nuestro actual sistema educativo.

La investigación dirigida por el Banco Mundial consistió en impartir clases pregrabadas de forma digital a grupos pequeños de estudiantes, y se redirigieron recursos a otros rubros como alimentos, suplementos nutricionales e incentivos para maestros y alumnos. Los resultados fueron sorprendentes. Con una mínima inversión, 4 dólares por niño, se logró en un solo año, que un grupo de estudiantes de secundaria de África se pusiera a la par de sus homólogos en Estados Unidos.

La tecnología no es un sustituto para maestros bien calificados y motivados, no obstante, si se usa adecuadamente, puede ser una importante herramienta educativa. Esto de ninguna manera significa simplemente equipar a las escuelas con computadoras o tabletas, sino que implica proporcionar a las escuelas de programas que las niñas y los niños puedan usar con la ayuda mínima de un adulto; un software que facilite el acceso y la absorción de conocimiento, que se adapte a la capacidad del alumno y que envíe comentarios y sugerencias a los maestros. Iniciativas como Khan Academy son un ejemplo de que este tipo de educación no solo es viable, sino que es necesaria.

Los escépticos pueden dudar legítimamente sobre las capacidades de esta nueva forma de impartir educación. Pero no podemos ignorar el enorme éxito que han tenido en los últimos años varias de las mejores universidades del mundo que han abrazado los denominados MOOC´s, Massive Open Online Course, en español cursos en línea, masivos y abiertos, ofertados fuera de la escuela tradicional, sin requisitos de ingreso y a bajo costo, que poco a poco se han convertido en el nuevo referente de la educación superior, gracias a que, entre otras cosas permiten el acceso universal al conocimiento de cualquier persona en el mundo.

Otros también podrán preguntarse si los lugares más pobres de México tienen la infraestructura necesaria. Pero dotar a las escuelas de lo necesario sería mucho más económico que mantener la estrategia actual. Si asumimos que los maestros de excelencia no abundan, mandarlos a lugares muy dispersos se vuelve materialmente imposible, pero lo que si podemos hacer es mandar a los mejores maestros del mundo a todas las escuelas por la vía digital, y de esta forma en el lugar más lejano del país, se puede tener acceso a la mejor educación del mundo.

El mayor problema como en muchas otras cosas, es el compromiso del gobierno. Según la experiencia del Banco Mundial, donde los gobiernos son entusiastas y generosos con el programa de tecnología educativa, las posibilidades de éxito son buenas. He aquí una oportunidad invaluable para que la nueva administración construya, sobre una educación de calidad, el México próspero, justo e incluyente al que aspiramos.

A pesar de que la mayoría de los niños de México van a la escuela, muchos de ellos no están aprendiendo lo necesario. Así que tenemos que cambiar la estrategia. Estoy consciente que la tecnología nunca va a sustituir a los buenos maestros, cuya principal tarea sería la de mantener motivados a los alumnos, pero invertir en tecnología educativa puede ser uno de los mayores aciertos que realicemos como país.

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