23 | FEB | 2019
FOTO: Lucía Godínez/EL UNIVERSAL.

El Teatro de las Artes, insuficiente

13/12/2016
00:23
Abida Ventura
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“Es nuestro derecho como artistas, convirtieron esto en una cosa política”, gritaba la fotógrafa Paulina Lavista detrás de un grupo de personas atoradas en uno de los pasillos donde el Estado Mayor Presidencial colocó arcos de seguridad para acceder al Teatro de las Artes en el Cenart.

Eran las 14:30 horas y en la sala donde se le rendiría homenaje al fallecido secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa, ya no cabía ni un alma. Creadores, trabajadores de la dependencia federal, incluso invitados cercanos a la familia intentaban por todos los medios entrar al Teatro. Ni la credencial de empleados en tal dependencia, la tarjeta de presentación, la carta de invitación membretada o firmada valió. El EMP tenía tomadas las entradas del recinto, incluso los accesos desde el estacionamiento.

Dicho operativo de seguridad desconcertó a más de uno de los asistentes que buscaban presenciar el evento de despedida de quien fuera el principal impulsor de este centro cultural en 1994. Varios de los invitados y miembros de la prensa comenzaron a llegar dos horas antes del evento. El río de gente aparecía por todos lados, algunos estaban extraviados entre la muchedumbre. El historiador Enrique Florescano caminaba confundido por los pasillos, preguntando a los reporteros por dónde era el acceso.

“En Bellas Artes hubiese sido todo más accesible, de cuerpo presente, para que todos fuéramos a rendirle homenaje… Los personajes de la cultura no pueden entrar. Esto es ridículo”, dijo indignada Lavista. Junto a ella, personajes de la cultura como Patricia Ortiz Monasterio y Marisa Gimenéz Cacho seguían detenidas.

Ante el cupo lleno en el Teatro de las Artes, los invitados y miembros de la prensa que no tuvieron acceso fueron colocados en el Auditorio Blas Galindo. Ahí, desde una pantalla, pudieron presenciar el evento. En silencio, siguieron cada uno de los discursos. En un extremo de la sala estaban sentados el director del Museo Nacional de Antropología, Antonio Saborit, y el director de la Cineteca Nacional, Alejandro Pelayo, atentos a la transmisión. Una vez concluida la primera guardia, comenzaron a salir de la sala. Sobre la avenida Río Churubusco, transeúntes se detenían a ver el movimiento y seguían la transmisión en la pantalla colocada en la explanada.

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