Una de las disputas más comunes entre aficionados de un mismo equipo, es la cantidad de años que cada uno ha sido fiel a sus colores, la cantidad unilateralmente medible de su propio sufrimiento, la desbordada que nadie más sintió de esa manera, la memorabilia fidedigna que se encuentra en su posesión y las experiencias vividas con alguna de las leyendas (vivas o muertas) que defendieron sus colores.

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En el estadio de Tigres existe una dinámica previa al inicio del partido que reta a la gente y, al ganador, lo eleva hasta el firmamento del orgullo eterno: El sonido local anuncia que se buscará, con las cámaras que aparecen en la pantalla, la camiseta más vieja de Tigres, entre los miles de asistentes. De inmediato, quienes creen que pueden competir, levantan los brazos, se ponen de pie, exhiben su playera y esperan a salir en la pantalla gigante. Se seleccionan tres finalistas y el resto de la afición presente decide quién es el ganador, en el entendido de que los espontáneos jueces en verdad son conocedores. Una vez que se decide el triunfador, se le entrega un kit completo de la última versión que la marca patrocinadora lanzó. Difícil explicar la alegría del que se impone.

Hoy en día, el ritual de acudir al estadio incluye vestir los colores del equipo que se apoya. Ir vestido de civil implica ser indiferente, y la indiferencia no cabe dentro del futbol. Tan extrañas, como las imágenes de futbolistas con zapatos negros o los porteros vestidos con el diseño de su elección, son las escenas de aficionados en Copas del Mundo sin la playera de su selección. Por lo mismo, la industria de los uniformes en cada equipo se volvió tan imprescindible como la necesidad de adquirirlos por sus hinchas, hoy convertidos —en buena medida— en clientes.

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Sólo que el cliente de esta nueva industria del futbol se inclina por lo más nuevo, por lo que acaba de lanzar la marca patrocinadora, pero el verdadero y fiel aficionado valora muchísimo más las camisetas antiguas, las que relatan partidos o campeonatos memorables, las que tienen siempre una historia atractiva y dramática que contar... Esas tienen un valor sentimental incalculable, que no solamente gana concursos en el estadio, sino que impregna el cuerpo y el corazón de orgullo; esas que, sin estar escrito, permiten leer en su pecho: “Ha valido la pena”.

Soy de un equipo que acude a más funerales que bautizos, de un equipo que del sufrimiento ha hecho su forma de vida, que orgullosamente quiere ser parte de una minoría, pero selecta, de un equipo que no tiene clientes ni atrae gente por moda, únicamente aficionados estoicos dispuestos a soportar y a celebrar poco, pero muy ruidoso. Soy de un equipo que, con la camiseta vieja o nueva, está lleno de personajes que gustan de entrar en la competencia por demostrar que apoyan al equipo desde hace más tiempo que su interlocutor. Soy extremadamente privilegiado por ser del Atlante.

¿Usted, qué tipo de seguidor es: del que tiene el último modelo o del que se siente orgulloso de portar el recuerdo de alguna lejana batalla?

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@felixatlante12 @felixunivision12

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