Estudiaba leyes y era caballeroso; eso le costó la vida

Alfredo Israel fue acribillado en un bar al intentar defender a una mujer que era sometida
Elementos de la Agencia de Investigación Criminal detuvieron a Óscar Antonio Gómez Sierra, alias El Negro, en Baja California Sur. (ESPECIAL)
11/11/2017
04:00
Justino Miranda / Corresponsal
Cuernavaca.
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Su paso como ayudante en los corporativos de abogados lo describe como un estudiante de Derecho con sed de aprender, con un futuro brillante. Su asesinato truncó el proyecto e indignó a la comunidad de litigantes, incluso al personal de los juzgados que lo describe como un estudiante educado, sin actitudes de prepotencia.

Así lo considera Monserrat Rivera, jefa del corporativo de abogados donde Alfredo Israel Hernández trabajó como ayudante antes de su asesinato la madrugada del 29 de septiembre en el bar Attico de Cuernavaca. En ese momento cursaba el octavo semestre de Derecho en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM).

“Era de esos muchachos que pisan los juzgados y se quieren comer el mundo. Preguntaba todo, era atento con las abogadas, educado y caballeroso. Lástima que su caballerosidad le haya costado la vida”, afirma la abogada.
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Alfredo fue acribillado en el bar Attico por un hombre identificado por la Fiscalía General del Estado (FGE) como Óscar Antonio Gómez Sierra, El Negro, u Óscar Antonio Muñoz Sierra, detenido ayer en San José del Cabo, Baja California Sur.

Un video tomado por las cámaras del negocio muestra cuando Alfredo interviene para defender a una mujer que era sometida con lujo de violencia por El Negro, quien en respuesta saca una pistola que lleva fajada a la cintura y dispara a mansalva contra el estudiante. Cuando la víctima cae al suelo, el pistolero patea el cuerpo y después un guardia de seguridad lo aleja y aparentemente le pide que se retire.

“La escena del crimen nos indignó, porque era un chico apegado, responsable y amable. Ese asesinato terminó con su proyecto de vida que era trabajar para un gran despacho; era tan responsable que decidimos darle los poderes en algunas empresas para que los representara”, dice su ex jefa Yazmín Villanueva.

En el despacho, subraya la representante principal, Monserrat Rivera, llegaba temprano porque los pasantes entran a las ocho de la mañana y salen a las tres de la tarde para ir a la escuela. Tenía unas materias en la mañana y por eso tuvo que salir del despacho, comenta.
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“Son chavos que tienen ganas de superarse. Le sufren porque hasta se les llama ‘pasa hambres’ pero demuestran gusto por la carrera”, afirma la abogada.

Alfredo tenía gusto por el derecho familiar, pero todavía era muy temprano para decidir la especialidad.

“Tenía sed de aprender y por eso estamos indignados por la forma en que lo mataron. Ni chance le dieron de defenderse. Me consta que era un buen muchacho. No era un malandrín, borracho, drogadicto o delincuente, eso me consta porque lo tuve en el despacho”, afirma la abogada Monserrat Rivera.

El caso de Alfredo lo lleva el abogado penalista Enrique Paredes Sotelo y para sus colegas hay confianza en que llegue a buen término por la experiencia; varios de ellos ofrecieron su ayuda para lograr la máxima pena contra el homicida.
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—¿Están satisfechos con la detención del presunto responsable?

“Pues no es para mí satisfacción. No le tengo que aplaudir a la policía porque es su obligación. Eso tenía que hacer desde que sucedió el homicidio y el presunto responsable no tenía por qué haber salido del bar. Para nosotros es indignante porque se tardaron mucho en detener al presunto autor material y consideramos que no es el único responsable, sino que también deben investigar al personal del bar que permitió que un hombre ingresara al antro con una pistola. Si lo hubieran impedido a lo mejor se hubieran agarrado a golpes y ya. Eso es lo más indignante”, dice la abogada.

Para sus compañeras de trabajo, Alfredo Israel era un joven caballeroso, responsable, sin antecedentes de problemas con sus jefes inmediatos y tampoco irresponsable con los casos que llevaba.

“Le decían El Fresita, pero en buen sentido, porque siempre andaba bien vestido, olía rico, traía buena ropa, era un junior por la forma en que se vestía, bien peinado, bañado, con buena ropa.

“Cuando me enteré [de su asesinato] sentí horrible. ‘Oiga, licenciada, ya vio quién era el chavo que mataron en el Attico?’, me dijeron, pero aunque quieras no te puedes meter al asunto por respeto a la familia de la víctima”, sostiene Monserrat.

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