Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las mujeres

Los homicidios dolosos de mujeres, así como los feminicidios, ocurren todos los días, prácticamente en todo el país. Las víctimas son niñas, adolescentes, mujeres de todas las edades y en las más diversas circunstancias.

A fuerza de toparse con noticias estremecedoras, indignantes, dolorosas, pareciera que buscamos el remedio de la piel gruesa y el corazón frío, como si negando la realidad y minimizándola pudiéramos escapar de ella o desaparecerla. Pero la única opción válida es reconocer la realidad y enfrentarla. Solucionarla.

Cada día mueren por violencia 10 mujeres en el país. A veces el promedio sube a 11 o baja a nueve. En cualquier caso, es inaceptable. Llevamos más de 15 años contando esta violencia homicida de género.

Dolorosos e indignantes son los dos extremos de esta violencia criminal: el primero es el feminicidio, que mata a una mujer precisamente por serlo: violencia de género, de sexo, de machismo o misoginia; el segundo es el homicidio doloso en contra de mujeres porque no importa que lo sean; crímenes que en algún tiempo no se ejecutaban en las actuales proporciones porque sólo se mataba a los hombres; hoy no importa: se mata a mujeres porque se resistieron al asalto, porque estaban en el lugar de la masacre, porque la venganza ya incluye a familias enteras.

Por eso los asesinos de una familia en San Francisco del Rincón, Guanajuato, mataron a tres mujeres adolescentes de 13, 15 y 17 años el pasado 23 de octubre. Y en noviembre, en Apaseo El Grande, los atacantes de un bar mataron a nueve personas, entre ellas cuatro mujeres. Dos ejemplos solamente.

Entre alrededor de tres mil casos, en este año han privado de la vida a Nicole, de 7 años, en Hidalgo; a Wendy y a Maricela, ambas de 16 años, una en el Estado de México y otra en la alcaldía Cuauhtémoc en la Ciudad de México.

Inaceptables son los crímenes contra las vidas de Debanhi Susana, de 18 años, en Nuevo León; Lidia Gabriela, de 23 años, en CDMX; Nayeli, 25 años, en Villa de Pozos, San Luis Potosí; Ariadna Fernanda, de 27 años, también en la capital; y de Karla, de 29 años, en Quintana Roo.

Lamentables las pérdidas de Mónica Citlalli, de 30 años, en Ecatepec; Jacqueline, de 35 años, en la Condesa, CDMX; de Ivonne Gallegos, 40 años, en Oaxaca; de Liliana Cristina, de 46 años, en el Puerto de Veracruz; de Sandra, de 43 años, en Milpa Alta; y de Carmen, de 80 años, atacada en su casa de la colonia Las Caballerizas en Veracruz.

Como en una pesadilla interminable se hallan cadáveres en casas, predios, playas, cisternas, autopistas, carreteras, presas, canales de aguas negras, cuartos de servicio.

Escribirlo y leerlo duele, molesta, incomoda. Por eso hay que escribirlo y leerlo. Para que no nos solape la indiferencia ni nos acomodemos en la costumbre. Para que no sigamos actuando como si no nos persiguiera una década de al menos tres mil homicidios de mujeres por año y una impunidad de 95 por ciento.

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Secretario general de Servicios Administrativos del Senado y especialista en derechos humanos.
 @mfarahg




 

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